En una declaración que debiera ser intolerable en una democracia funcional –que no es el caso de la democracia mexicana–, el presidente López Obrador adelantó que las jornadas electoral venideras –la de junio próximo y la del 2024–, “serán una paliza” de su partido.
Sin que le importen las reglas electorales y en abierta violación a la norma del INE, el Mandatario mexicano utilizó una parodia “beisbolera” para adelantar lo que todos saben en México: que veremos otro fraude de Estado como el ocurrido en junio del 2021.
Pero no solo será un nuevo fraude de las instituciones estatales sino que –en por lo menos cuatro de las seis entidades en juego–, el factor clave en los comicios del 2022 será el crimen organizado –aliado del Gobierno federal–; igual que ocurrió en Michoacán, Sinaloa, Sonora, Baja California, San Luis Potosí y Nuevo León, en la contienda del 2021.
Y es que en estados como Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Oaxaca –entre otros–, la verdadera fuerza electoral no será la del partido oficial, Morena, sino que ya se perfila con toda su influencia el poder de las bandas criminales que dominan “una tecnología criminal” para doblar la voluntad popular a favor de sus candidatos.
En efecto, nos referimos a la “moderna y sofisticada tecnología” de las bandas criminales llamada: “plata y/o el plomo”.
Y ay de aquel partido, candidato y ciudadano que no entienda el mensaje de los barones del crimen porque –igual que en los previos a la elección del 2021–, hoy pagará con la vida su rebeldía electoral.
Por eso, frente a la impronta presidencial de adelantar una supuesta “paliza” de Morena y sus candidatos en la contienda para renovar seis gobiernos estatales en junio próximo, aparecen las preguntas elementales.
¿Qué es, en realidad, lo que sabe el Presidente? ¿Por qué se atreve a tales pronósticos, cuando, en rigor debiera guardar silencio?
¿Qué trampas prepara AMLO desde Palacio? ¿Por qué el Presidente mexicano, el mismo que exigió que los gobiernos sacaran las manos de las elecciones, hoy mete las manos en los procesos electorales?
¿Por qué nadie es capaz de sancionar al Jefe del Gobierno quien de nueva cuenta violenta los tiempos y las formas electorales?
¿No habrá nadie, ninguna autoridad, partido o político, capaz de replicar a López Obrador con el clásico: “¡callate cha-chalaca!” por entrometerse en las elecciones de junio próximo?
Y es que a los ojos de todos vivimos la más lamentable degradación de la vida pública y política de la historia de México, en donde aquellos que se decían preclaros demócratas hoy pregonan la peor antidemocracia imaginables sin el menor pudor.
Vivimos la epidemia del Síndrome de Estocolmo, llevada al extremo de la destrucción de la democracia.
Es decir, las mujeres y los hombres dizque de la vieja izquierda hoy se han enamorado de sus verdugos: los hijos y herederos del viejo PRI –hijos como AMLO–, quienes han impuesto lo peor del viejo partido, a cambio de olvidar los elementales principios de la democracia.
Lo cierto es que podemos permitir que el ejército mafioso que amenaza con asumir las gemelas bastardas de la nueva cultura democrática mexicana: la amenaza de “la plata o el plomo” hoy promueve el cambio del voto.
¿Cuántos políticos, candidatos, gobernadores, líderes, servidores públicos, periodistas y ciudadanos se van a resistir a esa sútil exigencia de “plata o plomo” del crimen organizado?
No es ninguna novedad que los barones del crimen hoy estén metidos “hasta la médula” en las elecciones de Aguascaliente, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Oaxaca y Tamaulipas.
Y aquí denunciamos lo mismo que veremos en junio, desde hace por lo menos cinco años.
Nada de eso es novedad para los lectores del Itinerario Político. ¿Por qué?
Porque antes, durante y después la elección del 6 de junio del 2021, aquí se documentó lo que llamamos “una narco-elección” que llevó al poder a “narco-gobernadores”.
Al tiempo.
Más sobre esta sección Más en Nacional