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Grupo Zócalo
Publicado el martes, 14 de junio del 2022 a las 03:30
Ciudad de México.- El análisis de unos 150 cráneos mayas hallados en una cueva de Comalapa, en Chiapas, revela que pertenecieron a mujeres, hombres y niños decapitados y desprovistos de dientes para ser expuestos en un tzompantli, informa Javier Montes de Paz, investigador del Centro INAH Chiapas.
“ Era un altar no tanto para venerar, sino para mostrar al pueblo opositor”, destaca el especialista, y explica que durante las confrontaciones bélicas los enemigos eran capturados y sacrificados.
Tras decapitarles y extraerles las piezas dentales, les colocaban sobre una estructura de varas de madera alineadas, a manera de mesa, dentro de la cueva, características que hacen excepcional este tzompantli, el primero hallado en Chiapas y único en su tipo hasta ahora.
En un principio autoridades de la Procuraduría General del Estado de Chiapas confundieron la cueva con una narcofosa y retiraron el depósito de cráneos, que supusieron contemporáneos. Era el año 2012.
Una década y múltiples estudios después, el INAH presenta los primeros resultados que demuestran no solo la antigüedad de los restos óseos, de unos mil años, sino también la singularidad de los mismos.
“ Es un material muy importante para la historia antigua de México y muy interesante, porque no solamente es el hecho de ver cráneos, sino de contemplar lo que se plasma en estos, como la deformación craneana intencional, que fue uno de los elementos principales para determinar que se trataba de una cueva sagrada prehispánica”, indica en entrevista el antropólogo físico.
El cráneo de quienes estaban destinados a convertirse en guerreros se modificaba desde el nacimiento, pues la plasticidad ósea permitía modelarlo según la forma de la cabeza del jaguar -considerado una deidad-, e imprimirle ferocidad, explica.
“ Se deformaban la cabeza porque querían parecerse a ellos, tan es así que no solo practicaban esta modificación, sino que también hacían una cirugía para provocar el estrabismo, porque el jaguar tiene una vista estereoscópica.
“ La deformación ocurría principalmente entre los grupos guerreros o a los que estaban destinados a ser jefes militares, porque tenían que infundir temor al enemigo”, añade.
Para lograr la alteración craneana, que se conoce como tabular erecta, recurrían a un par de tablas de madera o de cerámica, muy delgadas, que sujetaban a la cabeza con bandas o vendas para fijarla. Años después -podían ser hasta cinco- conseguían su propósito.
A profundidad
Una vez cautivos los despojaban de esta ferocidad tan pacientemente forjada con un sacrificio ritual que incluía la decapitación y la extracción de dientes, aunque no se determina aún si estos se retiraron antes o después de la muerte, advierte Montes de Paz.
Es posible, dice, que se privara a los prisioneros de sus dientes porque se relacionaban con ferocidad o fuerza y al desprenderlos despojaban a los cautivos de la misma, señala al referir el limado dentario que también se practicaba para imitar el colmillo del jaguar.
La ausencia de dientes se había observado antes en dos cuevas de Chiapas: las Banquetas y Tapesco del Diablo.
La primera fue explorada por el INAH en los años 80, en el municipio de La Trinitaria, donde se recuperaron 124 cráneos que tampoco preservaban piezas dentales.
En Tapesco del Diablo, descubierta en 1993 por exploradores mexicanos y franceses en el municipio de Ocozocoautla se descubrieron cinco cráneos con la particularidad de haber sido colocados sobre un tapesco (emparrillado) de madera.
Las investigaciones del primer tzompantli hallado en Chiapas prosiguen. Los cráneos de los sacrificados, en su mayoría adultos de entre 20 y 55 años, aún tienen mucho que contar, anticipa Montes de Paz.
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