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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 22 de agosto del 2022 a las 04:09
Ciudad de México.-La civilización actual se comporta como un conjunto de células cancerígenas que se multiplican de manera anómala hasta devastar organismos, compara Omar Felipe Giraldo, autor, con Ingrid Toro, de Afectividad ambiental. Sensibilidad, Empatía y Estéticas del Habitar, ensayo que propone una revolución afectiva para enfrentar la catástrofe ambiental de nuestra era.
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Somos como células cancerígenas que crecemos y generamos hipertrofia del órgano, pero no nos basta con el órgano sobre el cual crecemos, sino que también nos trasladamos a otros lugares, como ocurre en la metástasis, y vamos a seguir creciendo en esos otros órganos. Es una metáfora del crecimiento de nuestra civilización”.
Es una civilización sustentada en un capitalismo que antepone el crecimiento, agrega.
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Siempre más: siempre todo más grande, más ostentoso, más producción, más rentabilidad, más tecnología. Siempre más y más”, explica en entrevista el académico de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Mérida de la UNAM.
Giraldo, quien se desempeñó como investigador en el Colegio de la Frontera Sur, aconseja una pausa y evaluar cuáles elementos requieren crecer.

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Seguramente la comunidad, sí. Saber qué otras cosas tendrían que crecer y qué otras tendríamos que eliminar implica una cualificación diferente de los fines de la sociedad para entender que, si seguimos por esta ruta, nuestro planeta dejará de ser habitable en 30 años. Lo dicen los científicos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático”, previene el también autor del libro Utopías en la era de la Supervivencia.
Comprender la condición metastásica del mundo supone entender también la necesidad de un acompasamiento con los ritmos de la vida, añade, y la apuesta por la frugalidad, la serenidad, la renuncia a la acumulación. Cifra la riqueza, en cambio, en las relaciones interpersonales y con el resto de los seres de la Tierra.
En el ensayo, publicado por El Colegio de la Frontera Sur y la Universidad Veracruzana, Giraldo y Toro proponen una “afectividad ambiental”: una revolución que sitúe en primer plano la sensibilidad, los sentimientos, las emociones, la estética y la empatía, contrapuesta al paradigma racionalista, pues postulan que no existe ningún pensamiento o conocimiento libre de sensibilidad y afectividad.
Al preguntársele qué les resulta más urgente eliminar, Giraldo comentó que “la misma idea de crecimiento, que está en el origen de nuestra forma de entender el mundo. La idea de que solamente acumulando, acaparando e incrementando podemos llegar a una condición en la que supuestamente la abundancia será repartida”.
Ya que “ese fue el origen de este crecimiento: la idea de crear riqueza porque partíamos de un mundo escaso, carente, y necesitábamos aumentar la producción de todo, para que algún día esa abundancia fuera bien repartida en el conjunto de la sociedad. Aumentó la productividad, pero no hubo reparto, sino concentración en pocas manos, y en lugar de abundancia para todos, hubo escasez de lo fundamental para vivir.
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Por eso tendríamos que eliminar la creencia de que el buen vivir consiste siempre en producir más, en incrementar todo, y más bien armonizarnos con los ciclos, hermanarnos con otros seres de la Tierra”, concluyó Giraldo, que propone un cambio.
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