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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 27 de agosto del 2022 a las 04:09
Ciudad de México.-A la celebración de los 100 años del muralismo mexicano, curiosamente, se suma el centenario de una de las muralistas más destacadas y prolíficas del país: Fanny Rabel (1922-2008).
No obstante, la pintora, grabadora e ilustradora de origen polaco, de cuyo nacimiento mañana se conmemora un siglo, no es una creadora precisamente referencial dentro del movimiento más importante de la plástica nacional.
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Haciendo una revisión de todas las mujeres muralistas en el siglo 20, siempre resaltan los nombres de Aurora Reyes o de Rina Lazo, y no se toma en cuenta a Fanny Rabel, que fue la que más hizo murales en esos momentos en los que era muy difícil para las mujeres treparse a un andamio”, resalta en entrevista Guillermina Guadarrama, historiadora de arte.
Desde su Sobrevivencia de un Pueblo por su Espíritu (1957), plasmado en el Centro Deportivo Israelita; la Ronda en el Tiempo (1964-1965), pintado en el Museo Nacional de Antropología, convocada por Pedro Ramírez Vázquez, o Hacia la salud (1982), legado al Hospital Infantil de México, por mencionar tan solo la mitad de su producción muralística.
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Todas son obras magníficas en las que, inspirada por varias de las preocupaciones que la aquejaban y que ya antes había tratado, Rabel realizó síntesis plenas de valores históricos y estéticos dignos de la más absoluta admiración”, apunta, por su parte, Dina Comisarenco, también historiadora del arte y coautora de Para participar en lo justo: Recuperando la Obra de Fanny Rabel (2013).
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El desconocimiento actual que la acompaña, o su imagen estereotipada como una pintora dedicada exclusivamente a representar la ternura infantil, o ligada irremediablemente con la así llamada Escuela Mexicana de Pintura, son más bien construcciones historiográficas posteriores que responden a distintos intereses extra-artísticos, y que definitivamente deben comenzar por fin a ser desmontados”.
Nacida en Lublin, Polonia, en el seno de una familia de actores judíos que viajaban por Europa, Fanny Rabinovich Duval llegó a México hacia 1938, y su interés en el arte era tal que muy pronto ya estaba formándose en la Escuela Nocturna para Trabajadores No. 1, con el pintor Santos Balmori, o colaborando con el equipo de David Alfaro Siqueiros, quien entonces pintaba Retrato de la burguesía en el Sindicato Mexicano de Electricistas.
Lo que aquí encontró, confesaría ella misma en una entrevista, parecía obligarla a manifestarse artísticamente. “Yo sentía que se había descubierto un pueblo para pintarlo, y que tal plasticidad a la vista no podíamos evitarla”. (REFORMA, 18/02/1998).
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(Fue) una gran muralista que se hizo mexicana porque quiso; se asumió como mexicana, le dolía lo que pasaba en el pueblo de México. Y sentía que el mural tenía que ser una tribuna para plantear esas situaciones”, considera Guadarrama, investigadora del Centro Nacional de Investigación y Documentación de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBA.
Su obra, añade Comisarenco, también investigadora del INBA, estuvo siempre centrada en la figura humana, convencida de que por medio de tal representación se podían expresar los ideales más dignos, pero también el horror más atroz del mundo moderno.
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A través de un espectro expresivo muy amplio, que abarca la ternura, pero también la crítica y la denuncia, así como el sentido del humor más agudo, Rabel creó una obra artística extraordinaria”, expresa, antes de referir el constante compromiso de la artista con las problemáticas más acuciantes de su época, “que tristemente siguen siendo las nuestras”.
Ya fuera la denuncia de la pobreza y la desigualdad; la migración forzada por motivos religiosos y económicos; la persecución y represión política; el horror de las guerras; la soledad y la incomunicación de las sociedades modernas; el crecimiento urbano desmedido sin consideración alguna por el cuidado del medio ambiente y la dignidad de las personas, o la propia burocracia.
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Lo que me conmueve es la melancolía, la pobreza, la ciudad que se ha convertido en una gran maquinaria que acaba con el hombre”, confiaría la creadora a este diario en el 98. “Para mí, lo más romántico eran las luchas populares”.
Sobre su inclinación hacia los muros, Comisarenco apuesta por la influencia que tuvo en una joven Rabel el Centro Escolar Revolución, que alberga la obra El ataque a la maestra rural (1936), de Aurora Reyes, el primer mural realizado por una artista mujer mexicana en el País.
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A mí me gusta pensar”, comparte la historiadora del arte, “que allí comenzó su amor por el muralismo, y su convicción de que también ella podía llegar a ser muralista”.
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Rabel fue más abierta, más despejada, más impulsiva o con más ganas de hacer cosas”, estima Guadarrama, quien ha analizado el papel de las mujeres en el muralismo mexicano y las causas que las llevaron a no figurar de la misma manera que los hombres.
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Vemos que destacan acá las norteamericanas, luego las españolas y las que van llegando de otros países, porque no traen toda esta cultura del sometimiento de la mujer hacia la familia y, sobre todo, hacia el esposo”.
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