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Publicado el jueves, 1 de septiembre del 2022 a las 03:30
Ciudad de México.- Vivian Gornick estaba en sus 30 y su segundo matrimonio se tambaleaba cuando sus editores en The Village Voice le dijeron:
“ Hay todas estas reuniones de mujeres liberacionistas en la calle. Queremos que salgas y escribas una historia sobre ellas”. Ella solo preguntó: “¿Qué es una mujer liberacionista?”.
La activista feminista, de 87 años, suelta una carcajada al relatarlo en entrevista. “Nunca había escuchado nada acerca de eso”.
Fue así como empezó a narrar en las páginas del semanario la creciente agitación del feminismo y entró en contacto con muchas mujeres que se volverían referentes de la lucha, como Kate Millet, Shulamith Firestone y Betty Friedan, autora del bestseller La mística de la feminidad.
“ Al escucharlas, de pronto sentí la explicación de mi vida entera”, asegura la autora de Cuentas pendientes, Apegos feroces, La mujer singular y la ciudad y Mirarse de frente, todas publicadas en español por Sexto Piso.〞
A una mujer no se le educaba para trabajar sino para casarse y tener hijos, pero al entrar en contacto con las feministas entendió que el trabajo “podía y debería ser” lo más importante en su vida. Hasta entonces no se había considerado a sí misma como una “trabajadora en serio”.
“ El feminismo, mi respuesta al feminismo y mi vida como periodista han ido de la mano, y quería escribir sobre eso. En The Village Voice gozaba de total libertad para escribir y quería escribir lo que sucedía en el mundo de las mujeres y, a la vez, me doy cuenta que me enseñé a escribir”.
Como autora, Gornick es pionera del ensayo personal, influida por el nuevo periodismo de Tom Wolfe, Norman Mailer, Joan Didion y Truman Capote.
“ Lo que yo hacía era usarme a mí misma; a donde fuera, al leer un libro, ver una película o tomando un café, veía sexismo en todas partes”.
Este martes, en la jornada inaugural de la Feria Internacional de las Universitarias y los Universitarios (Filuni) de la UNAM, Gornick eligió leer de su libro The Situation and the Story: The Art of Personal Narrative para hablar sobre la escritura de memorias.
En sus escritos se ha referido a la cuestión del “outsider”, la invisibilidad social como seres marginales.
Como hija de inmigrantes judíos ucranianos de clase trabajadora y comprometidos comunistas, Gornick no se sentía estadounidense. Era tan outsider como se puede ser.
“ Pero gracias al feminismo me sentí estadounidense. Pensé: la democracia me lo debe”. Una promesa de igualdad.
El levantamiento
De ojos vivaces y contagiosa vitalidad, Gornick se refiere a aquella revolución que propiciaron medio siglo después de que en 1920 se ganara el voto para las mujeres en Estados Unidos.
“ Fuimos revolucionarias, fuimos visionarias, planteamos la cuestión de los derechos de la mujer en un día histórico. Fue como si hubiéramos inventado la rueda, como una explosión”, evoca.
Gornick cree que lograron un cierto avance, pero no tanto como creían. El estallido del movimiento #MeToo en los Estados Unidos, 40 años después, con repercusión en otras latitudes del planeta, demostró el poco progreso logrado en las últimas décadas.
Y la misma apreciación aplica para México y Europa, donde hace un par de años le sorprendió escuchar de algunas mujeres que aún dependían de permisos de sus maridos.
“ El #MeToo ha hecho cobrar conciencia a las mujeres de qué poco se ha avanzado en 40 años; todo esto del acoso sexual en el trabajo representó un shock para mí. Dejé de prestarle atención porque pensé que era algo superado. °El acoso sexual en el trabajo ha sido ilegal desde hace 50 años y la ley nunca se ha aplicado!”, expresa.
Le resulta un tremendo golpe saber de los Harvey Weinstein en el mundo; CEOs, hombres poderosos en Hollywood y la televisión. Aunque el #MeToo no es una revolución sino un “levantamiento”, matiza. “Están aplicando lo que nosotras pusimos en marcha”.
Y augura que esta explosión perdurará lo que resta del siglo, y quizá dentro de 20 o 30 años surja otro más. Cada vez que algo como esto ocurre, dice, “son dos pasos adelante y uno para atrás”.
“ Una revolución social no es de la noche a la mañana; la revolución social tarda una eternidad”.
Uno de esos retrocesos, por ejemplo, ha sido la decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos de echar abajo el derecho al aborto, un retroceso democrático y para los derechos de las mujeres. “Siempre pensé que era un derecho que había que estar peleando una y otra vez”.
Y es irónico que en países católicos haya el derecho al aborto, pero no ahora en Estados Unidos. “Lo perdimos por todas las razones que hemos visto; dimos a luz a un ‘mundo Donald Trump‘ donde él podía ser presidente y eso impactó directamente en la Suprema Corte”.
Y aunque el #MeToo haya sacudido a unos miles, es mejor eso que nada, estima, y aunque ve temblar los cimientos del capitalismo, no cree que el mundo esté virando hacia la izquierda.
Pero está segura del legado de su generación: mujeres que protagonizaron la segunda ola feminista en los 70.
“ Fuimos las primeras en 50 años (después de ganar el derecho al voto) en llamarnos ciudadanas de segunda, y eso ha pasado a la historia”.
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