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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 3 de septiembre del 2022 a las 04:08
Ciudad de México.- El poeta rumano Mircea Cartarescu, cuyo nombre suena cada año para el Premio Nobel de Literatura, opina que el rol de los artistas es “preservar la libertad” y considera que “un poema o una canción de amor podría ser muy peligroso para cualquier régimen” porque muestra “libertad interna”.
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Un escritor es un como un pájaro libre, debería rechazar cualquier tipo de jaula, incluso una jaula de oro”, reflexionó el rumano en un encuentro con los periodistas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en Santander, este martes
Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956) fue investido como doctor “honoris causa” en la universidad este jueves y reflexionó junto con los periodistas sobre la libertad, la democracia, la dictadura y la censura.
Sobre el papel de los artistas en la sociedad, el rumano ha opinado que deben estar en contra de “cualquier tipo de opresión” y mantener “su libertad interna”, por lo que ha apuntado que “no hay ningún sistema político bueno”, ya que todos los regímenes “tienen un nivel de opresión”.
Sin embargo, Cartarescu matizó que la democracia, que en su opinión es el sistema “menos malo”, no es comparable a una dictadura, donde no hay derechos humanos.
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La democracia sería el sistema político menos malo, pero las personas no pueden ser bien gobernadas, en mi opinión”, apuntó.
El autor, quien presentó su último trabajo, El Ala Derecha, la tercera parte de la trilogía Cegador, dijo que “siempre” ha estado “en contra de los extremismos” y ha definido sus valores como un “zigzag” en el espectro político.
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Irme a la izquierda o a la derecha completamente sería un desequilibro y el barco se hundiría bajo el agua”, añadió.
Censura literaria
El escritor repasó sus orígenes como poeta en la Rumanía bajo el régimen de Nicolae Ceaușescu, una época en la que, según ha recordado, se censuraban “hasta los libros infantiles y de cocina”.
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Ningún libro en Rumanía en los años 70-80 era publicado sin pasar por la censura”, añadió el escritor, quien tuvo que cambiar el nombre de su novela Nostalgia, una de las cuatro publicaciones que sacó en los años de la dictadura, a El Sueño, por decisión de los censores.
Esta censura, ha asegurado, llegaba a darse por “cosas estúpidas” como el uso de determinados nombres como el de Helena, esposa del dictador Ceaușescu.
Frente a ello, el rumano ha insistido en el papel de los artistas como garantes de la libertad. “Los auténticos escritores e intelectuales nunca colaboraron con el Gobierno. Todo lo contrario, muchos estaban en contra y eran disidentes”, explicó.
Y considera que en Rumanía, más de 30 años después de la revolución, sigue persistiendo la censura ideológica, ha matizado, “no solo de los conservadores”, sino de “extremistas al otro lado del espectro que se de dominan progresistas”.
En su lugar, también ha lamentado que, después de la revolución que acabó el régimen comunista de Ceaușescu, se comenzó a importar literatura americana y de otros países a Rumanía, un proceso que “sofocó a la literatura rumana real”. “Hay muchos libros malos”, afeó el autor.
El poeta, que tiene una decena de títulos y 2 mil páginas traducidos al español, celebró el reconocimiento por parte de la Universidad. “Es una suerte de culminación de mi carrera como escritor y una gran alegría para mí”, reconoció el escritor nominado al Premio Nobel de Literatura.
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