Coahuila
Por Irene Spigno
Hace 4 años
Según una célebre frase: “el pasado nos limita, pero el futuro nos atemoriza. El único lugar seguro es el presente”. Cada uno de nosotros es, hoy en día, producto de múltiples factores: nuestros ancestros (y sus heridas) tienen influencia sobre nosotras y nosotros, la educación que recibimos en la casa y en la escuela nos forma, el contexto social, cultural, político y económico en el que crecimos nos moldea.
Lo que hemos vivido hasta hoy es responsable de lo que ahora somos: con nuestras emociones, felicidad, miedos, frustraciones, entre otros.
No sabemos si mañana estaremos, y como dice Julieta Venegas en la canción El Presente: “el presente es lo único que tengo… el presente es lo único que hay”.
Sin embargo, a pesar de esta gran verdad, vivimos nuestras vidas y tomamos muchas decisiones en aras de lo que queremos ser en uno, cinco, 10 o 15 años. Entre estas decisiones con miras al futuro, está la de estudiar una carrera universitaria, por ejemplo.
Cuando el fundador de la AIDH, el actual magistrado Luis Efrén Ríos Vega, decidió crear un centro de investigación público especializado en derechos humanos, su mirada iba mucho más allá del presente. Su objetivo era cambiar, mediante la educación, una realidad caracterizada por un pasado (y presente) de violaciones graves a derechos humanos. Su idea era crear un nuevo futuro.
Quizás sería muy ambicioso pensar en un futuro sin violaciones graves a derechos humanos. Pero es ya una realidad vivir un presente y pensar en un futuro en el que las autoridades ya no ignoran las violaciones graves a derechos humanos, sino que desarrollan y actúan toda una serie de políticas públicas relevantes para descubrir la verdad, reparar las víctimas, sancionar los responsables y, así, hacer justicia.
En México, la realidad está cambiando. Probablemente es un cambio muy lento, pero si miramos atrás, en los últimos diez años, veremos que se han conseguidos importantes logros. Hay mucho trabajo y esfuerzos que no se ve y muchas veces es mucho más sencillo fingir que no se está haciendo nada y criticar a quien, en realidad, desde el silencio más profundo sigue trabajando para una causa en la que cree y que es el fundamento de su motivación y quehacer.
Desde su creación, la misión de la institución que tengo el privilegio de dirigir, la Academia Interamericana de Derechos Humanos, ha sido apoyar, desde la trinchera académica, a las víctimas. Los académicos no somos activistas. Tampoco somos asesores jurídicos. No vamos a litigar en los juzgados. Investigamos, pero no somos fiscales: nuestras investigaciones son académicas. Nosotros, con nuestro trabajo, creamos y difundimos conocimiento.
Creamos conocimiento, mediante seminarios, conferencias, observatorios, libros, artículos, revistas, etcétera. Todo esto, para que las personas que han sufrido violaciones graves a derechos humanos conozcan sus derechos y sepan con qué herramientas cuentan a su disposición para defenderlos.
Difundimos conocimiento para capacitar a los funcionarios públicos y así contar con ellos para que no revictimicen a las personas y cumplan con sus obligaciones con enfoque de derechos humanos.
A esto nos dedicamos, y lo hemos hecho con gran determinación desde el inicio de nuestras actividades: mediante la elaboración de distintos trabajos, informes y diagnósticos sobre las necesidades de los familiares de personas desaparecidas en materia de DESCA (con un especial enfoque al derecho a la educación y a la salud mental de NNA), la garantía del derecho humano a la búsqueda, la reparación integral del daño a víctimas de desaparición forzada y las medidas de reparación relacionadas con la verdad y la memoria.
También hemos capacitado a más de mil funcionarios públicos de los distintos órdenes de Gobierno en materia de derechos humanos y hemos acompañado a las autoridades competentes en la asesoría legislativas para la elaboración de distintas leyes estatales como la Ley de Declaración Especial de Ausencia para Personas Desaparecidas, la Ley de Víctimas, la Ley en Materia de Desaparición de Personas, la Ley para la Localización, Recuperación e Identificación Forense de Personas y las distintas iniciativas de reforma constitucional en materia de derechos humanos en la entidad.
Estas son solo algunas de las actividades que desarrollamos. Nuestro trabajo puede ser invisible y probablemente insuficiente. La apertura de la Licenciatura en Derecho con Perspectiva en Derechos Humanos no es un capricho. Allí se están formando, desde el nivel de licenciatura, los funcionarios que el día de mañana seguirán transformando la sociedad mexicana para que su futuro sea un presente donde los derechos humanos serán una realidad.
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