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Coahuila

Los nuevos retos de la democracia incluyente en Coahuila

Por Irene Spigno

Hace 4 años

En el mundo todas y todos somos distintos. Quizás los gemelos monocigóticos pueden tener características tales por las que, por lo menos en su apariencia física, son idénticos. Sin embargo, no somos solo lo que parecemos, sino que también lo que sentimos. Nuestras emociones y nuestras vivencias nos permiten, a cada uno de nosotros, ser únicos.

Independientemente de lo anterior, cada uno de nosotros puede tener características específicas qué compartir con otras personas. Nuestra pertenencia étnica, por ejemplo, la religión, el sexo, el género, la orientación sexual, las opiniones políticas y/o religiosas; incluso nuestras pasiones (por ejemplo, practicar un deporte) tener una afición o una pasión son todos elementos que nos permiten proyectar nuestra individualidad en una colectividad o grupo.

Los seres humanos, en su individualidad, pero también en su proyección colectiva, integran la sociedad, un espacio en el que un conjunto de personas se relaciona entre sí, según ciertas reglas de organización jurídicas y consuetudinarias, compartiendo una misma cultura o valores en un espacio o un tiempo determinados.

Estas reglas de convivencia deben de tener en consideración las necesidades de todas las personas que conforman la sociedad, mediante estándares claros e incluyentes de representatividad. Por mucho tiempo, la elaboración de las reglas de convivencia cívica eran un privilegio de una categoría muy restringida de personas: varones, blancos, pertenecientes a clases sociales altas y con un cierto nivel de instrucción.

Las mujeres, así como los varones que no correspondían a estos paradigmas, eran excluidos de la posibilidad de participar en la elaboración de estas reglas de convivencia de la sociedad en que vivían y de la que eran parte. Otras personas tomaban decisiones que los afectaban.

Afortunadamente, a lo largo de las últimas décadas, los criterios de representatividad se han ido ampliando para permitir, de manera progresiva, una mayor inclusión en los mecanismos democráticos de toma de decisiones. Si en muchas partes del mundo las mujeres ya son protagonistas activas de la escena pública (a pesar de la existencia de muchos obstáculos que de facto impiden una participación plena y efectiva) aún existen muchas personas que siguen siendo excluidas.

El mundo no se compone solo de hombres y mujeres. En el mundo hay toda una serie de personas que a lo largo de la historia y de la actualidad pertenecen a grupos que ha sufrido de discriminación y la vulneración de sus derechos más básicos: así, por ejemplo, es el caso de la comunidad LGBTIQ+, de las personas con discapacidad, de las personas adultas mayores, de las personas jóvenes, de las personas defensoras de derechos humanos y periodistas, etcétera. La lista de personas que todavía son excluidas de los circuitos de las decisiones políticas es larga.

En Coahuila, donde la paridad de género en el Congreso del Estado es una realidad ya desde hace tres legislaturas, se está discutiendo de la posibilidad de reservar cuotas a los grupos en situación de vulnerabilidad. Esta discusión legislativa se fue acompañada la semana pasada de un importante ejercicio de parlamento abierto, organizado de manera conjunta entre el Congreso de Coahuila y la Academia Interamericana de Derechos Humanos. En este ejercicio participaron distintos actores de la sociedad civil, así como personas expertas y académicas, que contribuyeron con sus aportaciones a una discusión compleja, pero necesaria para poder garantizar una democracia más incluyente.

Ahora, la pelota está en la cancha del legislador estatal. El Congreso se enfrentará a la complicada la tarea de romper otro techo de cristal: incluir en el circuito de la decisión política a personas que históricamente han sido excluidas y por lo tanto, sus derechos humanos, vulnerados…

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