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Coahuila

¡Los pellejos se los envuelvo o se los come aquí!

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Oscar Flores Tapia, periodista, y escritor, que de cuna muy humilde llegó al máximo cargo anhelado por cualquier político, la Gubernatura del estado, recuperó en un libro una parte de la ciudad que se creía perdida y nos deleita con aquel Saltillo de los años 50 del siglo pasado.

En su libro Irineo Campanas, personaje inventado por él, Flores Tapia hace un recorrido por algunos barrios y calles de la traza antigua de la pequeña villa hasta llegar al Centro de la ciudad, con sus atractivos muy simples, pero fascinantes.

El pretexto de este relato fue que en la humilde vivienda de Flores Tapia no había una gota de agua para bañarse.

Flores Tapia y su patiño, Irineo Campanas, se desplazaron desde el Cerro del Pueblo hasta la Pulquería Monclova, propiedad de Nino Valdés, “La Víbora”; de ahí se fueron a los baños de regadera del hotel Hidalgo para darse una ducha.

La narración es muy amena y denota las costumbres que afloraban en aquel Saltillo de nuestra niñez y juventud.

Como las marchantas en el mercado Juárez, quienes eran objeto de albures de algunos de los comerciantes y carniceros. ¡Los pellejos se los envuelvo o se los come aquí!, decía un atrevido tablajero a una modesta sirvienta (gatita), según el libro de marras (persona o cosa ampliamente conocidos).

Hay pasajes de la historia de la ciudad y sus personajes en aquella época de los 40 y 50 del siglo pasado, muy bien narrados y con una prosa exacta por el gran periodista y escritor que  fue Flores Tapia, dedicado a la política desde muy joven, cuando fue presidente del PRI local e intentó ser alcalde y las huestes empresariales no se lo  permitieron, porque para ellos  era “un perfecto donnadie”.

No escapan los comercios de aquel agradable Saltillo de la mitad del siglo pasado, como la zapatería La Valencia, con más de un centenar de años de existencia y otras de relevante importancia, algunos ya desaparecidos.

Sería muy largo enumerar todas las escenas y todos los diálogos contenidos en el buen libro de Flores Tapia, Irineo Campanas. No sé si todavía habrá alguno o varios ejemplares. Lo ideal sería que el Ayuntamiento o el Gobierno del Estado, hagan una reedición para que mucha gente se recree con esa lectura.

 

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