Va una suerte de democrático axioma: los ciudadanos tenemos todo el derecho del mundo de buscar la mejor opción de movilidad y debemos gozar, en todo momento, de la libertad de elegir, por ejemplo, entre las diferentes ofertas disponibles de transporte.
Vaya lío en el que se metieron las autoridades a la hora de intentar regular los taxis por aplicación y que, en las formas, empoderaron a los taxistas tradicionales, al grado de que estos creen o sienten que pueden hacer literalmente lo que les venga en gana, con tal de sacar de las calles lo que consideran una competencia desleal.
Lo que aparentemente no consideraron las autoridades es que en el lance dejan a la deriva a los miles de usuarios frecuentes de InDriver y DiDi, y lo son, ya que simplemente el servicio que ofrecen, las condiciones del mismo, son más eficientes que las que ofrecen los taxistas tradicionales.
Pues sí, vaya lío en el que se metieron las autoridades a la hora de inclinar la balanza hacia los concesionarios tradicionales e implementar operativos contra los indrivers o didis, y si lo que querían era engancharlos en un sistema en el que pagaran derechos, impuestos, regularlos por el tema de la seguridad de los usuarios (como si en los taxis las personas se sintieran muy seguras), pues en vía de mientras le están pegando a la ciudadanía y a la libertad que tenemos de elegir lo que consideremos la mejor opción para transportarnos.
Y a manera de post data, un recordatorio a quienes nos gobiernan: nunca es conveniente dejar crecer conflictos, y el que se vive en las calles hoy, amenaza con salirse de control.
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