En mi largo peregrinar por la comunicación escrita y hablada fui vocero y crítico de cuando menos 22 alcaldes de la ciudad, y serví a otro como director de comunicación social, pero créanme ¡No lo vuelvo a hacer!, fue una de las peores experiencias de mi vida profesional. Renuncié tres veces y tres veces me lo impidieron. No estaba preparado para los vaivenes de la política, como ahora tampoco lo estoy.
Pero de eso no hablaremos, hoy quiero recordar a algunos buenos alcaldes que ha tenido mi ciudad, por obvio del espacio. Me inicié como reportero en el último año del doctor Eduardo Dávila Garza, ejemplar ciudadano, médico benefactor de la comunidad, con jornadas extenuantes que marcaron su salud y su corta vida. Murió de 55 años. No obstante ser Presidente Municipal, era director de la clínica del ISSSTE, consultaba por las tardes en el clínica Saltillo y sábados y domingos iba hasta las rancherías para brindar sus servicios a quienes más los necesitaban, los campesinos y sus familias, a quienes además les regalaba las medicinas.
El agrónomo Luis Horacio Salinas, incansable individuo que se convirtió en el único alcalde de la ciudad de una Administración que edificó una unidad habitacional. Motivado por el éxito de esta tarea fue que al margen del poder público lo llevó a convertirse en constructor particular.
A Juan Pablo Rodríguez le tocó reorganizar el transporte público de la ciudad, en un momento en que había quebrado la Cooperativa Federal de Rutas Urbanas y nacía la industria automotriz en la región. Fue muy criticado el transporte en camionetas panel de la WV, denominadas combis.
Carlos de la Peña Ramos, fue alcalde de la ciudad 34 años después de que lo había sido su padre el doctor Carlos de la Peña Sánchez. Hay quienes afirman que ganó la elección Jorge Masso, candidato del PARM, pero que le hicieron tablas para favorecer al junior.
Solo dos años fungió como alcalde el buen Eleazar Galindo Vara, quien víctima de una traición de uno de sus colaboradores y excompañero en Materiales el Morillo donde ambos fueron empleados, Jesús Guerrero, fue a dar con sus huesos al CERESO local acusado de peculado con terrenos propiedad municipal.
El primer alcalde del Partido Acción Nacional que tuvo Saltillo, desde Alberto del Canto, primera autoridad de la ciudad, fue Rosendo Villarreal Dávila, que tuvo frenéticas y rabiosas reacciones cuando política y administrativamente era frenado por el Gobernador en turno, Eliseo Mendoza Berrueto, de extracción priista.
Descendiente de los dueños de la embotelladora de la Coca Cola y otros refrescos, Miguel Arizpe Jiménez, postulado por el PRI, fue un alcalde honrado, centrado, muy serio en su accionar, cuidadoso de su imagen a tal grado que no aceptaba ningún tipo de crítica de los medios de comunicación.
Otro junior llega al poder por conducto de Acción Nacional, Manuel López Villarreal, de la famosa dinastía de Grupo Industrial Saltillo, sobrino de Rosendo Villarreal Dávila y nieto del padre de este, don Ricardo Villarreal García, 56 años después de que fue primera autoridad de Saltillo su abuelo.
Uno de los seis hijos del matemático Rubén Humberto Moreira Flores y de la educadora Evangelina Valdés, llegó al Ayuntamiento dentro de una vertiginosa carrera política. No sabemos si existe un récord semejante, pero el alcalde Humberto Moreira Valdés duró un año y medio inaugurando una obra pública cada día.
Estoy seguro que hay mucho más que hablar de los alcaldes a los que serví, pero por el espacio aquí termino, con una enorme disculpa a usted.
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