Arte
Por
Abraham Cepeda
Publicado el sábado, 5 de noviembre del 2022 a las 04:05
Ciudad de México.- En los potentes y desasosegantes versos con los que el portugués Fernando Pessoa inició su poema Tabaquería, el escritor Marco Antonio Campos encuentra una suerte de testamento literario.
“
No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada. / Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”, como se lee en la nueva traducción del texto que recién ha publicado el poeta mexicano.
Es ahí, en la que quizá sea su obra mayor, donde Pessoa (1888-1935) cifró la mirada severa que tenía, al final de su vida, sobre sí mismo y sus logros.
“
Lo publica dos años antes de su muerte, entonces casi podemos decir, o casi podría decir yo, que es su testamento, que es exactamente lo que él pensaba de sí: ese hombre que fracasó en todo, pero que, como no buscó nada, tal vez ese todo fue nada”, reflexiona Campos.
Bajo el minucioso -y uno podría decir, amoroso- cuidado de Ediciones El Tucán de Virginia, Tabaquería recibe la atención que merece con un libro entero que reflexiona sobre su perdurable legado.
Con la traducción de Campos como centro, el volumen contiene también el ensayo que Octavio Paz le dedicó a la figura de Pessoa en 1961, junto con nuevas aproximaciones críticas de poetas, académicos y traductores, como el portugués Nuno Júdice, el brasileño Horácio Costa, el español Luis María Marina y los mexicanos José Javier Villarreal y Víctor Manuel Mendiola.
También incluye, a manera de pinceladas que completan un retrato, los cuentos La noche ilegible y La puerta, en traducción de Manuel Moya.
Para Campos, quien publicó una primera traducción de Tabaquería en 1982, la imagen que pinta Pessoa, la de un hombre que mira por una ventana de Lisboa hacia el trajín cotidiano de la calle, mientras evalúa su existencia, es esencial para entender su poética.
“
Lo extraordinario de Pessoa es esa unión de la reflexión metafísica con lo menudamente cotidiano, como muchas veces lo hizo con las imágenes de la ciudad, donde está siempre pensando en algo”, pondera.
“
Una calle inaccesible a todos los pensamientos, / real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta, / con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres, / con la muerte llevando la humedad a las paredes y cabellos blancos / a los hombres, / con el Destino que conduce la carroza de todo por la ruta de nada”, describe Pessoa, traducido por Campos.
La imagen de la tienda de tabaco que observa el hombre por la ventana es, a decir del traductor, un símbolo perdurable de la vida del propio Pessoa.
“
La tabaquería es la visión de un solitario que se siente un fracasado y que expresa muy bien todo ese mundo cotidiano”, expone.
“
A partir de algo, del punto de referencia, construye todas las reflexiones: una síntesis anímica y vital. Si de algo estuvo poblada la vida de Pessoa, fue de sueños y de imaginación”.
De acuerdo con Campos, para hablar sobre este poema conviene recordar el mito genial de Pessoa, quien, en una noche febril 1914, se construyó a sí mismo una serie de heterónimos -otros nombre para firmar sus textos- que tienen, por sí mismos, poéticas enteras y disímiles entre sí.
Es el heterónimo de Campos, recuerda el mexicano, quien escribe Tabaquería, pero en Pessoa también habitaron el neoclásico Ricardo Reis, el bucólico Alberto Caeiro y, por supuesto, Bernardo Soares, autor del Libro del desasosiego.
“
Yo creo que, si hay una palabra que define, o una de las palabras que definen a Pessoa, es ‘inventar’, reflexiona Campos. “Como no tiene amigos, como no tiene verdaderos amigos, se inventa a los heterónimos para que sean sus amigos, o compañeros de trabajo, o de viaje”.
Notas Relacionadas
Más sobre esta sección Más en Arte
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias