Por Lizbeth Ogazon
Cuando nos ponemos a analizar la naturaleza de la categoría consenso, podemos darnos cuenta que la hegemonía es un proceso de lucha y que la adquisición de conciencia feminista es el principio del cuestionamiento al consenso patriarcal.
La Revolución Mexicana, a la que llamaremos tercera transformación, develó la explotación y la miseria impuesta a través de un modelo de progreso a costa del hambre y el trabajo inhumano de campesinos y obreros. Son muchos los factores que se señalan para el levantamiento armado que provocó; desde las geopolíticas, hasta la sociales, lo cierto es que esta tercera transformación cambió para siempre a nuestro país.
El cambio de factores históricos modifica las oportunidades para el control de la producción de bienes y servicios y modifica también las retribuciones, en ese mismo sentido cambiaron las aptitudes y la motivación de los hombres para el control de las mujeres que alteraron el carácter y el grado de la dominación patriarcal.
Esta vez, no hubo sólo conspiradoras, sino mujeres que fueron a la guerra.
La narrativa histórica la describiría como soldaderas, mujeres involucradas en la revolución que luchaban, “las adelitas” acompañando a sus hombres, romantizando el temple y la decisión que empuja a las mujeres a cuidar de su familia y a defender sus ideales, ignorando su derecho para construir un futuro mejor situándolas en un papel secundario donde ellas cumplían roles de cocineras, enfermeras; actividades que aunque nos llenan de orgullo, ignoran aquellas de las mujeres estrategas que tenían tropas bajo su mando, como Petra Herrera, la generala coahuilense que tuvo que travestirse y hacerse pasar por hombre para que le fueran asignadas tareas reservadas a los varones. Esa historia ignorada, es resultado de una construcción histórica de la realidad cualitativamente distinta para hombres que para mujeres, donde son menospreciadas desde un sentido común patriarcal que impone su propia visión del mundo.
En este sentido, acudir a Gramsci para interpretar el concepto tradicional de hegemonía marxista, nos permite ver cómo la dominación llega a los espacios personales y a partir de ahí, saber como se ha interpretado nuestra historia y nuestra realidad como mujeres.
La narrativa de las transformaciones de nuestro país, deben incluir al empoderamiento femenino, para que desde él se explique la acción colectiva, este proceso de reconocernos como producto de las transformaciones nacionales, nos va a permitir no sólo conocernos; nos va a permitir una acción transversal de todas y todos desde la identidad.
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