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Coahuila

Qué tal si, en lugar de comentar acerca del panbol, abordamos asuntos de instrucción formal y educación

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

En los días que vivimos es prácticamente imposible no tropezarse, en todos los medios de comunicación, las redes sociales y charlas de café, con el tema del panbol. El panorama luce como si se estuviera en medio de una gran confrontación mundial en donde, de pronto y por todos lados, surgen expertos quienes son capaces de armar “estrategias” y escenarios que hacen lucir como si de aquello dependiera el futuro de la humanidad. Algunos adoptan poses como si  trataran de imitar, inconscientemente, al general Dwight David Eisenhower cuando se preparaba para salvar el futuro de  la raza humana aquel 6 de junio de 1944. Empleamos el termino inconscientemente porque estamos ciertos de que para la mayoría de los fulanos a los que nos referimos nada dice el nombre del militar estadounidense, ni la fecha, pero ellos se creen estrategas de una relevancia mayor. Todo esto no es sino  reflejo de una situación en la cual la estulticia y la ignorancia han sido elevadas a la categoría de virtudes, mientras que la ciencia y las humanidades pasaron a ser considerados temas despreciables siendo esto consecuencia de los niveles bajos que tenemos en materia de instrucción formal y educación. 

Antes de continuar debemos de precisar que, aun cuando algunos tiendan a hacer sinónimos uno y otro termino no lo son. La instrucción se adquiere por vía formal en las aulas, mientras que la educación es un asunto que uno lo aprende en el hogar. Tampoco debemos de asumir que el ser instruido necesariamente vuelve a alguien educado, hemos conocido a cada patán muy instruido, pero carente de toda educacion.  Asimismo, hemos sido testigos de cómo personas sin instrucción formal son poseedoras de gran educación y conocimientos amplios. En consecuencia, todo debe evaluarse a nivel individual, teniendo presente de que el ideal al que debemos de aspirar es  que las dos vayan juntas, algo muy difícil de conjugar en estos tiempos. Antes de que alguien nos vaya a espetar que estamos equivocados, permítanos hacer algunas reflexiones. 

Podríamos decir que hoy contamos con una oferta educativa mayor que en años anteriores. Nada tenemos que rebatir al respecto, sin embargo, hay algo que nadie nos puede refutar. El sistema educativo mexicano ha sufrido un deterioro en sus niveles de calidad. Quienes recibimos nuestra instrucción formal elemental, desde el jardín de niños hasta la preparatoria, en lo que entonces era conocido como escuelas públicas, o de la Revolución, podemos asegurar que la instrucción recibida era de calidad alta. Hoy, sin embargo, salvo excepciones muy honrosas, el sistema de instrucción pública a esos niveles sufre un deterioro lamentable. Y no estamos achacando que esto sea responsabilidad total de  la administración actual, en donde los encargados de esta área a nivel federal exudan ignorancia, misma que hasta quieren convertirla en virtud.  El problema se ha venido dando desde mucho tiempo atrás, aun cuando debemos de apuntarlo el fenómeno no es privativo de nuestro país, pero justificarlo de esta manera sería recurrir a aquello de mal de muchos, consuelo de pen…..

En términos generales, a nivel mundial, la instrucción formal, comprendida entre el jardín de niños y la preparatoria, vive tiempos muy difíciles. No importa cuánto se esfuercen los maestros, en medio de recursos limitados, para poder trasmitir a los educandos los conocimientos necesarios ya que enfrentan  rivales muy poderosos en todos los sentidos. Por un lado, tenemos que, en el caso de nuestro país, los niveles de pauperización se han elevado durante los últimos años, y ya sabemos que nadie será capaz de adquirir conocimientos y razonar si tiene el estómago vació. Por otro, hoy, los medios y las redes sociales venden como meta a alcanzar no el conocimiento sino la ignorancia disfrazada de que hay que gozar la vida y hacer lo que a cada uno le guste. 

Contrario a lo que sucedía en el pasado en donde se inculcaba que la aspiración era adquirir conocimiento para alcanzar metas superiores en la vida, hoy, lo importante es tratar de imitar a  personas cuyo éxito está basado en como lucen o bien que tanto son capaces de contorsionarse, berrear, soltar mandarriazos, patear un balón, batear una pelota, saltar como acróbata para encestar, o bien arriar al contrario en busca de la posesión de un ovoide. Y claro como lo que se presenta son los casos de éxito pues eso  ha provocado que muchísimos padres de familia crean que tienen, en uno o varios de sus hijos, al futuro estrella máxima de tal o cual actividad o de x o y deporte, lo cual en consecuencia habrá de convertirlo en multimillonario. Ante eso, tarde se le hace para incitarlos a que desprecien el estudio y se embarquen en cualquiera de esas cosas. Nada tenemos en contra de que quien posea talentos para otras actividades aparte de la formación profesional escolar y se dedique a ello, pero siempre será preferible que quien ostente los talentos para la práctica de actividades artísticas en cualquiera de sus expresiones o para el deporte, tenga tras de sí una formación escolar sólida y de calidad, algo que en estos tiempos es mucho pedir. Los resultados ya los conocemos, muchos son los llamados y poquísimos quienes poseen cualidades para competir a nivel extraordinario, lo cual debe de estar acompañado por un carácter que debe de formarse desde la infancia. 

Y aquí viene otro asunto relacionado con la formación del carácter. Dado que ahora vivimos en los tiempos de corrección política, esta se empieza a implantar desde la infancia. Nos dicen que hay que cuidar de que al chamaco no se le vaya a crear un trauma. Entonces, cuando practican  algún deporte, el ganar o perder lo vuelven irrelevante. Acto seguido, no se lleva clasificación en los torneos y a la hora de las premiaciones a todos se le reparten trofeos o diplomas por igual, en esa forma nadie se trauma y el “copito de nieve” empieza a germinar. Ello no impide que, para algunos, conforme se avance en la formación educativa, el deporte vaya convirtiéndose en lo más importante. Las horas que deberían de dedicarse al estudio pasan a ser las menos y la práctica de la disciplina deportiva lo primordial. Algunos, de plano, optan por abandonar la escuela y sin respaldo académico alguno pues se van convencidos de que serán la estrella próxima de la disciplina artística o el deporte que hayan escogido. La inmensa mayoría terminaran frustrados pues sus capacidades eran francamente mediocres y la realidad termina por exhibirlos. Quienes de esos grupos permanecen en las aulas como simple justificante, son apenas unos cuantos quienes destacan como atletas y una cantidad grandísima termina en la mitad de la nada, aun cuando avancen a niveles superiores de instrucción ya que sus capacidades en aquello a lo que se abocaron no les permitirá destacar y hacerse millonarios, al tiempo que carecen de respaldo académico para ejercer lo que teóricamente aprendieron para ser unos profesionales. Vayamos ahora a lo que sucede en el proceso académico.

En otros tiempos, cuando la adquisición de conocimiento era la aspiración, la entrega de reconocimientos se realizaba durante las ceremonias de graduación enfrente de todos. Hoy, ya no es así pues hacerlo podría generar traumas irreversibles para algunos al percatarse de que hay quienes son capaces, mediante la disciplina y el tesón, de destacar, mientras que existen otros a quienes de plano no se les da lo de la estudiada. Ante ello, cuando se van a entregar esos reconocimientos, se convoca a los alumnos destacados y a sus padres a una ceremonia especial como si el acto fuera algo vergonzoso de lo cual nadie debe de enterarse. Esa fue nuestra experiencia personal, probablemente esto no sucede en nuestro país y aquí las cosas sean distintas. Pero lo dudamos cuando vemos que al nivel más alto  a los triunfadores se les ignora, mientras que a quienes no alcanzan el objetivo deseado se les felicita y justifica.

Ahora, entremos en los asuntos de la masificación educativa. Así, en frio, es un asunto de encomio proclamar que todo mundo debe de ingresar a la universidad, algo que no es privativo de México ya que lo mismo se pregona en los Estados Unidos. Sin embargo, detrás de esto hay algo que es políticamente incorrecto mencionar. En la vida, los seres humanos tenemos que  aceptar que todos somos diferentes, eso de que debemos de aspirar a la igualdad es algo que no compramos, pero quien lo desee hacer pues muy su gusto. Todos poseemos capacidades diferentes y por lo tanto podemos ser excelentes en algunas cosas y en otras pésimos. Es imperativo aceptar que tanto  hay quienes poseen un intelecto superior al nuestro como que otros pues no lo tienen, sin dejar de considerar la existencia de niveles similares. Por lo tanto, hay personas quienes poseen las habilidades para desarrollarse con éxito en actividades técnicas que no requieren pasar por las universidades, sino que han de atender escuelas que les permitan aprovechar sus habilidades. No es posible seguir atiborrando los centros de educacion superior con estudiantes quienes no necesariamente reúnen las características para estar ahí. Esto no tiene nada de discriminatorio, a la universidad deben de ir los mejores, independientemente de condición social, quienes estén dispuestos a hacer del estudio el vehículo que habrá de llevarlos a mejorar sus condiciones de vida y en ese proceso enfrentarlo con todas las herramientas intelectuales de que han sido provistos. Es triste encontrarse en los centros de educacion superior, públicos y privados, a chamacos que están ahí perdiendo el tiempo. Todo porque nuestro sistema educativo no es capaz de iniciar una decantación temprana para ir dirigiendo a cada uno hacia los niveles en donde sus capacidades e intelecto se aprovechen de la mejor manera posible y les permitan tener éxito en la vida.

Pero eso último es mucho pedir, lo que hoy tenemos es un sistema educativo roto que a lo único que aspira es emitir comaladas de graduados a nivel universitario, muchísimos de ellos carentes de un  respaldo de conocimientos que avale lo que en el diploma se plasma es su especialidad. Y como vivimos los tiempos de la corrección política, ahora salen a enfrentarse al mundo carentes de la capacidad de análisis pues en las aulas no los enseñaron a confrontar las ideas porque si lo hacían alguien podría sentirse agredido. El razonar es algo que no está de moda, hay de aquel que se atreva a hacerlo es visto como un hereje. Lo importante es sumarse a la masa y repetir como loro lo que tal o cual fulano, muchos de ellos analfabetas funciónales auténticos, emite como verdad sagrada. Pero esto no surge de la nada, desde los niveles de educación elemental han vivido pegados a los jueguitos electrónicos y sus redes, y en consecuencia han perdido la capacidad para poder expresarse por escrito y verbalmente con propiedad. Para algunos, redactar una página es un asunto que implica una tarea descomunal  misma que la mayor parte de las veces termina por abrumarlos. Contra eso deben de competir un dia sí y otro también quienes se  asumen, con responsabilidad profesional, como maestros y profesores y aquí hay algo que comentar. Desafortunadamente entre quienes se dedican a la instrucción hay una gran cantidad que se ocupan de otras cosas y pues lo de la enseñanza es algo que solamente les importa cada quince días. Pero hay otro fenómeno que poco se menciona.

Cuando la instrucción formal a nivel superior se masifica, necesariamente tiene que producirse un descenso en los niveles de calidad. Eso ha sucedido en nuestro país cuando, como lo hemos mencionado párrafos arriba, a toda costa lo que se busca es indiscriminadamente atiborrar de alumnos a los centros de enseñanza superior que si se trata de los públicos lo hacen en función de que a mayor número de estudiantes más serán los recursos pecuniarios que se les asigne de presupuesto. En el caso de las instituciones privadas, ni modo que vaya a negarse, contar con un registro de alumnos elevado les genera mayores recursos, esa es la realidad. Nada de eso sería criticable si en el esquema educativo existiera un sistema que permitiera cribar la calidad y enfocar a cada uno, según sus capacidades y habilidades, se optimizaría el uso de recursos y otros serían los resultados. Esto de la criba intelectual es algo que ya se hace en algunas instituciones de educación superior en México. El caso que conocemos es el de la UNAM en la Facultad de Medicina, pero existe algo similar en otras facultades. Tras de que se determina quien habrán de ser admitidos como alumnos, se realiza una nueva selección y un numero limitado pasa a formar parte de un grupo de calidad educativa y el resto de los otros grupos. Sabemos que para los políticamente correctos esto no suena bien, pero los resultados son más que óptimos. Pero ya que hablamos de asuntos de cuantía y calidad hay algo más que comentar a otro nivel.

 De pronto, en nuestro país, se puso de moda  que era necesario ofrecer un número mayor de maestrías y doctorados. En ese contexto, se hizo común que ambos niveles de enseñanza se pudieran cursar en periodos cortos con clases una vez por semana durante tres o cuatro horas, los resultados dependen como cada uno asuma con seriedad la empresa. Al respecto, recordamos aquellos tiempos cuando los gobiernos eran “malos-malos.” A principios de la década de los 1980s, el entonces director de Conacyt, doctor Edmundo Flores Fernández, por cierto, un hombre de izquierda convenció al presidente José López Portillo y Pacheco de que, ante lo que se venía, era necesario enviar a los jovenes profesionales mexicanos a cursar maestrías  y doctorados en el extranjero. Sin embargo, eso no debería de darse de sopetón, era necesario prepararlos para que el ingreso al nivel de graduados no los agarrara en frio y fueran a fracasar. En ese contexto, acudió al director de The Economics Institute, doctor Wyn Foster Owen, quien, en esa institución localizada dentro de la Universidad de Colorado-Boulder, había instrumentado un Diplomado en Inglés y Economía que actuaba como paso intermedio para los estudiantes extranjeros que buscaban ingresar a una universidad estadounidense al nivel de maestría o doctorado. Y allá fuimos a parar un numero significativo, como nunca se había visto previamente, ni tampoco después, de profesionales quienes no íbamos de vacaciones. Con una permanencia que iba entre seis meses y un año, el horario de clases de lunes a viernes era de ocho de la mañana a cinco de la tarde y entre clase y clase había que cambiar de aula, muchas de las veces de un edifico a otro.   Así de intensa era la carga académica de ese diplomado. De ahí, uno  salía con los conocimientos previos reforzados y listo para enfrentar lo que venía a nivel de graduados. No fuimos a que nos enseñaran a robar, la mayoría abrumadora  acudimos para  elevar nuestro nivel académico y con el conocimiento adquirido colaborar a la construcción de los tiempos nuevos. A la par, consolidábamos el amor a la patria con sus virtudes y defectos, a la vez que nos sacudíamos el patrioterismo estéril. Cuando regresamos, con la maestría o el doctorado, encontramos a muchos quienes, sin haber abandonado el país eran unos ladrones auténticos mientras utilizaban el lábaro patrio como cobertor. Pero dejemos las anécdotas y volvamos al presente.

En los días que corren, como lo apuntamos líneas arriba, tienden a confundirse las acepciones instrucción y educación. Esta última es un asunto que se adquiere en casa y pasa por el respeto a los demás en sus opiniones y actitudes, en aprender a convivir en una sociedad en donde hay reglas por cumplir. Que debemos estar conscientes quienes somos y cual es nuestro lugar en el espectro social, nada de andar querer asumiendo poses de lo que no somos, ni para arriba, ni para abajo.  Ya sabemos que no faltara quien nos pueda acusar, por supuesto no usted lector amable, de ser anticuados. Sin embargo, las personas quienes creen que vivir en el caos es hacerlo en la libertad, pero están equivocados. Hoy, el proceso de educacion enfrenta rivales muy poderosos. La tendencia mundial es tratar de convertir a todos en menesterosos intelectuales y eso lo disfrazan de actitudes que algunos llaman igualdad, sí, pero hacia la baja, nunca hacia la superación. Basta con echar una ojeada a cualquier red social o medio masivo de comunicación y el mensaje abierto y subliminal que se envía es en pro de lo vacuo y carente de sentido cuyo objetivo único es pasar a formar parte de la masa amorfa. Hoy los padres con chamacos en edad formativa enfrentan la limitante de que no deben de corregir al infante pues de hacerlo podrían caer en falta de abuso del menor. En consecuencia, de patancitos pasan a patanes con el correr del tiempo y luego, algunos, hasta se convierten en lideres en las diversas disciplinas y especialidades en donde los muestran como sujetos a imitar. Ejemplos los tenemos por miles aquí y afuera.

Si en el pasado nos quejábamos de lo que se presentaba a través de los medios de comunicación masiva, hoy de plano estamos ante una crisis agravada por lo que se sube a las redes sociales. La cultura como instrumento de conocimiento esta vetada, lo que prevalece es el parloteo de grupos de fulanos o fulanas, para que  no vayan a acusarnos de discriminadores, que abordan asuntos de una banalidad rampante y la competencia es por ver quien muestra más ignorancia y su pasado tortuoso.   Y a eso hubo que agregar en estos días programa tras programa en donde el panbol es el protagonista, además de las narraciones de los partidos. Nada que valga la pena o incite al enriquecimiento del conocimiento. Bueno, sí, hay algunos programas en la radio, prácticamente en calidad de marginales, en donde trata de fomentarse el conocimiento y la difusión de la ciencia, pero son tan pocos que, como Diógenes, hay que andar lámpara en mano para poder encontrarlos y disfrutarlos. 

Lo que abrumadoramente prevalece es aquello en todo se va en discutir tonterías y al no obtenerse los resultados que esperaban a soltar epítetos por aquí y por allá hasta el grado de que un tiragolpes se asume como guardián del honor nacional representado por un trapo sudado con el que cubren su dorso los mediocres quienes son mercados  como ejemplo a seguir lo mismo  por quienes venden espejitos que  por los otros quienes se caracterizan por  adquirir conciencias a  cambio de una torta, un frutsi, además de trescientos o seiscientos pesos. Eso jamás sucedería si fuéramos una sociedad producto de una  instrucción formal de calidad y la mayoría poseyera educacion. [email protected]

Añadido (22.48.169) Ayer, 1 de diciembre, partió a su cita con el Gran Arquitecto nuestra profesora de historia de la Revolución Francesa y Europa en el Siglo XIX, Linda S. Frey, a quien debemos mucho en nuestra formación como historiadores y que al paso del tiempo se convirtiera en una gran amiga de nuestra familia. Un abrazo solidario para su hermana gemela, Marsha. 

Añadido (22.48.170) Ahora resulta que  la capacidad para gobernar este país  es medida en función de que tan eficiente sé es para repartir tortas y/o memelas.

Añadido (22.48.171) Subieron el salario mínimo en veinte por ciento, pero tenemos una pregunta: ¿La productividad, en cuanto aumentó? En caso de que esta no se haya elevado en una proporción similar, acabamos de presenciar el banderazo de una carrera que de antemano tiene una triunfadora, la inflación. Aun cuando nunca debemos de olvidar que el resultado puede cambiar, faltaba más, para eso está la guerrera del INEGI especialista en domar cualquier intento de incremento de precios.

Añadido (22.48.172) Ya tienen de que presumir, están al nivel de Dinamarca, Bélgica y Alemania… en panbol.

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