Internacional
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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 5 de diciembre del 2022 a las 08:02
Estados Unidos.- Una mujer que se quedó embarazada a los 44 años ha comparado la maternidad con una “pesadilla”, ya que admitió sentir “resentimiento” y “horror” después de dar a luz.
Como muchas mujeres en todo el mundo, Alice Mann, que usa un seudónimo, había soñado durante mucho tiempo con ser madre, tanto que decidió congelar sus óvulos cuando cumplió 36 años, tras salir de una relación seria.
Cuando cumplió 40 años, decidió utilizar el esperma de un donante para tratar de concebir por sí misma, pero al poco tiempo conoció a alguien y la pareja utilizó la fecundación in vitro, y después pasaron por un embarazo natural y un aborto espontáneo.
Después de que sus esfuerzos resultaran infructuosos, la pareja decidió usar una donante de óvulos y Alice quedó embarazada en su octavo ciclo de fecundación a los 44 años.
En un artículo escrito para el ‘Daily Mail’, Alice recuerda haber experimentado un “parto relativamente sencillo”, pero admite que “no sintió esa oleada de amor” cuando colocaron a su hijo sobre su pecho. “Sobre todo sentí incredulidad de que después de tanto tiempo, aquí estaba, era nuestro, éramos padres”, explica.
Ella se maravilló del milagro, pero después de unas semanas admitió que no estaba sintiendo “asombro”, sino más bien “resignación, resentimiento, horror y miseria abyecta“.
Alice cree que gastó aproximadamente 100 mil euros en sus esfuerzos por quedar embarazada, pero sollozó cuando se dio cuenta de que “no había una parte” de la maternidad que estuviera disfrutando.
La madre estaba atormentada por la culpa por la forma en que se sentía, especialmente dado que sabía cuánto deseaban algunas personas ser madres.
Mirando hacia atrás, Alice cree que puede “racionalizar esos primeros sentimientos” gracias a la tormenta perfecta “de falta de sueño, hormonas y recuperación de su cesárea“.
Alice justifica -o por lo menos lo intenta- que se sentía menos preparada para ser madre debido al enorme tiempo que invirtió en intentarlo, y que con cada tratamiento fallido sus objetivos iban cambiando.
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Como no sucedía me impedía pensar en cómo sería realmente la vida con un bebé. Sin embargo tras varias sesiones de terapia y ver cómo otras madres pasaban por la misma situación pude ir cambiando la manera de verme. La vida es diferente de la que dejamos. No es peor, simplemente es diferente”, reflexiona.
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Si soy realmente honesta, no había anticipado amar la fase de bebé diminuto. Nunca había encontrado atractivos a los bebés muy pequeños, prefiriendo mucho más a los niños cuando se volvían más interactivos, cuando podían sonreír, incluso hablar”, relata. “Pero nunca podría haber predicho cuán miserable me haría sentir la primera etapa”, añade.
Todo empezó a cambiar para ella “a medida que nuestro hijo comenzó a sonreír y luego a reír, y de manera crucial a medida que todos dormíamos más”. Entonces para ella todo comenzó a convertirse en una fuente de alegría.
Pero puntualiza que todavía no está “en el punto de usar superlativos para describir la maternidad; tal vez algún día la vea como ‘Lo mejor que he hecho'”. Y añade que cree “que todos esos años de no saber si alguna vez sería madre me hicieron darme cuenta de que hay muchas maneras de vivir una vida y encontrar alegría en ella”.
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