Saltillo

Publicado el sábado, 10 de diciembre del 2022 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Cada vez más escasos, uno los encuentra solo cuando los anda buscando, de otra manera, pasan desapercibidos entre el alboroto del Centro o alguna calle perdida de una colonia olvidada.
Son los reparadores, los más solicitados de antaño, quienes ahora sobreviven en una jungla de consumismo voraz y capitalismo salvaje.
En tiempos donde “lo nuevo” es sinónimo de poder adquisitivo, llevar a arreglar un televisor, la olla exprés o unos zapatos, resulta casi irrisorio, ya que a veces sale más cara la reparación.
“Ya casi no vienen, porque es difícil encontrar las piezas originales, a veces se lleva mucho tiempo en la reparación o sale más cara que comprar uno nuevo, ahora ya hay pantallas muy baratas”, dijo un reparador de televisiones, rodeado de aparatos fabricados entre los 80 y 90.
Ahí, entre controles enormes, reproductores de cintas y grabadoras con casetes, el dueño prefiere no recordar los tiempos de bonanza, cuando no se daban abasto con los clientes, y se concentra en una tele “gorda” con antena.

Todo un arte
Calles más arriba está el Mercado Juárez, con su fauna muy particular, en donde caben piñatas, sombreros, pollos y recuerdos y, ahí, en el segundo piso, está Rafael Palomo rodeado de niños Dios de todos los tamaños.
Entre San Judas Tadeo y la Virgen María, el dueño de este negocio que va por la cuarta generación de reparadores, termina de pintar una de las figuras: lo hace con cuidado, muy despacio porque lleva prisa, el cliente lo está esperando.
“Los traen a arreglar por valor sentimental, prefieren componerlos a perderlos”, asegura Rafael, quien cuenta que su abuelo inició el negocio y ahora él lo está enseñando a su hijo.
Resulta curioso cómo los saltillenses optan por desechar la tecnología cuando se descompone, pero invierten tiempo y dinero en reparar las cosas que tienen un valor sentimental.
En esto coincide Salvador Badillo, tercera generación de relojeros, y agrega que sus clientes lo siguen buscando porque quedan muy pocos en Saltillo que reparen relojes finos.
“e han traído relojes de hasta 100 mil pesos, relojes muy caros y finos, sí se siguen fabricando pero ahora la gente ya casi no compra relojes, porque trae el celular; a mí me gusta mucho arreglarlos porque es un trabajo muy minucioso, es como armar un rompecabezas”, expresa.

Oficio que salvaría al planeta
Expertos calculan que tan solo durante este 2022, más de 5 mil millones de celulares serán desechados, lo que representa un gran problema para el medio ambiente.
Más grave aún: para el 2030 los residuos electrónicos alcanzarán las 75 millones de toneladas, y superarán las 100 millones de toneladas para el 2050.
Esto obedece a dos cosas: al deseo de obtener un modelo superior de tecnología, aunque no la necesitemos, y a la obsolescencia programada: los aparatos están diseñados para descomponerse en un corto periodo de tiempo.
Con las reparaciones, una parte significativa de ese desperdicio podría evitarse.
Es pura ‘pantalla’
El sociólogo Juan Carlos Centeno explica que la dimensión del problema tiene que ver con la exposición social del poder adquisitivo del individuo, de su necesidad de hacer saber al prójimo que tiene dinero para comprar el último iPhone, aunque no le alcance para ponerle saldo.
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Esto es parte del mercado neoliberal, esto es parte del capitalismo salvaje, donde nosotros no nos podemos limitar a una tradición, sino a una tecnología que nos preste un servicio mejor; esto es parte de la circulación del mercado, un mercado salvaje, donde los productos y servicios van a durar menos”, explica.
Sobre los oficios de reparadores en peligro de extinción, Centeno expone que aunado a la caducidad está la desmaterialización de los productos: lo que compramos ahora es un servicio, una experiencia, una marca, de ahí que la tecnología sea tan lábil y el cariño por el reloj del abuelo sea irremplazable.
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Creo que estos empleos de reparadores van a quedar como un anecdotario, de aquel señor que reparaba electrodomésticos, de aquel señor que pintaba el zapato, eso va a quedar en el anecdotario de finales del siglo 20… lo digital desmaterializó todo, lo analógico ya no existe, esos trabajos ya no tienen sentido”, detalla.
Ya no hacen las cosas para que duren toda la vida, antes se podía reparar una sala de caoba, ahora los muebles son de macopán; además, el norte de México está influenciado por la cultura norteamericana: esa sociedad de consumo, donde no hay quién repare las cosas, y si hay, es mexicano, chino o de otra nacionalidad.
El consumo agranda el distanciamiento social, asegura el sociólogo, mientras yo sí tengo el poder adquisitivo para comprar una pantalla nueva en lugar de repararla, no me importa que tú no lo tengas: la tecnología hace notable la diferencia económica.
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Sí, cada vez nos despersonalizamos más”, explica, “pero hay una sociedad polarizada: una sociedad solidaria versus una sociedad de consumo individualista, gente que sí cree en el otro, en la solidaridad, y gente que vive en el individualismo absoluto”.

Valor único
Resulta curioso cómo los saltillenses optan por desechar la tecnología cuando se descompone, pero invierten tiempo y dinero en reparar las cosas que tienen un valor sentimental.
Estrategia
Expertos consideran, que los celulares, relojes, pantallas o cualquier electrodoméstico, salen de la fábrica con una vida útil, que al llegar a su fin es más económico comprar uno nuevo, que repararlo, es ahí cuando los reparadores, sienten los últimos “latidos” de sus oficios.
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