Por Lizbeth Ogazon
‘Burócrata es un hombre bueno y leal que, preocupado por el derecho, no alcanza a ver nunca la justicia’. Rudolf Stammler
¿Y si rescatamos perros adiestrándolos como rescatistas?
Acabo de presentar esta semana una iniciativa para incorporar a los perros en situación de calle a la actividad laboral. No es la primera iniciativa que presento en materia de derechos de los seres sintientes y aunque estamos a décadas de lo legislado en países como Suiza, Alemania y aún Colombia, nuestro país ya empieza a sumarse a la tendencia a este reconocimiento de derechos. Entendemos por derechos los atributos que se reconocen a través de un querer vinculante autárquico e inviolable, de acuerdo a la definición de Stammler, –aunque esto presume un supuesto lógico previo a cualquier actividad y por tanto una extensión caprichosa del concepto “Derecho”–, nos otorga un punto de partida para analizar el problema que representa la sobre regulación jurídica cuando no se consideran las condiciones objetivadas a través de la óptica de las superestructuras culturales.
Los intentos para regular el reconocimiento de los derechos de los seres sintientes se encuentran a menudo distorsionados por la tendencia de alienación burocrática que centraliza y priva de sentido lógico a su aplicación.
Legislar sin tener en cuenta las estructuras culturales genera también que los motivos para aplicarla se conviertan en recaudatorios o sean pretexto para el cohecho.
La erradicación primero y posteriormente el albergue y destino de los animales en situación de calle han ido variando las estrategias para prevenir el impacto de su abandono: esterilización, identificación y adopción.
En Coahuila existen mas de 500 mil perros abandonados en las calles.
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