Por: Lizbeth Ogazon
“Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a Tribuna” Olympe de Gouges
El próximo martes 20, en el Congreso del Estado se van a develar las primeras letras de oro que llevan el nombre de una mujer que llega a ellas por su participación política.
La inscripción en letras de oro es un referente de la historia de Coahuila a través de los nombres y distinciones que nos permiten confirmar nuestra historia con orgullo y dejarlo como ejemplo para las generaciones que nos sucederán.
Ha sido por mucho tiempo parte del ritual nacional que permite construir la identidad a partir de una narrativa que como todo, estaba diseñada por y para el patriarcado.
Hasta este siglo 21, por primera vez vamos a reconocer a una mujer por su participación política, este acuerdo es en sí mismo un acto revolucionario que visibiliza nuestra lucha y hace evidente ante la simple comparación de géneros inscritos, la deuda histórica con las mujeres.
El movimiento sufragista mexicano nos permitió en 1953 el reconocimiento de nuestro derecho a votar como mujeres; ella fue una de las promotoras visibles del movimiento al que prestó también su elocuencia para exigir el derecho al voto femenino desde el foro en el Palacio de las bellas artes.
Promover el empoderamiento de la mujer y su participación en la política la llevó a ocupar la sindicatura del republicano Ayuntamiento de Saltillo y en 1961 a representarnos como la primera mujer diputada en el Congreso del Estado de Coahuila de Zaragoza.
El tratamiento por el que se refieren a mí en la representación que ahora ejerzo se escucha completamente normalizado, sin embargo; en aquel año era conocida como “la diputado”.
En esa dificultad de abrir camino encontramos el reconocimiento a la lucha de las primeras sufragistas.
Si bien es cierto que su participación política es la que nos llevo a proponer su reconocimiento, tuvo en el ámbito académico una labor destacada, egresando de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, así como de la Escuela Normal Superior; fue maestra en las Misiones Culturales Socialistas durante el Gobierno del General Lázaro Cárdenas en el Istmo de Tehuantepec, el valle del Mezquital y la sierra Tarahumara.
Fundadora de la escuela rural de La Angostura, la Escuela Nocturna para Trabajadores, hoy escuela de bachilleres Doctor Mariano Narváez, y la Escuela de Trabajo Social.
Con la tinta violeta que escribimos esta columna, la reconocemos como una de nuestras madres fundadoras.
Honor y gloria, compañera Guadalupe González Ortiz.
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