Coahuila
Hace 3 años
El domingo pasado en este mismo espacio se publicó una tesis inquietante: la violencia en Zacatecas, desatada en 2016 y sin final a la vista siete años después, obedece a un fin extractivo: la exploración de litio, que irónicamente inició también en 2016.
Tiene una explicación: conforme los homicidios dolosos fueron creciendo en la entidad exponencialmente, fueron desarrollándose los yacimientos concesionados ahí mismo a la empresa canadiense Organimax Nutrient Corp. Y el epicentro de ambos fenómenos: Fresnillo, a finales de 2022 y como colofón al conflicto, lideró la lista de los municipios con mayor percepción de inseguridad en el país, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública del Inegi.
Los últimos acontecimientos, la desaparición de un niño de 6 años en Villa de Cos, presumiblemente secuestrado, o el asesinato con arma de fuego de una niña de 4 años en Fresnillo, representan el grado de descomposición social que se vive.
Pero no brotó por generación espontánea. Es el control de una zona minera mediante tres fases: el terror inducido; la despoblación producto del desplazamiento forzado y la parálisis social por miedo; y la inversión con capital extranjero en tierras previamente intervenidas con ayuda de grupos paramilitares. Presuntas disputas territoriales entre grupos del crimen organizado.
En Coahuila sucedió lo mismo, a propósito del gas shale. En las postrimerías de 2012, cuando lo peor había pasado, incluida una masacre sinsentido en Allende y un kafkiano campo de exterminio dentro del penal de Piedras Negras, regiones ubicadas en cuencas ricas en hidrocarburos, se formó un clúster para canalizar el tema que durante 2013 y 2014, con la Reforma Energética entonces aprobada, pretendía organizar el juego y repartir las fichas. Ya se frotaban las manos.
En el caso de Zacatecas la “fase 3”, los dividendos, se adelantó sin concluir siquiera la “fase 1” del terrorismo. Se invirtió el orden.
No hay casualidades ni coincidencias. La respuesta está en el subsuelo. Durante las pasadas vacaciones decembrinas, esas fechas del calendario que históricamente utilizan las legislaturas y administraciones públicas para deliberar asuntos controversiales cuando no hay nadie observando, la delegación federal de Semarnat en Zacatecas resolvió nueve proyectos, entre el 15 de diciembre y el 4 de enero de 2023, lo cual de entrada es absurdo, pues ese periodo se consideró inhábil por decreto.
Se trata de dos obras a realizar en minas de plata, ubicadas en los municipios de Chalchihuites y General Pánfilo Natera, con una duración de 10 años, a cargo de las empresas Plata Panamericana, S.A. de C.V., y Arian Silver de México, S.A. de C.V.
Asimismo, extracción de materiales pétreos en 13 hectáreas del cauce del río Atengo, en Valparaíso, también durante 10 años. Y de manera indefinida, lo cual es sinónimo de vitalicia, fueron aprobadas otras siete hectáreas para la explotación de “minerales metálicos” en Villa Hidalgo, a favor de Minera Araucana, S.A. de C.V.; “exploración minera” en Fresnillo, sin especificar qué buscan, y otros 41 pozos exploratorios en el mismo municipio, en una superficie de 17 hectáreas, para Exploraciones Mineras Parreña, S.A. de C.V. Estas últimas dos razones sociales pertenecientes al mismo dueño.
Otros dos proyectos a favor de una sola persona, Jerry Lynn Christman, ciudadano estadunidense de Minera Cerro Gregorio, S.A. de C.V., en el municipio de General Francisco R. Murguía, y finalmente ahí mismo uno más para Laguna Mills, S.A.P.I. de C.V.
Los tres últimos consisten en “exploración minera directa” en vastas extensiones de superficie, sin especificar de qué se trata.
Aunque los nueve proyectos fueron ingresados entre agosto y noviembre de 2022 a trámite, fueron despachados entre tinieblas y sin licencia social mientras el estado arde.
Cortita y al pie
Todo cae en manos del Gobierno federal: autorizaciones, otorgadas por Semarnat; explotación, vía la empresa estatal Litio para México; seguridad, asunto exclusivo de la Guardia Nacional; hasta el Gobierno de Zacatecas y el municipio de Fresnillo son mandatados por Morena y un Monreal, respectivamente.
La última y nos vamos
El vecino, separado solo a 120 kilómetros de Saltillo, es el ejemplo de todo lo que está mal en el país. Si bien una mano invisible germinó la semilla, la incapacidad para resolver el problema tiene denominación de origen y emblema color guinda, seis letras componen su nombre: Morena.
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