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Coahuila

La fortaleza de la moneda rusa

Por Federico Muller

Hace 3 años

No deja de sorprender el comportamiento poco previsible de las variables económicas, y todavía más, que algunas de ellas, ante entornos adversos, y por ende con proyecciones nada alentadoras en el mediano plazo, inexplicablemente, al menos para lo que dictan los cánones ortodoxos, hayan salido bien libradas; experiencias macroeconómicas que han relegado, por obsoletos algunos postulados teóricos, al ser rebasados por la cambiante realidad económica. Hechos que sin duda, en lugar de desanimar al investigador y/o académico, lo incentivan a continuar con sus quehaceres diarios; la investigación de frontera, que incorpora nuevos elementos a los planteamientos teóricos convencionales, es la senda indiscutible para la mejor interpretación de la realidad, y sin lugar a dudas, conociéndola mejor se podrán proponer modelos económicos prospectivos de mayor calidad, los cuales puedan funcionar ante eventos extraordinarios.

El conflicto armado entre Rusia y Ucrania ha sido un buen laboratorio y sinodal para probar la capacidad de resiliencia que tienen las variables macroeconómicas, y por supuesto las teorías que las manipulan, para responder exitosamente ante escenarios, como las economías en guerra. Después de la invasión rusa a la “colonia” de la extinta URSS, la Unión Europea, Estados Unidos e Inglaterra, acordaron sanciones económicas en contra del presidente Putin y su Gobierno, con el objetivo de aislarlo del sistema comercial y financiero global, y con ello “asfixiarlo” económicamente en detrimento del avituallamiento de sus tropas invasoras; por otro lado, las huestes del presidente Putin formularon estrategias para mitigar las consecuencias de las medidas punitivas.

Haciendo a un lado lo más trascendente, los daños morales y humanitarios causados por la industria de la muerte: la guerra, y solo desde la perspectiva financiera, se puede decir que paralelamente al combate armado, también se ha venido gestando una batalla de estratagemas entre los asesores occidentales y los burócratas encargados de la marcha de la economía exsoviética; las principales armas de ambos bandos han sido las teorías económicas. Los primeros las usan para acelerar la debacle, en cambio los otros para tratar de retardarla.

Al congelar las cuentas bancarias en el exterior del Gobierno y de los magnates rusos, y restringir las exportaciones e importaciones de la economía rusa, se pretende, al menos teóricamente y entre otras variables, que el precio del rublo (moneda rusa) frente al dólar estadunidense, pierda valor (depreciarse), al desvalorizarse induce a que sus habitantes tengan que pagar más rublos por la compra de bienes y servicios, esto provoca o induce el desencadenamiento de un alza de precios general, que reduce la capacidad de compra de los salarios y causa malestar entre la población. Baje la demanda, que viene aparejada con la caída de la tasa empleo, influyendo en la disminución de la recaudación fiscal del Gobierno.

Con una población inconforme por la carestía y una administración gubernamental con escasos recursos y endeudada, son factores persuasivos para alcanzar un acuerdo de paz entre los países en conflicto. En el terreno de los hechos, y dejando atrás lo que dicen los manuales de economía, en los primeros meses del combate armado el rublo se depreció ante el dólar, alcanzando un valor ínfimo, cercano a los 0.007 centavos de dólar. Todo parecía una victoria largamente acariciada por el bloque capitalista. Pero la reacción no se hizo esperar, aplicando también instrumentos del sistema capitalista para evitar el mercado informal, en que los ciudadanos rusos pudieran cambiar rublos por dólares, el Gobierno ruso exigió que las compras de gas y petróleo que hacían los países europeos, las pagarán en rublos. Asimismo, implementó un férreo control de cambios que evitara la desvalorización de su moneda.

Y como se mencionó al principio del artículo, sorpresivamente el rublo se levantó de la “lona” y cerró el año (2022) apreciándose alrededor de 1. 1% sobre el dólar. Años atrás, y sin que mediara un conflicto armado, Argentina y Turquía intentaron algo parecido que Rusia, no obstante sus monedas, peso y libra, respectivamente, cayeron estrepitosamente frente a la moneda americana. ¿Cuál fue la diferencia? Es muy probable que haya sido el régimen político ruso, que impuso medidas draconianas, y su población acostumbrada al sistema socialista represivo haya respondido dócilmente a los dictámenes del Estado.

 

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