Nadie puede negar que la tecnología ha avanzado a pasos agigantados. Las redes sociales, por ejemplo, se han convertido en una herramienta hasta cierto punto necesarias para la comunicación entre los seres humanos.
Nos permite estar enterados de cualquier acontecimiento porque la información “vuela” de manera vertiginosa sin importar donde hayan ocurrido los hechos.
La tecnología es buena, por supuesto que sí porque nos permite avanzar en muchas cosas; y si se le da buen uso a lo que hoy en día se tiene, será de gran ayuda.
Recuerdo cuando las calculadoras se fueron haciendo populares entre los alumnos, llegando a convertirse en necesarias para realizar cualquier operación matemática. Con el tiempo fueron casi imprescindibles; tanto que los estudiantes dejaron de “ejercitar” las neuronas tal y como lo hicimos muchos de nosotros.
Otra generación, no hay duda, de la que debemos sentirnos orgullosos.
Aprendimos a realizar operaciones sin necesidad de un aparatito que nos diera el resultado. Todo eso se lograba en la práctica, no de la noche a la mañana. Al empeño que poníamos y sin duda al trabajo arduo de nuestros maestros.
Aprendimos a competir entre compañeros. Algunas veces se gana, otras no, también lo aprendimos. Los ejercicios son buenos y siempre serán bienvenidos porque significan practicar para mejorar.
Más que las matemáticas, he de decirlo, lo que más me agradaba era cuando nos encargaban alguna composición. Tema libre o el que el maestro escogiera. Eran nuestras propias palabras, lo que se comprendía de lo que habíamos leído en clase.
Hace unos años, un maestro me comentó que les había encargado a sus alumnos un trabajo diciéndoles las reglas para su elaboración. Puntualizó en algo: Utilizar sus propias palabras. Lo que el profesor deseaba era despertar la imaginación del alumno.
¡Vaya sorpresa! del maestro al revisar, días después, los trabajos de los jóvenes. La mayoría, lo sacaron del internet. Lo imprimieron y lo entregaron. Así de fácil.
Parece broma, pero no lo es. Hay quien justifica hacer algo sin esfuerzo, como los jóvenes, por ejemplo, cuya excusa fue “para qué iban a hacer el trabajo si ya todo está en internet”.
Con el tiempo se aprende que no todo lo que aparece en las redes es correcto. Ni todo lo que ahí se anuncia es verdadero.
La investigación, el conocimiento, el seguimiento pueden ayudar a esclarecer muchas cosas que en un momento determinado se dan por ciertas.
La tecnología es buena, nadie lo discute, cuando se utiliza con moderación y para bien. Las redes sociales han ayudado mucho en la localización de personas, por ejemplo, pero no para evitar tragedias en jóvenes que se exponen sin pudor, sin recato, sin control alguno en las diferentes plataformas. Buscan nuevas emociones sin darse cuenta del peligro al que se exponen.
Jóvenes, casi niños, cuyo conocimiento que creen tener del manejo de la tecnología que está a su alcance, corren el riesgo de ser atrapados por vivales que se hacen pasar por chicos de su edad para lograr sus fines.
Los padres, desafortunadamente, en la mayoría de los casos ignoran la realidad que viven sus hijos y a los peligros que se enfrentan actualmente, aún sin salir de casa. Y es que la maldad existe, por lo tanto, hoy más que nunca debe haber más acercamiento entre padres e hijos.
Lo que para algunos los llamados RETOS pueden ser considerados una diversión, en realidad representan un gran riesgo para la salud y la vida de los niños y jóvenes que, sin medir consecuencias, se lanzan a participar en tan peligroso desafío.
¿Qué sucede con esos jovencitos? ¿Falta de autoestima? ¿Querer vivir en carne propia una “experiencia”? ¿Pretender mostrar un valor que no tienen?
Muchos creen que sumarse a las filas de los que promueven el mentado reto, es demostrar valor. Nada más absurdo, se necesita mucho más valor para decir NO a una descabellada y absurda idea surgida de mentes enfermas. Valor para aferrarse a la vida y mostrar respeto a sus padres, maestros y a sí mismos.
Ese debería ser el reto. El de mostrarse ante el mundo como seres valiosos y no como seguidores de gente malvada que solo pretende perjudicarlos, orillándolos a ingerir substancias que ponen en peligro su vida.
La tarea de los padres no es nada fácil; como tampoco lo es la de los maestros, la de las autoridades y la de la sociedad.
No debemos perdernos en el camino. Todos deseamos que nuestros jóvenes tengan un buen futuro, pero ese futuro se construye hoy. Recuperar o reforzar los valores es muy importante. Ese sería el gran RETO.
Más sobre esta sección Más en Coahuila