La historia de Eustolio Valdés Flores cuenta con episodios dignos de ser contados, tuvo la habilidad de ensalzar su relato y reunió un cúmulo de emociones y expresiones que le dieron calor y color a cada pasaje de su vida, que muchos saltillenses conocimos de este grandioso hombre de nuestro tiempo.
Eustolio Valdés Flores es un ejemplo de tenacidad y emprendedurismo.
Fue testigo y partícipe del crecimiento y desarrollo del Saltillo contemporáneo, el Saltillo en que nos tocó vivir.
Vino muy joven de su natal Arteaga, Coahuila, para emplearse inicialmente como dependiente de una tienda de abarrotes.
Lo conocí vendiendo jugos de naranja, sobre un improvisado templete compuesto por cajas de madera, donde colocaba el exprimidor para extraer el líquido al producto cítrico.
Luego nos sorprendió con su tienda de jugos, licuados, nieve y refrescos, denominada Xochimilco, en el ala exterior suroriente del Mercado Juárez. Inquieto comerciante como era, se instaló a un costado de la segunda centralita de autobuses foráneos que tuvo el Saltillo de mediados del siglo pasado, Autobuses Anáhuac, donde ofrecía nieve que él mismo elaboraba y productos de la región, sobre todo pan de pulque y dulces, entre otros comestibles.
Los Anáhuac cambian de domicilio, se colocan en Hidalgo y presidente Cárdenas, y hasta allá va Eustolio Valdés Flores para poner frente a esta central un restaurante en forma, donde ofrecía comidas calientes a los pasajeros y al público en general.
Viene la construcción de la Central de Autobuses sobre el periférico Echeverría sur, y por política de los camioneros concesionarios no le permiten instalar su restaurante dentro del edificio.
Él no ceja y logra un local en el nuevo mercado Perfecto Delgado, donde igualmente ofreció comida y refrescos a los viajeros.
Fundador de los Saraperos de Saltillo y gerente del antiguo Sistema de Agua y Drenaje de la ciudad. Su historia es muy larga de enumerar para tan corto espacio, pero sin ser político fue amigo de gobernadores y presidentes municipales. Tenía una vena increíble para dichos y frases célebres, así como chiste de toda naturaleza, de tal suerte que algunos gobernantes cuando los abatía el tedio (sensación de malestar o fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algo). O el hastío producto del cargo invitaban a su despacho a Eustolio Valdés Flores para que les alegrara el momento. Nunca abusó de esa amistad, pues fue un hombre, muy hombre y muy honesto.
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