Arte

Publicado el miércoles, 8 de febrero del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- A Omara Portuondo (La Habana, 1930), “La Novia del Feeling”, le cuesta decir adiós al escenario, pero, llegada la hora, lo hará con la gira mundial Vida, que la traerá de vuelta en marzo a la Ciudad de México.
Su hijo y representante, Ariel Jiménez Portuondo, comparte en entrevista desde Cuba que su madre, de 92 años, no quiere retirarse en realidad, pero su cuerpo ya ha mermado con la edad.
“ Pierde facultades para algunas cosas”, responde el productor musical.
“ Por ejemplo, tiene mucho problema para caminar. Mantiene su voz y toda su historia pero, claro, en un momento de la vida, de todas maneras va a tener que decir adiós, y qué más bonito que lo diga con el público en diferentes partes del mundo”.
El repertorio de la gira Vida, se extenderá hasta 2024 para recorrer Estados Unidos, Asia y Europa, contempla
Veinte años, la canción que nadie canta como ella y que nunca ha podido dejar de cantar desde que su padre,
Bartolo Portuondo, la llamó un día: “Omarita, siéntate aquí. Ven a ver si puedes hacer esta melodía”.
Si algo quiere la diva del Buena Vista Social Club de esta gira de despedida, según su hijo, es ser recordada como ella es, una mujer sencilla y modesta con sus canciones.
“ Mi mamá es una persona sencilla, tiene sus inquietudes y eso, pero es una persona muy sencilla. Lo que pide, lo más bonito, es que el público le brinde ese cariño de toda la vida”, añade Jiménez Portuondo.〞
Mientras su hijo atiende esta entrevista, la cantante ve la televisión, como suele hacer en su día a día por las mañanas, cuando desayuna y después de ducharse; luego sale a la calle si es que hay algo que hacer, como ir a los estudios de grabación.
“La Novia del Feeling” conforma con su hijo y su nieta una familia muy pequeña.
“ No le gusta la fiesta, no le gusta tomar, no fuma”, asegura Jiménez Portuondo. Aunque ella ha confesado que “le fascina el aroma a tabaco”, y, de todos, el de Pinar del Río le parece el mejor del mundo.
“ Es muy jocosa, cuenta chistes; chistes de doble sentido. Esa cubanía picaresca le queda”, describe su hijo, quien dejó su trabajo como buzo para ocuparse de la carrera de su madre como productor y representante.
Aunque Portuondo tiene su propia definición: “Yo soy sana, sabrosa y cubana”.
Antes de la despedida, Portuondo grabará este mes un nuevo disco con piezas que hizo muy famosas en Cuba, entre 1975 y 1980, pero ahora en versiones acústicas, y por ahí colocará una cumbia.
Mientras tanto, el disco Vida, que grabó junto a diversas voces, entre ellas las de Rubén Blades, Dionne Warwick,
Carlos Rivera, Natalia Lafourcade y Raphael, y no ha podido ver la luz a falta de un acuerdo con las disqueras.
Junto con la productora musical Gaby Moreno buscan una opción para sacarlo de forma independiente y que, por fin, pueda sonar.
Entre dos patrias
Portuondo nació pobre el 29 de octubre de 1930 en el barrio habanero de Cayo Hueso, la cuna del “feeling”. Es la segunda de tres hijos del beisbolista Bartolo Portuondo y de Esperanza Peláez, de ascendencia española y de familia adinerada, ambos con voces afinadas sin ser músicos profesionales.
“ Mi madre blanca fue abandonada por los suyos cuando decidió casarse con mi padre negro, pero concibieron una familia muy linda y unida, donde reinaba el respeto, la música y la alegría en las calles”, según le contó la cantante a Juventud Rebelde.
Fue Bartolo Portuondo, amigo del poeta Nicolás Guillén, quien le vaticinó a su hija: “Omarita, °tú serás una gran cantante! Vas a representar a tu país en muchas partes del mundo”.
El locutor y ferviente difusor del movimiento del “feeling”, Manolo Ortega, la presentó en la radio como “Omara Brown, La Novia del Feeling” porque cantaba en inglés y era la única mujer del movimiento abanderado por José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz y Frank Emilio Flynn, entre sus iniciadores.
El “feeling” perseguía hacer una canción distinta, íntima, “un refugio sentimental” con “armonías novedosas del jazz y del impresionismo francés”, según dijo Portillo de la Luz.
Portuondo ha perdido a muchos de sus amigos, mientras otros emigraron.
De los de su barrio solamente queda el coreógrafo Santiago Alfonso, un nombre asociado al Tropicana, el cabaret donde ella bailó muy joven con su hermana Haydée.
México, que le otorgó la residencia, ha sido para ella como una segunda patria, según su hijo. Vivió en el País entre 1989 y 1990, en Cancún, cuando se presentaba con un espectáculo en un hotel.
En esa época se produjo el encuentro con su entrañable amiga Celia Cruz, quien salió al exilio, sellado con un cariñoso abrazo.
En México, como parte de la gira mundial del adiós, cantará el 11 de marzo en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Durante su estancia en el País, del 8 al 14 de marzo, la cantante ansía encontrarse con Rivera y Lafourcade, además de Regina Orozco.
“ Yo ni pondría en la despedida a México porque México es muy cercano”, dice su hijo. “Omara se despide en realidad de muchos países que están lejos, pero si tiene salud y ganas, México es una razón para residir y trabajar. Es como su patria”.
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