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El Presidente engañado y manipulado

Por Salvador García Soto

Hace 3 años

Hace ya rato que el Presidente de México se desconectó de la difícil realidad que viven los mexicanos durante su mandato.

A fuerza de repetirse en su cabeza y en su discurso de cada mañana que “todo está bien”, que “vamos muy bien”, que “estamos transformando al país”, “que no somos iguales”, que “ya no hay corrupción”, que “pronto tendremos un sistema de Salud mejor que Dinamarca” y que la violencia y el terror del narcotráfico que están viviendo millones de mexicanos “son un invento, exageración y amarillismo de los medios para atacarnos”, López Obrador acabó por creerse sus propias mentiras que repite hasta el cansancio para convencer y engañar a sus fieles, como buen político mitómano y exponente de la demagogia populista de la posverdad.

Pero no es solo el Presidente el que se autoengaña y autoconvence de que su Gobierno está siendo un parteaguas histórico, a pesar de todo los indicadores negativos que arrastra su gestión; buena parte de ese engaño lo cometen también sus colaboradores más cercanos, los que, ya sean del Gabinete o de su staff, le ven todos los días muy temprano y le adulan, le mienten, le ocultan información y le deforman y aderezan las noticias y las opiniones en los medios y las redes sociales, todo para que el líder máximo no se enoje, no se ponga de malas y no haga rabietas, pero sobre todo no se entere de que, más allá de Palacio Nacional y de la burbuja que lo mueve en sus giras por los estados, hay una República lastimada, asediada, enojada y harta de tantos problemas sin resolver.

Primero, en su reunión con el Gabinete de Seguridad, que todos los días encabeza a las 6 de la mañana, y que hasta ahora no ha servido para frenar la inseguridad y la violencia criminal en amplias franjas del territorio nacional, López Obrador recibe un “reporte de incidencias” filtrado y suavizado en el que se le exponen, sí los principales hechos relacionados con la actividad delincuencial del narcotráfico, pero no necesariamente para reportarle soluciones, golpes contundentes contra los cárteles o la pacificación de territorios, sino simplemente para administrar y mantener el problema de violencia con acciones paliativas y reportes que convenzan al Presidente de que “estamos trabajando para resolverlo”.

Luego, después de que le presentan el repaso de los “asuntos del día” –que lo mismo pueden ser masacres, balaceras y muertes de civiles, cuerpos desmembrados, expulsiones de familias por violencia o reportes sobre feminicidios– todo tamizado y acomodado para no incomodar demasiado al Mandatario que al final escucha mecánicamente el reporte del horror y el dolor de familias y comunidades, el Presidente se pasa a su conferencia “mañanera” y en el trayecto entre la sala de juntas con el Gabinete de seguridad, el vocero Jesús Ramírez le va contando de los titulares en los medios, de lo que dicen de él o de su Gobierno las columnas y de las críticas y cuestionamientos en redes sociales.

Es en esos escasos 10 o 15 minutos en los que le dan un panorama breve, incompleto y las más de las veces manipulado sobre el panorama mediático y la opinión pública, que el Presidente saca los temas de los que luego disertará, divagará, predicará y vociferará en su conferencia.

Es como si a López Obrador, sus voceros y asesores lo acompañaran por ese pasillo como los managers a un boxeador que va a subir a tirar golpes, o como un toro de lidia al que, en ese breve lapso, lo pican, lo calientan y lo hacen salir a embestir sin ton ni son, sin claridad mental, con poca o mala información y con más hígado y espuma en la boca que argumentos o datos.

Eso lo hemos visto infinidad de ocasiones en sus “mañaneras” y lo seguiremos viendo en lo que le resta al sexenio porque este Gobierno decidió que su principal estrategia política y de gobernabilidad es el manejo de la información, la manipulación de la realidad y, sobre todo, la práctica de la posverdad en la que la realidad ya no es la que ven y viven los mexicanos, sino la que dicta y predica el Presidente desde su púlpito matutino.

Y ayer, de nuevo, el Presidente volvió a su eterno discurso de victimización, de mentir al decir que es “el Presidente más atacado de la historia después de Madero”, de chillar y patalear porque “todos los medios están en mi contra: la radio, los periódicos, las redes” (curiosamente casi nunca incluye a la televisión).

 

Notas indiscretas…

El domingo en su cierre de precampaña, al calor del discurso en su natal Torreón, Ricardo Mejía, lanzó una nueva acusación contra el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado.

“Hoy la mafia del poder moreirista controla lo mismo al PRI que al PAN, ya compraron a todo, con notarías, contratos, magistraturas y mucho dinero; pero también hay que decirlo, el poder corruptor de Rubén Moreira llegó hasta el dirigente nacional de Morena, por eso me cerraron la puerta”, dijo el candidato del PT al Gobierno de Coahuila.

No es la primera vez que Mejía Berdeja acusa de corrupción a Delgado Carrillo y ya había hablado de sus empresas y negocios con las candidaturas morenistas, pero ahora sugiere que el líder del partido oficial recibió dinero o fue corrompido por el coordinador de los diputados del PRI. ¿Sabrá algo Mejía Berdeja o estará hablando al tanteo?…

Los dados mandan Escalera. Subimos.

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