El frío me puso nostálgico y melancólico y me transporté a mi niñez y juventud, cuando grandes y chicos encontrábamos sana diversión en la pueblerina radio saltillense, donde desfilaban a nuestro juicio “los mejores cantantes de todo el mundo mundial”, originarios de nuestra ciudad.
Inolvidables eran las tardeadas en la casita que la familia del poeta Otilio González Morales tenía en la primera pendiente de la calle Hidalgo, en el barrio del Ojo de Agua, ¡mi barrio!, en donde vivieron un largo tiempo la madre del sacrificado político doña María de Jesús y sus hijos Héctor y Gudelia. Ahí se reunía gran parte del intelecto artístico del Saltillo de no hace muchos ayeres, ahí donde Jorgito de la Peña al piano entonaba canción de Agustín Lara.
Eran célebres las veladas literario musical de final de cursos del maestro Angelito Rodríguez y sus alumnos y su academia de canto Ángela Peralta, en homenaje al llamado “El Ruiseñor de América”, a través de los micrófonos de la legendaria e inolvidable XEKS, de don Efraín López Cázares. Una pléyade de voluntariosos hombres (pocas mujeres por cierto) sacaban todo su entusiasmo para deleitarse a sí mismos y al público presente en el pequeño teatro estudio de la Alameda Zaragoza, o bien, a través de los rudimentarios radios que había en casi todos los hogares saltillenses.
Sería largo enumerar a los estudiantes del bel canto. Recuerdo a Sigfrido López Cázares, hermano de don Efraín, dueño de una potente voz y una rara costumbre, se tomaba del pantalón por la cintura como si este se fuera a caer, o para tomar impulso en el famoso “do de pecho”, un modismo del canto para alcanzar la nota más aguada del tenor cuando se emite con la voz plena, sin utilizar la técnica del falsete.
Por el no menos pequeño escenario de la XEDE desfilaban cantantes de la talla de Pepe Galván, de oficio ferrocarrilero; Clemente Bárcenas, empleado del Bancomer; Delfino Cabello, de la Internacional Harvester. Alfonso Gamboa, dueño de una poderosa voz; el licenciado Camacho “Camachito”, empleado de la Oficina Federal de Hacienda; Villalobos, el cantinero del bar Primavera, y otros más que escapan a mi memoria. De las mujeres recuerdo a dos: Chela Flores y Socorrito Brondo. La XESJ no tenía teatro estudio, pero también daba cabida a buenos cantantes.
Otros cantantes de nuestro tiempo y espacio fueron el Bobby Herrera, quien imitaba a Agustín Lara; el zapatero Arturo “El Chato” Medina, del Ojo de Agua, quien era la pareja cómica de Clodoveo. Recuerdo a María Belén (folklorista), y Blanca Ureña. Carlos Corpus Zamora y Martha Élida Flores; Leopoldo Franco y Rodolfo Esparza, que cantaban en eventos públicos y privados; en muchas ocasiones los acompañaba Efraín Domínguez al piano. Franco hacía retumbar la láminas del vetusto Mercado Juárez de Saltillo donde era carnicero, con su portentosa voz.
Todos ellos desfilaron por los modestos micrófonos de la radio de antaño. Si me faltan muchos, esa es tarea para otra ocasión.
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