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Coahuila

La otra historia de Juárez -I parte-

Por Otto Schober

Hace 3 años

En una alusión a la actitud de Juárez en diversos hechos de la historia, importantes escritores han plasmado varias ideas, que bien merece la pena de ser analizadas y usted tendrá la responsabilidad de creerlas o no. Cuando en 1850 apareció el cólera en Oaxaca, en forma violenta, segando la vida de los habitantes, Juárez, quien había sido el más implacable enemigo de la iglesia, se confesó, comulgó y con los brazos cruzados tomó parte en una procesión pública, según lo escribió Mariano Cuevas en su obra: Historia de la Iglesia en México. Juárez, siendo presidente oficializó, como día de fiesta nacional, el día 12 de diciembre en honor a la Virgen de Guadalupe y que después de que le salvó la vida aquella famosa frase de “los valientes no asesinan”, salió huyendo del palacio de gobierno de Guadalajara, rumbo a Manzanillo, Colima, pero fue alcanzado de nueva cuenta, en Acatlán, Jalisco por sus enemigos, se refugió, sin lentitud alguna y todo temeroso, en un templo católico del que fue sacado, por un cura de apellido Vargas, en una canasta pizcadora de maíz y burlando, de esta manera a sus enemigos. 

Desde que escaló los primeros puestos de burócrata hasta antes de ser presidente de la república, Juárez manifestó ser siempre católico práctico. Asistía públicamente a procesiones con los brazos en cruz y musitando oraciones tras el santísimo sacramento; no sólo eso, exhortaba a los trabajadores de Oaxaca a que hicieran penitencia y se confesaran y comulgaran para implorar el auxilio divino y se dirigía por escrito a los ayuntamientos oaxaqueños, siendo gobernador, recomendándoles que exigieran a los fieles cristianos el pago exacto a la iglesia de los diezmos y primicias, según Celestino Salmerón en su obra Las grandes traiciones de Juárez. Sigue diciendo Salmerón que: Juárez, con las leyes de reforma, ninguna separación de poderes hizo, sometió brutalmente a la iglesia al poder del estado, cosa que no es una separación, sino una sumisión de la primera al segundo. Intentó organizar una iglesia católica mexicana, una vez que consiguiera separar al clero de la obediencia de los obispos. Para tal objeto, Juárez, en 1859, colmó de poderes al padre Rafael Díaz Martínez para organizar la iglesia deseada, cuyo jefe o Papa sería el presidente Juárez. 

No obstante el sonado fracaso que obtuvo, en 1868 “apareció una Iglesia mejicana dirigida por un comité laico”, teniendo como presidente al Lic. Mariano Zavala, magistrado de la suprema corte de justicia… Juárez no quería ninguna separación de poderes, sino una iglesia sometida a la voluntad y en la que él desempeñara el oficio papal de Enrique VIII o de Isabel de Inglaterra. Juárez hizo educar a sus hijos por sacerdotes católicos y, como dato anexo, cuando su secretario, el cubano Pedro Santa Cecilia, quiso casarse con su hija, solamente por lo civil, Juárez rechazó la proposición diciendo: “Mi hija es una joven decente y el matrimonio civil es un contrato de burdel”. Relato que registra Mariano Cuevas en Historia de la Iglesia en México.  (Extractado del periódico El Informador, del 23 de diciembre de 2000, de Lucio Vázquez)

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