Un año para recordar
En 1942 habrían de registrarse importantes e impactantes eventos en la ciudad, en el país y en el extranjero.
Al primer regidor del Ayuntamiento de Saltillo, Antonio Flores Barajas, aquel líder del sindicato de impresores, prensista de noche en el ya desaparecido periódico El Heraldo del Norte, y edil de día, le correspondió dar a conocer a los saltillenses la declaratoria de guerra contra las naciones del eje: Italia, Alemania y Japón, emitido por el presidente Manuel Ávila Camacho, al recibir la aprobación del Congreso de la Unión para que México participara en la Segunda Guerra Mundial al lado de los aliados: Francia, Polonia, Reino Unido, La Unión Soviética, China y Estados Unidos, pues los ejércitos del eje, Alemania, Italia y Japón, principalmente Alemania invadían la soberanía nacional al mostrar cierta hostilidad hacia embarcaciones mexicanas, lo que culminó con el hundimiento de los barcos petroleros Potrero del Llano y Faja de Oro.
Eso dio margen a la creación del Escuadrón 201, comandado por el piloto aviador coahuilense Antonio Cárdenas Rodríguez, que participó en algunas incursiones en la Segunda Guerra Mundial.
A propuesta del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, se hace la declaración que da paso a la creación de las Naciones Unidas, firmado originalmente dicho documento por los gobiernos de 26 países.
Se registra la peor matanza de seres humanos, el Holocausto o el genocidio, realizado por el régimen de la Alemania nazi contra los judíos de Europa durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Las víctimas eran transportadas regularmente en trenes de carga conducidos a campos de exterminio donde, si sobrevivían al viaje, la mayoría eran asesinados sistemáticamente en las cámaras de gas.
En Saltillo en 1942 se estableció la primera Agencia Distribuidora de la Cervecería Modelo, en la antigua casona de las angostas calles de Allende y Venustiano Carranza, hoy de Pérez Treviño. Jesús y Héctor Gómez fueron los primeros concesionarios.
Estos acontecimientos me llevan a recordar la fecha de mi nacimiento: 22 de marzo de 1942, y después me enteré de que mi padre Carlos Gaytán Villanueva burló la vigilancia del Centro de Salud, donde ahora es la Preparatoria Mariano Narváez, para sacar de madrugada sin pagar la cuota de recuperación a mi madre Estelita Dávila Aguirre y yo en sus brazos. Escapamos los tres por las polvorientas calles del Saltillo de hace 81 años.
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