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| Ikuji divide la infancia en tres etapas, cada una con sus características. Foto: Unsplash

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Ikuji: el milenario método japonés para criar niños disciplinados

  Por Grupo Zócalo

Publicado el jueves, 29 de junio del 2023 a las 15:51


Como la disciplina positiva, Ikuji se basa en reforzar la personalidad del niño y en evitar los castigos

Ciudad de México.- Un niño que no responde, que no tiene rabietas, que escucha y obedece a sus mayores… el sueño de cualquier padre. Eso sí, sin llegar al extremo. La obediencia ciega no es lo buscado. En Japón esta imagen se corresponde con la realidad e Ikuji es el responsable.

Este método milenario de crianza presenta similitudes con la disciplina positiva. Ambos se basan en reforzar la personalidad de los niños y elude los castigos, pero tienen también diferencias.

Los momentos de Ikuji

Ikuji divide la infancia en tres grandes etapas. La primera de ellas se caracteriza porque el niño es el centro de la casa. Lo más importante en los primeros años es que el menor se sienta querido e importante, y en este sentido, se conoce a este momento como la etapa ‘dios‘.

Entre los 5 y los 15, cae el ‘dios’ y se convierte en ‘criado‘. Los papeles se invierten con el objetivo de que los niños aprendan a hacer las cosas por sí mismo, y también las normas sociales –siempre desde el amor y el respeto que ya había en el primer momento–. La escuela toma un papel destacado en estos años para inculcar el valor del trabajo en equipo.

Y de los 15 en adelante, según Ikuji, el adolescente ya es tratado como un ‘igual‘, adulto responsable y consecuente. A partir de este momento, lo relevante es que encuentre su papel en la sociedad.

Abuelos, padres e hijos

El vínculo maternofilial es uno de los secretos del éxito de Ikuji. Son las madres quienes se encargan del cuidado de los hijos, ya que no es tan habitual dejarlos con los abuelos, niñeras o guarderías. Aunque la baja por maternidad es inferior en el país nipón, ambos progenitores pueden solicitar una excedencia para el cuidado de los niños hasta que cumplen un año y dos meses, cobrando una parte de su sueldo.

Otras medidas que favorecen la conciliación de los padres japoneses son algunos como estar exento de hacer horas extra, no trabajar de noche hasta que el niño cumple 5 años, o poder tener cinco días libres por enfermedad del menor.

Aunque los abuelos no suelen encargarse de cuidar a los nietos, sí que juegan un papel fundamental en la crianza. Según la disciplina Ikuji, es clave el inculcar el amor por sus mayores y por el resto de la familia desde los primeros años, por eso la relación entre abuelos y nietos es muy estrecha.

Tiempo y respeto

Si el amor es uno de los pilares de Ikuji, otro es el respeto (con una doble vía). Se trata a los niños de manera respetuosa, sin gritos y sin amenazas, mientras que se les enseña a respetar y ser educados con los demás desde muy pronto.

En esa búsqueda de que el niño aprenda a hacer cosas por sí mismo desde tempranas edades, la crianza japonesa se basa en dar responsabilidades desde pequeños, a la vez que aprenden a ser autónomos, para favorecer un trabajo colaborativo que cobra mayor importancia que el individual. Como resultado, los jóvenes se sienten importantes para la sociedad, útiles y necesarios.

Adiós a los castigos

Los padres japoneses son el ejemplo del que sus hijos aprenden y se toman muy en serio su papel. Igual que después aplicaría María Montessori en su metodología, los progenitores nipones no explican cómo hacer algo, sino que lo hacen delante de los niños, mostrándole los pasos a ejecutar, sin órdenes. Si no son capaces, vuelta a empezar.

Esto también se traslada al plano emocional. Al igual que en la disciplina positiva, en Ikuji se trabaja el validar las emociones, así como la escucha activa, desde muy pronto. Así es como los padres se convierten en guías de sus hijos.

A los niños se les explican las consecuencias de sus actos y se les corrige desde el cariño y el respeto. Así, asimilan la importancia de un comportamiento adecuado. No se le castiga sin móvil o sin salir, la peor mortificación para los pequeños es saber que ha decepcionado a sus padres o su familia.

  

Con información de El Debate

 

 

 

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