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Coahuila

El fin del ¡pajarito, pajarito, pajarito!

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Nos quedábamos embelesados (cautivados), viendo trabajar a don Rafael Martínez, “el monero” de la Plaza Manuel Acuña, quien mágicamente extraída de una caja de madera (la cámara fotográfica, “La minuta” original) los retratos de saltillenses y fuereños (que proceden de otro lugar).

Unos montados sobre el caballito de pasta, ataviados con trajes típicos que el monero poseía para tal propósito, otros con la famosa manta de fondo pintada con una imagen de la Virgen de Guadalupe y otros adornos florales, que eran el atractivo de los clientes.

Una manga de tela oscura era el conducto para que don Rafael introdujera su mano derecha, luego de tomaba la fotografía para revelarla mágicamente, luego venía el proceso del retoque, algunas eran en blanco y negro, otras se hacían con algunos toques de colores.

Ir al Centro y no retratarse era como perder el tiempo.

Pero tenía competencia el monero. De la Ciudad de México o de otras ciudades llegaban los fotógrafos ambulantes, que sin pedirte permiso disparaban el obturador (dispositivo mecánico de la cámara fotográfica para imprimir en el clásico rollo de antaño la figura) y luego abundaban las tarjetitas, invitándote a que fueras a equis lugar, regularme un hotel, donde se hospeda el fotógrafo para entregar tu retrato. Aún hay en la ciudad quién conserva este tipo de recuerdos de gente que se ve “en acción” caminado tranquilamente por alguna calle del Centro de Saltillo.

Pero don Rafael no era ambulante, tenía su foto-estudio fijo en la plaza Manuel Acuña, y se encargaba de acomodar correctamente al individuo o el sujeto a retratar cuidando todos los detalles, desde el acomodo del sombrero de charro hasta el sarape, para que lucieran muy bien en la fotografía. A los niños les llama la atención hacia la lente de la cámara con una zonajita (instrumento musical infantil), con el clásico ¡pajarito, pajarito, pajarito!, ¿bueno, era pajarito o era zonajita?  El pajarito sólo queda en la mente de nuestro tiempo, el monero pasó a mejor vida y la tradición murió con él.

Don Rafael y doña María Genoveva tuvieron 12 hijos. La mayoría de los varones Martínez Márquez aprendieron la fotografía al minuto o de agua, cómo le decía la gente, porque pensaba que con tan sólo enjuagar el papel fotográfico este ya se revelaba, sin imaginar todo el proceso químico que debería de llevar.

 

Las anécdotas

Don Rafael le pegó al gordo de la Lotería Nacional, con un número que muy pocos querían, porque estaba “salado” y porque identificaba a los homosexuales, el número 41, e invirtió en automóviles de alquiler.

Rafael Júnior, además fue boxeador profesional, dueño de una fuerte pegada. Una ocasión se enfrentó al campeón mundial Gallo, el regiomontano Clemente Sánchez, a quien en las primeras de cambio lo tumbó de un fuerte derechazo. El referi prolongó la contabilidad de los 10 segundos y le dio el tiempo suficiente para que Sánchez se repusiera. La pelea fue muy pareja, pues el campeón mundial sintió la pegada de Rafael y cuidó mucho que este no lo volviera a conectar.

 

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