Coahuila
Hace 3 años
Para nuestros amigos torreonenses,
Cornelio González Peña y José Alfredo González Reyes
•En cumplimiento con lo establecido la semana anterior, en esta colaboración nos ocuparemos de reseñar, basados en las crónicas publicadas en El País. The Mexican Herald y El Imparcial, como se dio, en junio de 1911, el viaje de Francisco Ygnacio Madero González entre Piedras Negras y Torreón. Antes de proceder a ello, sin embargo, debemos de responder a un cuestionamiento que nos realizara un lector amable preguntándonos acerca de las credenciales de aquel sujeto de apelativo, Manuel López, nombre muy adecuado para realizar ese tipo de acciones, quien lanzó diatriba y media en contra del estadista Juárez García. Una vez efectuada la indagación respectiva, encontramos que ese tipo era un católico ferviente, pertenecía al Partido Católico Nacional y se desempeñaba como “maistro,” calificarlo de maestro sería denigrar a quienes ejercían esa profesión de manera digna, en un colegio católico en Piedras Negras. Pobres de los chamacos quienes tenían a ese fanático como instructor. Pero, vayamos al tópico central de esta colaboración.
•Nos quedamos en que el tres de junio, el ferrocarril salió de Piedras Negras. El convoy estaba compuesto de “una máquina, un carro de equipajes, de dos coches de segunda en los que viajan doscientos soldados maderistas y dos pullmans en donde [iban] los periodistas y periodistas que [acompañaban] al señor Madero desde El Paso, de dos carros especiales destinados al señor Madero y su esposa, al señor su padre e hijos, a los señores [Venustiano] Carranza, [Eduardo] Hay y [Giusseppe] Garibaldi.” La parada inicial del tren se realizó apenas había caminado 18 kilómetros cuando arribó a la Estación de Río Escondido la cual,
•al igual que sus similares en “Félix, Nava y Allende, [estaba] adornada profusamente, [y] un gentío inmenso esperaba al jefe de la Revolución.” En Río Escondido, un joven de 18 años quien respondía al nombre de Vicente Sánchez hizo uso de la palabra asumiéndose como representante del Club Antirreeleccionista de Muzquiz. Entre otras cosas, refiriéndose a Madero, dijo: ‘Henos aquí, señores, frente al estoico defensor de los derechos del pueblo, frente al hombre de hierro que ha sabido derrocar a los tiranos opresores de la patria; henos aquí, señores, frente a los soplos divinos de la inspiración que han sabido remover los corazones oprimidos, despertar las conciencias aletargadas durante tanto tiempo y convertirlas en verdaderas llamas de libertad para quemar los antros de los maléficos genios que lo tenían sumergidos en la degradación y en la miseria. Vos, señor, habéis lanzado a los campos de batalla a defender vuestra idea, a pesar de que estaban comprados poderosos rufianes; vos os habéis lanzado a la lucha a reconquistar los derechos sagrados del pueblo; y os habéis puesto en unión de otros valientes al frente de la clase sufrida y habéis triunfado porque ella forma el verdadero pueblo que quiere llegar al puerto del triunfo hasta donde el piloto experto lo dirija por camino seguro y salvando los tropiezos de ahora. Sois el apóstol de los derechos del pueblo, el sublime redentor de la democracia y de las libertades…” El orador no tenia ni idea del largo camino que aun habría de recorrerse para que el triunfo realmente se consolidara. Ríos de sangre, incluyendo la de Madero, habrían de correr durante esa lucha. Pero, en junio de 1911, todo era jolgorio y hubo quienes no quisieron tomar el riesgo de que la comitiva no fuera a detenerse en su pueblo y optaron por aparecerse por ahí.
•Acorde con la reseña de El País, “de Allende fue hasta Río Escondido una comisión de la villa a saludar al señor Madero.” Los integrantes de ese grupo fueron incorporados a la gira y como parte de la comitiva que tenía como destino siguiente Allende. “En el camino, multitud de campesinos se congregaron para vitorear a Madero cuando pasara el tren, pero la manifestación más entusiasta, la que no ha tenido precedente hasta hora, fue la que [se dio en] Allende en donde al llegar, esperaba casi toda la población con música y en cuanto entró el convoy fue saludado con vítores a Madero, a Carranza y a la prensa.” Ahí, también, estaban “comisiones que [viajaron]con el mismo objeto [provenientes] de Villa Rosales, Gigedo, Zaragoza y Morelos.” Durante el acto celebrado en Allende, “hablaron los señores Carlos Bosque Jr. y Eliseo González, elogiando la labor patriótica del señor Madero quien contestó que todos los mexicanos están en la obligación de procurar la libertad de la patria.” tras de ello, prosiguió la marcha.
•Apenas se habían avanzado 65 kilómetros cuando se llegó a Sabinas en donde, según el recuento de El Imparcial, “cerca de mil personas, en su mayoría trabajadores de las minas, tributaron su homenaje al viajero. Francisco [Y.] Madero, Jr., salió a la plataforma de su carro especial y dio las gracias a los manifestantes. En sus observaciones, Madero se refirió brevemente a la situación que motivó la Revolución, dijo que debería de apoyarse a la nueva administración mexicana, cuyo objeto será implantar un gobierno liberal en grado superlativo.” Casi sin tomar velocidad, había recorrido 24 kilómetros, cuando la máquina del ferrocarril arribó a Barroterán. Ahí, fue sujeto a una recepción similar a la anterior, por lo cual, según la crónica de The Mexican Herald, Madero hubo de hacer acto de presencia en la plataforma de su carro y, además, de reiterar lo que ya había mencionado en los sitios previos, realizó un recuento general sobre la situación prevaleciente en el pasado y la que en ese momento se vivía. Finalmente, a las cinco de la tarde, el ferrocarril reanudó su marcha con destino hacia Monclova a donde llegó alrededor de las siete de la noche.
•En ese lugar, Madero fue recibido, en medio de los acordes de una banda musical, por oficiales revolucionarios y una multitud que no dejó de ovacionarlo. Posteriormente, conferenció con varios de los lideres de la localidad, pero hubo de interrumpir las reuniones ante los vítores de la población que demandaba su presencia. Salió a la plataforma de su carro y dirigió un discurso reiterando los conceptos que ya había vertido tanto en Piedras Negras como en Allende, enfatizando “la necesidad de lograr el desarrollo económico e intelectual del país bajo el nuevo régimen.” Asimismo, “habló al pueblo de escuelas, de la industria y del comercio.” Alrededor de las nueve de la noche, se reanudó el viaje con destino a la última ciudad que visitaría en Coahuila, Torreón.
•No se vaya a creer que aquello fue un dormir plácidamente hasta el arribo, a las cuatro y cuarto de la mañana, al llegar a la estación de Hipólito, había un grupo de ferrocarrileros prestos a expresarle su apoyo y admiración, lo cual se manifestó en las palabras pronunciadas por un joven de nombre Ernesto D. Cantú. A ese acto, se agregaron los doscientos hombres quienes integraban las fuerzas insurrectas que apoyaron a Madero bajo la dirección de Enrique Adame Macías. Con el dia iniciado desde temprano, alrededor de las ocho, la comitiva llegó a San Pedro de la Colonias. Parecía que conforme se adentraba en el país, la intensidad de las manifestaciones iba en aumento. En esa población, la recepción fue anunciada con una salva efectuado por mas de mil miembros de las tropas revolucionarias. Madero se apeó del carro y se dirigió a una tribuna levantada a distancia corta. Tras de escuchar varios discursos, el visitante se “trasladó al balcón de un hotel de otra parte de la ciudad. Costaba un triunfo abrirse paso entre la muchedumbre para poder escuchar las palabras de Madero… En todas las calles había banderas y arcos adornados.” Los oradores rivalizaban en verter elogios al líder revolucionario y uno de ellos exclamó: “Aquí está aquel loco, aquel demente, aquel fanático, pero aquí también se encuentra el defensor de nuestra libertad, el hombre que ha hecho despertar a México.” Al escuchar esas palabras, la multitud estalló en aplausos. Al agradecer las manifestaciones de apoyo, Madero enfatizó que pronto se efectuarían elecciones presidenciales bajo los principios de no reelección y sufragio efectivo. Bajo una estricta custodia, tomó la calle Zaragoza hasta llegar al Casino Olegario Molina en donde los notables del pueblo lo esperaban para ofrecerle un desayuno. En lo privado, Madero se encontró con su madre, hermanas y otros familiares quienes pasaron a ser parte de la comitiva que ahora se dirigiría a Gómez Palacio en donde, nuevamente, fue recibido con salvas, un coro de niñas entonó un himno y alrededor de seis mil personas le dieron la bienvenida. Así, trascurrió la mitad del día.
•Pasaba ya la una de la tarde cuando el ferrocarril hizo su entrada a Torreón. Antes de continuar, cabe apuntar que ahí, apenas veinte días antes, se suscitaron acontecimientos sangrientos, en medio de la expulsión de las tropas federales, cuando fueron asesinados 303 chinos quienes gozaban de poca simpatía entre la población como resultado de sus practicas comerciales monopólicas, lo cual no era justificante para que se cometieran los crímenes. Sin embargo, esa no era la única versión al respecto. Otras dos perspectivas circulaban, una era que las fuerzas federales habían almacenado una gran cantidad de armas y municiones en el barrio chino; la otra era que los chinos abrieron fuego en contra de las fuerzas revolucionarias al momento en que entraron a Torreón y aquello derivo en un enfrentamiento con el saldo trágico mencionado antes. Cualquiera que haya sido el motivo, el hecho provocaría una protesta del gobierno chino demandando una indemnización de tres millones de pesos, mismos que Madero, ya como presidente, terminaría pagando en 1912. Pero eso no era objeto de discusión en junio de 1911 cuando había que celebrar la llegada del líder revolucionario. Vayamos a las crónicas plasmadas en los tres diarios capitalinos mencionados en el primer párrafo de este escrito.
•Si bien el gobierno del estado y el Partido Antirreeleccionista eran los responsables del evento en Torreón, la logística de la recepción fue preparada bajo la supervisión del presidente municipal, Miguel Robledo, y el jefe de armas, Orestes Pereyra Cornejo. Media hora antes de que la comitiva arribara, en los templos de la ciudad se echaron las campanas a vuelo. A lo largo de las vías del ferrocarril se alinearon cerca de quinientos revolucionarios quienes le dieron la bienvenida. El ambiente era de festejo puro y “la comitiva [de recepción] pugnaba por entrar a la estación que se encuentra frente al Hotel Francia, extendiéndose la bienvenida al señor Madero en todo lo largo de la avenida del ferrocarril en el orden siguiente: Ayuntamientos de Torreón y Gómez Palacio, fuerzas de la plaza, cónsules extranjeros, cuerpo docente, la banca, la industria, el comercio, el Gran Circulo Mutualista de Torreón, la Sociedad de Tipógrafos y el pueblo.” En total, se estimaba una multitud que rondaba las veinte mil almas, la mitad de la población total de Torreón. “Madero saludó a todos en brillantísimos discursos. Las bandas tocaron el Himno Nacional y la artillería hizo salvas.” Como si aquello fuera el guion de lo que habría de ser ese tipo de recibimientos a personajes, sin importar en qué lugar del país sucediera, durante los años venideros, “las niñas de las escuelas, bajo la dirección de su maestro, cantaron una marcha acompañada de una gran banda. Una comisión de distinguidas damas recibió a la esposa del señor Madero, [Sara Pérez Romero]. Los profesores Mateo de León y Ochoa dieron la bienvenida a los ilustres viajeros en nombre del Ayuntamiento. Trescientas señoritas vestidas de blanco ofrendaron flores a la esposa del jefe de la revolución, en los listones blancos que llevaban se leía: Sufragio Efectivo No Reelección. La comitiva se dirigió al Hotel Salvador [este edificio ubicado en la esquina Sureste del cruzamiento de las calles Zaragoza Sur y Av. Hidalgo Poniente 7, fue construido en 1904 por encargo del coronel Carlos González Montes de Oca al ingeniero Federico Wulff. En 1996 fue declarado patrimonio cultural de Torreón.] Las demostraciones de apoyo continuaron durante toda la tarde y hasta que, a las nueve de la noche, se ordenó que era el momento de partir, con destino final la Ciudad de México, para de esa manera concluir una gira de retorno que resultó más que satisfactoria para las fuerzas revolucionarias. Todo apuntaba que la transición habría de realizarse de manera ordenada. Sin embargo, no se contaba con que las ambiciones de algunos generarían interrupciones severas, destacando las traiciones de Zapata y Orozco en el Plan de Ayala original y, por supuesto, la alianza de la curia católica y su monaguillo, el felón de apellido Huerta. Pero eso, en junio de 1911, no se preveía que fuera a suceder eso, y don Pancho pudo irse puebleando tranquilamente, en medio de los vítores, desde Piedras Negras hasta llegar a Torreón. [email protected]
•Añadido (23.25.119) Vaya decepción que se llevaron quienes buscaban venderlo como una alternativa a lo imperante. No resultó más que un ofrecido-queda bien con el jefe, en algunos lugares lo llaman de otra forma, al que le dieron con la puerta en la nariz.
•Añadido (23.25.120) Nunca en la historia del país, ni aun en las épocas peores, se había tenido un gabinete presidencial integrado por personas con tan bajo nivel político-intelectual. Entre los actuales hay algunos que, en el pasado, ni siquiera hubieran sido aptos para desempeñar el cargo de jefes de departamento.
•Añadido (23.25.121) ¿En verdad habrá quien se crea las cifras que arroja el INEGI sobre la tasa de inflación? En caso de que lo hubiera, ¿debemos de felicitarlo? por conservar ese candor que se aproxima a otra cosa…
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