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Coahuila

Los primeros distribuidores de cerveza

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Al presidente dictador Porfirio Díaz debemos la introducción de la cerveza en México. Intentó eliminar el gusto de los mexicanos por el pulque, no lo logró. Calificaba esta bebida de vil y pestilente. Era la que consumía la llamada despectivamente “clase baja del pueblo”. El aborigen oaxaqueño se creía francés.

Don Porfirio no pudo imponer la costumbre del champán, pero a través de una de sus obras máximas, el ferrocarril, permitió que México se convirtiera en el más cervecero consumidor del continente. De acuerdo con datos del Inegi, en México el consumo de cerveza arroja números altos: en 2019, semanalmente un mexicano bebe 1.3 litros de esta bebida alcohólica y 68 litros por año. Otras cifras indican que el consumo nacional en el hogar es de 97 litros por año.

La primera cerveza fabricada en México fue Pila Seca, del suizo Barnard Bolgard, en 1845. Veinticuatro años después surgió la Cruz Blanca, de Emil Dercher; en el porfiriato surgieron otras marcas, y con el devenir de los años “podemos presumir” que somos los mayores productores y exportadores de cerveza en el mundo, no obstante nuestros pueblos sufran por la falta del agua.

En 1948, Urbano Flores Moreno fue el primer repartidor en bicicleta de la Corona en Saltillo, tenía 17 años. Los distribuidores eran Héctor y Andrés Gómez, en la esquina de Allende y Pérez Treviño, que luego sería una famosa mueblería.
Flores Moreno tuvo el privilegio de manejar la primera camioneta y el primer camión cuando las ventas se dispararon. Se vendía un promedio de 33 mil cajas mensuales.

Duró 47 en el cargo hasta su jubilación y luego siguió con el mismo giro, pues instaló una cantina cuya patente (permiso), como muchos otros, era propiedad del monopolio de los famosos hermanos Héctor y Andrés Gómez.
 
El negocio del hielo

Fue a mediados de 1700 cuando se popularizó el comercio de hielo fabricado a partir de nieve. Igual ocurre con las neveras, aunque de tipo rudimentario y sin electricidad. Antiguamente la gente se las ingeniaba para conservar el hielo el mayor tiempo posible. Ese inventó llegó a Saltillo con los señores Arizpe, los dueños de la famosa refresquera.

Los Gómez primero conseguían el hielo para enfriar la cerveza en la fábrica de los Arizpe de la Maza, que les surtían tres barras por semana, y obligados por las circunstancias de la gran demanda tuvieron que construir su propia fábrica de hielo; luego fueron los acérrimos competidores de los Arizpe, pero como la venta en Saltillo no era lo que esperaban, además no hacía tanto calor como en Monterrey, los Gómez optaron por ofrecer el hielo en la Sultana del Norte.

Lograron colocar hasta 42 toneladas diarias de hielo en negocios de Monterrey. Urbano y otro operador, de nombre Andrés Treviño, hacían varios viajes diarios cada uno en camiones de redilas, tapando el hielo con lonas para evitar que se derritiera.

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