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Coahuila

Torreón siempre puede… hacer ‘un Thomasson’

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

Luego de una decepcionante y fugaz carrera en la liga de beisbol nipona pese a llegar de Estados Unidos como superestrella, y ser en aquel tiempo el extranjero mejor pagado en la década de los ochenta, Gary Thomasson se despidió de Japón al cabo de dos años como un fracaso.

Mientras eso sucedía, un artista visual japonés, Genpei Akasegawa, se dedicó a coleccionar fotografías de lo absurdo, específicamente objetos urbanos inútiles que quedan como recuerdo de cuando alguna vez servían para algo. Así se le ocurrió hacer una analogía entre su improductividad y el deportista de moda, Gary Thomasson, y sarcásticamente bautizó el fenómeno con su apellido: un Thomasson.

En casi todas partes se pueden encontrar ejemplos de dichas anomalías arquitectónicas: escaleras abandonadas que conducen hacia ninguna parte; túneles que no atraviesan; puertas que se abren hacia el vacío; puentes que no cruzan; balcones inaccesibles para ser utilizados, por citar algunas.

Se trata de reliquias de construcción que nunca fueron retiradas de ciudades rebasadas por el tiempo y las circunstancias. Sin ningún propósito ni utilidad, hasta el punto de convertirse en una obra de arte vanguardista. Es el denominado “hiperarte Thomasson”.

Lo anterior viene a cuento pues una “manifestación artística” de tal magnitud se gestó en días pasados en la Comarca Lagunera.

Quizá el principal problema radica en el timing que tuvo el Municipio de Torreón: luego de una ola de calor mortal, donde por lo menos superficialmente permeó -como hace años no sucedía- el planteamiento de reforestar las ciudades del norte del país y sembrar árboles en zonas urbanas para disminuir la temperatura sobre las planchas de concreto y asfalto (reflejo de nuestra desnaturalización como sociedad, dicho sea de paso).

Como respuesta oficial surgió entonces “la gran idea”: en lugar de vegetación fueron colocados mojones de cemento marcados con el logotipo de la administración municipal, sin ton ni son, oficio ni beneficio, en camellones divisorios de circulación en los principales bulevares de La Perla de La Laguna. Uno tras otro.

Bolardos, les llaman de manera técnica. Pero en la práctica dificultan el cruce peatonal, afean el espacio, no impiden accidente alguno de tránsito, y tampoco son precautorios. Por si fuera poco semejan lápidas de cementerio gringo. Todo mal, en pocas palabras.

La obra pública costó al Ayuntamiento de Torreón, encabezado por el priísta Román Alberto Cepeda, 4 millones 565 mil pesos. Aunque, justo es decirlo, según la bitácora el valor total no contempla solamente ‘los Thomasson’, sino también otros elementos de imagen urbana “en diferentes puntos de la ciudad” que no son especificados en el proceso de adjudicación.

Cualquier cosa, vamos.

El “hiperarte Thomasson” fue encargado al contratista Elías Ortiz Garza, e identificado con el folio ML-014-2023 para iniciar el 3 de abril y concluir 180 días después, el 29 de septiembre del presente año.

Si bien se pagó con recursos municipales propios, y el responsable de ejecutar los trabajos había obtenido como antecedente un par de contratos más en 2022 durante la Presidencia Municipal del eslogan “Torreón ¡siempre puede!”, por 1.8 y 1.4 millones de pesos respectivamente, el gasto supera con diferencia la deseada inversión en áreas verdes, la cual apenas rebasa el millón de pesos en 2023 entre “plantación de palmas” (165 compradas en 522 mil pesos a Eloy Gómez Nava), y “reforestación de polígono de Centro Histórico” (pagada en 508 mil pesos por 240 mezquites o huizaches a Constructora Taka del Norte, constituida en Gómez Palacio a finales de 2018).
A todas luces insuficiente, por lo demás.

Cortita y al pie

Inclusive, para dimensionar, este año se ha pagado más por bancas (2 millones 749 mil 151 pesos por 200 piezas, contratadas a Luis Gerardo Mauricio Núñez), botes de basura (100 unidades por 661 mil pesos con el mismo proveedor), o una cancha de pádel construida por 2 millones 111 mil pesos en la colonia Campestre La Rosita (a cargo de Horizon Industrial, S.A de C.V.).

La última y nos vamos

Con base en lo relatado alguien podría concluir que a la fecha la infraestructura del Metrobús es otro Thomasson de Torreón. O que Agua Saludable para La Laguna está en vías de serlo.

Sin embargo la esencia es otra. Tras una serie de bolardos en apariencia intrascendentes, se revela un trasfondo más profundo: un Alcalde inmerso en la dinámica autómata de dejar huella material al costo que sea como legado político. A contrasentido de las necesidades y exigencias.
O mejor dicho: sin sentido común.

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