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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 19 de julio del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- “Hay música que ha tenido una gran trascendencia y continuidad en el ámbito popular: obras de Álvaro Carrillo, Guty Cárdenas y Agustín Lara, que se siguen cantando. Otras, en cambio, tienen una existencia efímera y responden más a los intereses de su momento y los ambientes donde les toca desarrollarse”, asegura el historiador Ricardo Pérez Montfort, quien acaba de publicar Intervalos. Ambientes y Música Popular Durante el Inquieto siglo 20 Mexicano, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica.
Es un libro que reúne una serie de ensayos sobre la historia de la música popular no más allá de la década de 1980.
Hoy en día, continúa el escritor, la vida cabaretera, por ejemplo, no tiene el mismo peso que tuvo en el México de los años 50.
“
Hay un contexto histórico, pero en este libro, además, trato de demostrar que los ambientes en los que se dan los fenómenos musicales también cambian y, a la hora de transformarse, o se consumen o trascienden”, sentencia.
Ricardo Pérez Montfort recuerda, entonces, el famosísimo Son de la Negra, que sigue vigente; data, por lo menos, del siglo 19 y apuntala los sentimientos de muchos mexicanos, lo cual pasa con algunos sones jarochos o también con piezas de la trova yucateca.
Sobre el hecho de que su propio límite para recorrer la historia de la música popular mexicana sea la década de 1980, Pérez Montfort explica que “lo que estoy queriendo hacer es historiar. Cuando una hace historia trabaja sobre los fenómenos del pasado”, algo que lo lleva a deducir también que la música popular contemporánea está marcada por una condición que se da absolutamente en el siglo 20 y a la que atañe “los cánones clásicos de la comercialización” y la voluntad de convertir la música popular en algo mercantil: que esta forme parte de un círculo de consumo en el que haya ganancias para quienes producen y distribuyen.
En el presente, él ve una especie de búsqueda y reivindicación del pasado: “Hay una revitalización del bolero y un intento de regresar al rock viejo mexicano. Las bandas han tenido un impacto y un impulso especial precisamente por su propio proceso de comercialización, pero también un abaratamiento y una disminución en su calidad musical”.
Si se quisiera comparar la música popular del siglo 20 con lo que se escucha en el presente, afirma, se concluiría que “todo tiempo pasado fue mejor”: pues se repiten esquemas en los que importa más el fenómeno mercantil que el de innovación artística.
Un ejemplo de esto puede ser Agustín Lara, quien, “al principio de su carrera fue un músico que aportó una buena cantidad de innovaciones, tanto en materia temática como de su lírica; hablar de frente, por ejemplo, de los amores prostibularios o su romanticismo de una poética bastante elaborada”, dijo.
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