Cada vez son más y avanzan como una plaga, a veces calladamente y otras no, pero ahí están, sin importar genero ni edad ni lugar. Aparecen cuando menos se les espera, rondan por las calles en vehículos y a pie, están en las escuelas, también están presentes en el trabajo, en la política y hasta en la familia. Es raro el lugar donde no están.
Son los gandallas, esos que con tal de llevar agua a su molino les vale pasar por encima de los demás por medio de engaños, la simulación, el cinismo y la vil mentira. Son quienes actúan de manera egoísta, aprovechándose de los demás, sin mostrar consideración ni respeto por los demás individuos ni por su entorno. Son los que buscan obtener beneficios para sí mismo sin importarle cómo afecta a los demás o a la comunidad en general.
Los gandallas son esos que abusan de la buena fe de sus semejantes, los que dan gato por liebre, los de la puñalada trapera, los que pican los ojos; son los que piden prestado lloriqueando necesidades extremas y que nunca pagan, que se ofenden cuando se les cobra y luego se jactan de no cumplir.
Por supuesto que hay de gandallas a gandallas. Desde el empresario que no le importa lo que miles de sus trabajadores no cobren su salario, que miente, que no da la cara, que prefiere anteponer sus intereses personales y financieros sobre los de toda una región. Pero también es gandalla la señora entufada que se mete en la fila de la caja para pagar afectando a unos cuantos. A final de cuentas ambos son gandallas
El típico gandalla siempre trata de sacar ventaja de situaciones en su beneficio personal sin importar si esto perjudica a otros o va en contra de normas sociales o éticas. El gandalla carece de empatía hacia los demás y no se preocupa por los sentimientos o necesidades de los demás, ignora el sufrimiento o los problemas que causa con sus acciones. Muestra poco respeto por las normas, las propiedades públicas o privadas y las opiniones de los demás y es irrespetuoso con los límites personales de otras personas.
El gandalla evade cualquier tipo de responsabilidad o culpa, siempre está buscando el momento adecuado para beneficiarse, incluso si eso implica manipular o engañar a otros. No toma en cuenta cómo sus acciones afectan a los demás y muestra indiferencia ante los problemas que sus comportamientos ocasionan a los demás. Un gandalla suele estar poco dispuesto a colaborar o trabajar en equipo ya que tiende a priorizar sus propios intereses por encima de los objetivos comunes.
El reino de los gandallas empieza en las calles, al meterse sin hacer fila, estacionándose en lugar prohibido, en doble fila, estorbando y sin importarles al sentirse los amos de la calle. Son esas señoras de las camionetotas, son los taxistas y los choferes del transporte público .
Gandalla es el político que dice amar a su comunidad, a la honestidad, al trabajo y la responsabilidad pero que se aprovecha del cargo para hacer jugosos negocios sin descuidar su futuro político, son esos mismos que chapulinean o se alían con sus rivales para seguir transando. Son también gandallas quienes compran los votos y se quedan con lo que tienen que repartir y cuando su candidato gana no cumplen con lo prometido. También lo son los servidores públicos déspotas, que abusan, que en lugar de servir a la comunidad, se sirven de ella con desprecio.
Son gandallas quienes practican el bullying, que agreden, que humillan con saña y no toleran que a ellos se les haga lo mismo, que se justifican como bromistas pero ignoran que la primer regla para hacer bromas es saber aguantarlas.
Son gandallas los vecinos que a altas horas de la noche tienen la música a todo volumen y les vale si vas de primera; son gandallas esos vecinos que tienen varios perros sueltos en la calle, que les vale que hagan destrozos y se ensucien donde sea, llenos de garrapatas, que agreden a cuanto cristiano pase por ahí, pero cuando alguien se atreve a reclamar, no solo les vale, sino que se ofenden y agreden.
Gandallas son quienes esconden su cobardía y frustración tras el machismo, que ofenden, someten y agreden a las mujeres, a los niños, a los ancianos, a la comunidad LGBT y a los más débiles. Son gandallas quienes saben que serlo no está penado por la Ley, pero ignoran que serlo solo es cuestión de educación elemental.
Por ello, el gandalla es quien solo piensa en sus intereses particulares, que hace lo que sea para su beneficio propio, que le vale y que no le importan sus semejantes, así empine toda una región. A final de cuentas es la derrota del bienestar común, la empatía y la solidaridad a manos del egoísmo, del cinismo y de la prepotencia.
Gandallas siempre han existido y seguirá habiendo, pero lo que no se vale es ser parte de ellos y más en los momentos que vive Monclova. De cada quien depende preferir ser gandalla, el del abuso del más fuerte sobre el débil, ser como quien tiene empinada a Monclova, o bien, ser diferente -mas nunca dejado-, ponerles un hasta aquí y decirles basta a los gandallas porque de lo contrario, quien calla, otorga y es cómplice.
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