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Publicado el sábado, 12 de agosto del 2023 a las 04:01
Ciudad de México.- El fallecimiento del arqueólogo del INAH Emmanuel Eleazar Reyes Estrada en Baja California Sur el mes pasado por un golpe de calor mientras realizaba labores de salvamento arqueológico, expone las condiciones de precariedad en las que opera el personal de la dependencia federal, cuya Comisión Mixta de Seguridad y Salud en el Trabajo ha permanecido sin instalarse por más de 15 años, según denuncia Alberto Herrera, representante de los investigadores y docentes del organismo.
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Por ejemplo, por Condiciones Generales de Trabajo tenemos el derecho y la opción a un seguro en caso de accidentes. Simple y sencillamente ese seguro nunca se firma. Supuestamente es para el personal de base, y cada vez que este es comisionado no está activa esa póliza, a pesar de que está en el Convenio de Prestaciones. Y eso es parte de la precariedad”, señala el también arqueólogo en entrevista.
Reyes Estrada, de 34 años, y ligado al INAH desde 2018 -institución que lo presenta en su esquela institucional como “colaborador”- formaba parte del Proyecto de Salvamento Arqueológico Energía Los Cabos, en Santiago, en el municipio de Los Cabos, Baja California Sur, y fue contratado por la empresa promotora del proyecto.
Dentro del INAH pertenecía al Capítulo 3000, esquema que priva a los profesionistas de reconocimiento como personal del Instituto y, por tanto, de prestaciones, a pesar de laborar directamente para la dependencia.
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Las formas de contratación en el Instituto”, critica Herrera, “hacen que sean contratados como prestadores de servicios, como si se tratara de plomeros o de alguien que desempeña algún otro oficio, y al final de cuentas no tienen ninguna seguridad social ni respaldo institucional.
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Y, por otro lado, en el caso de salvamentos arqueológicos, quien paga su sueldo es la compañía que está haciendo la obra de infraestructura.
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Eso es una forma de outsourcing, porque el Instituto no se está haciendo responsable del personal que le corresponde contratar, como trabajo profesional de arqueólogos”.
Herrera advierte, además, que tampoco dispone el INAH de un catálogo de riesgos de trabajo para el personal que labora en él.
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Hay custodios”, ejemplifica, “que están trabajando en zonas selváticas y no está considerado como riesgo de trabajo que les pique una víbora.
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Incluso ante el ISSSTE no se reconocen los riesgos de trabajo profesionales, tanto de la gente que está en oficinas como de quienes trabajan en campo o tienen un trabajo mixto”, añade.
Si derivado de un trabajo de campo se sufre un accidente no clasificado como riesgo laboral, esto limita la incapacidad total permanente, puntualiza.
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Y eso es muy grave”, pondera, “porque es una obligación patronal y no se está cumpliendo, a pesar de ser Gobierno Federal. Apenas van a integrar la Comisión Mixta de Seguridad y Salud en el Trabajo, después de 15 años que no ha funcionado”.
Son múltiples los riesgos e incertidumbres que enfrentan quienes preservan el patrimonio del País, subraya el arqueólogo.
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Alguien sale de comisión en la mañana, queda de regresar a las 18:00 de la tarde y muchas veces no se dan cuenta si regresó o no. øPor qué? Porque le falta la camioneta.
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Puede ser una inspección a 3 o a 5 kilómetros de distancia del centro de trabajo, pero también puede ser a 100 kilómetros. Eso es parte de la incertidumbre: las condiciones de inseguridad, el narcotráfico, incluso los riesgos naturales no son considerados cuando mandan a la gente de comisión”.
Esta situación, aclara Herrera, la padecen todos sus colegas, tanto el personal de base como el contratado bajo otro esquema, como Capítulo 3000.
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