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Coahuila

La ‘Nueva Tolerancia’ resultó ser una imposición

Por Eduardo Pacheco

Hace 3 años

Una de las características del sistema de Gobierno mexicano es que estamos constituidos como una república democrática; este término significa (entre otras cosas) que en las decisiones que se van tomando en el país se debe tener en cuenta la voluntad mayoritaria del pueblo; significa también que los planes, programas y políticas públicas deben estar direccionados a satisfacer las necesidades y reclamos de la mayoría de las personas que forman parte de la comunidad.

No obstante lo anterior, y aunque muchas personas consideran que la democracia es el mejor sistema de gobierno porque se atienden los deseos de la mayoría, también debemos precisar que el “solo hecho” de que la mayoría de ciudadanos se pongan de acuerdo en tomar una decisión específica, eso no garantiza por sí mismo que dicha elección sea la correcta.

A manera de ejemplo pondríamos el siguiente caso: supongamos que un profesor entra a su salón de clases y les dice a sus alumnos: “hoy tenemos dos opciones para elegir, la primera, ponerles un examen sorpresa y la segunda, tener una hora libre para actividades recreativas; ahora vamos a poner este tema a votación sobre qué es lo que queremos realizar”; el profesor reparte 30 papeletas para que cada alumno elija libremente qué es lo quiere hacer; una vez realizada la votación se cuentan las boletas y resulta que 28 de ellas están a favor de tener una hora libre y solo dos alumnos eligen tener el examen sorpresa; ¿fue esa una decisión democrática? Claro que sí, pero ¿fue la mejor decisión? Desde luego que no, porque lo mejor para los alumnos era aprovechar la oportunidad de mostrar los conocimientos aprendidos y detectar los temas a fortalecer.

De manera similar podemos compartir que en los últimos años se pusieron de “moda” las demandas hechas por algunos colectivos, reclamando “la tolerancia” sobre sus preferencias sexuales por ser distintas a las tradicionales y casi siempre presentándose a sí mismos como una población vulnerable, victimizándose y manifestando un discurso que primordialmente buscó generar sentimientos de empatía (por no decir lástima) para conseguir mayores ventajas sociales y políticas.

Habría que decir también que una buena parte de la población y de la clase política compró ese discurso y apoyó las causas de los llamados grupos vulnerables.

Sin embrago, dichos reclamos recientemente pasaron a otro nivel, porque dejaron el papel de ser víctimas para convertirse en victimarios, sí, porque pasaron de ser una población supuestamente discriminada a comportarse como su fueran una clase social privilegiada; ahora exigen tener un trato especial y que se les otorguen “posiciones” y concesiones aún por encima de las reglas generales que aplican al resto de la población; un ejemplo de ello son los nuevos libros de texto gratuitos de la llamada Nueva Escuela Mexicana, cargados de altos contenidos sexualizados y con un adoctrinamiento muy fuerte en el tema de la Ideología de Género que incentiva a los niños a despertar tempranamente su sexualidad. Desde los 6 años son invitados a que se involucren en los colectivos de la comunidad homosexual y en todas sus ciento diez formas de autopercepción reconocidas por la Organización de las Naciones Unidas, lo cual, definitivamente son temas que no corresponde enseñar a nuestros niños a tan corta edad, ya que los propósitos de la educación deben estar basados en conocimientos científicos y biológicos.

Afortunadamente el reclamo de muchos padres de familia se hizo sentir a lo largo y ancho de toda la República Mexicana; miles de padres y madres de familia manifestamos claramente nuestra oposición a la enseñanza de dicha Ideología de Género y para nuestra fortuna, tanto en Coahuila como en Chihuahua, las autoridades estatales respaldaron nuestra postura.

Sin embargo, como madres y padres de familia debemos advertir que la tendencia que tiene el sistema educativo federal a través de sus funcionarios, es la de buscar adoctrinar a nuestros hijos en ideologías que van orientadas a destruir su verdadera identidad, sobre todo al darse a conocer que los autores de dichos contenidos son personas que abiertamente promueven esa forma de vida “alternativa” y que quieren incrementar el tamaño de la población de esos colectivos, quienes por cierto, ya no solo piden “tolerancia” a sus formas de vida, sino que ahora buscan imponer (como por obligación) su estilo de vida a los niños mexicanos a través de las escuelas.

Estimado lector, una cosa es que cada persona tenga el derecho (yo diría la responsabilidad) de tomar las decisiones acerca de cómo quiere vivir su vida, incluyendo la parte sexual, pero otra muy distinta es que ahora pretendan imponer por fuerza a los niños, ese estilo de vida. Quienes en el pasado reclamaron tolerancia a su forma de vivir, hoy en día se convirtieron en los primeros intolerantes y no aceptan que existan mexicanos que pensemos de manera distinta a ellos. Vivimos tiempos en los que, quienes por décadas reclamaron la tolerancia al final del día se convirtieron en los primeros intolerantes.

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