Por: Alfonso Yáñez
A partir de la referencia por primera vez en el curso de economía política en 1896 la “ley de Pareto”, ha pesado en el escenario económico mundial, una ley empírica que recibe uno de sus nombres en honor a Vilfredo Pareto, sociólogo, ingeniero y profesor universitario francés-italiano.
Toda persona física o moral y todo tipo de sociedad pueden debatir el uso del principio del 80/20 en sus actividades cotidianas como estrategia para conseguir más con menos. El principio puede aumentar la efectividad y multiplicar la rentabilidad de las organizaciones como clave para elevar la calidad de los servicios y reducir los costos de cualquier naturaleza, para sortear las vicisitudes de la dinámica de la vida moderna, reconociendo la parte minoritaria de las causas que pueden conducir a la mayoría de los resultados.
Uno de mis libros favoritos es El Principio 80/20, El Secreto de Lograr Más con Menos, de Richard Koch, una obra sagaz que puede ayudar a una mejor concentración y no desaprovechar el tiempo; la gestión del tiempo no consiste en organizar las tareas cotidianas, sino en organizar las tareas cotidianas esenciales.
Actualmente la tecnología es un tema de la agenda cambiante global y es una de las razones de que algunos procesos hayan migrado de ser personalizados a virtuales; a pesar de que la tecnología favorece a la sociedad, ha superado los procesos que en su momento histórico tenían éxito, estableciendo que lo ideal sería una evolución que se adapte al momento, al tiempo y a la circunstancia, llevando el conocimiento efectivo al terreno de la empresa a través del principio para obtener mayores ventajas con menor esfuerzo.
El debate sobre la ley de Pareto, o principio 80/20 aplica a la operación de empresa, pero puede ser aplicada en forma universal.
El principio, tiene la dimensión de la eficiencia cuando obtenemos las cosas en forma completa con el esfuerzo mínimo; enfocarnos en el 20% más productivo, dedicándole el doble de tiempo y eliminando, en medida de lo posible, lo que no esté en ese porcentaje de productividad elevada. El desafío es encontrar el porcentaje de eficiencia que produce el 80% de los resultados y hacerlo en forma rápida y con el mínimo esfuerzo posible.
Por otro lado está la dimensión de mejora de vida para tener capacidad de identificar todo lo que es realmente importante en la vida de cada persona: el trabajo, las relaciones personales, los objetivos deseados, cualquier tema que sea un satisfactor. Es fundamental conseguir y mejorar lo que podríamos identificar como la poesía de la vida, para darnos cuenta de lo que verdaderamente nos importa, seleccionarlo y mejorarlo. El principio libera espacio para las facetas de la vida y conquistar tiempo, espacio y paz para los aspectos rectores de la vida. La eficiencia requiere del 20% o menos, que nos define como personas únicas, abriendo camino en forma individual. No hay límites para el esfuerzo o el tiempo que dediquemos a la mejora que encuadra en nuestras vidas; emplear el tiempo con enfoque de sostenibilidad, saber identificar los atajos y utilizar los equilibrios para la consolidación.
La felicidad es una obligación, debemos esforzarnos en lograrlo y al hacerlo colaborar con la sociedad para compartir ese deber fundamental de convivencia.
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