Seguridad
Publicado el martes, 19 de septiembre del 2023 a las 20:03
Torreón, Coah.- Se corrió rápido la voz, los trenes van a estar parados más tiempo y la noche está cayendo, los patios de Ferromex de Torreón no son seguros para pasar la noche, no hay luz y el miedo a un robo es solamente una de las muchas preocupaciones que se tienen en la mente, en especial de mujeres como Tiffany Gómez, a sus 22 años decidió salir de su natal Guatemala hace un mes, lo hizo acompañada de su pequeña Briana de 4 años, no le quedó de otra más que escapar de su casa un jueves y buscar el sueño americano como muchas de sus amigas y familiares.
La joven lleva una pesada mochila a cuestas, carga ropa de su niña, un par de cambios para ella, vendas y zapatos de repuesto, también lleva una botella con agua y papel higiénico que le regalaron en una iglesia católica de Tapachula, Chiapas; Tiffany no entra en mayores detalles sobre su vida en Guatemala, antes de que caiga el Sol tiene que salir de la zona de los vagones detenidos y buscar un refugio para migrantes.
“Hay mucha delincuencia, no podía quedarme allá con mi niña pues, mis padres fallecieron hace varios años y mi novio ya no me habló, se fue para Denver en el 2021 y no sé de él… Quisiera irlo a buscar y que me ayude, por eso viajo, allá no tengo nada”, cuenta la joven con sus labios resecos y la pequeña mano de su hija bien aferrada a la suya.
Unos metros adelante el grupo de migrantes se está moviendo ya hacia el bulevar Revolución de Torreón, salen pronto para buscar también un refugio, al menos una plaza para pasar la noche sin temor, son unas 40 personas que vienen de otros países como Honduras, Nicaragua y Venezuela, todos desconcertados por los trenes detenidos y la información de que ya no avanzarán hacia el Norte, ese grupo se separó de los más de mil 500 que se quedaron varados en los patios de Ferromex en Torreón; al igual que ellos, hay otros más desconcertados y preocupados por su falta de avance en todo el país.
La tarde del 19 de septiembre el Gobierno Federal, junto con la empresa ferroviaria, determinó parar el avance de los trenes hacia el Norte de México, en un comunicado se aludieron causas humanitarias y preocupación por la seguridad de las propias personas migrantes; esto los dejó con dos posibilidades solamente, regresar a su lugar de origen o seguir a Estados Unidos a pie, ambas igual de riesgosas y con un alto grado de complejidad, en especial si se va acompañado de pequeños o se tienen lesiones.
El Sol sigue ocultándose, en Torreón ya son las 18:30 horas y el grupo de 40 migrantes ya casi llega al bulevar Revolución, muy atrás van platicando en voz baja Ángel de 28 años y su esposa Mariel de 26, ambos delgados, y con mochilas que sobrepasan la altura de sus cabezas; el pasado 15 de agosto dejaron una zona rural a las afueras de Caracas para viajar rumbo a Estados Unidos, al llegar a México se montaron en el tren y han estado viajando desde entonces.

Mariel lleva el cabello teñido, tiene labios delgados y pestañas largas, su belleza es actualmente un arma en contra que ya le ha cobrado factura en el Sur del país,
“Antes de llegar a la Ciudad de México me quisieron violar, me pegaron entre tres y me arrancaron la blusa, si no hubiera gritado otra cosa iba a ser… Llegaron otros venezolanos que viajaron con nosotros y me ayudaron, porque a mi esposo le pegaron”, narra la joven.
Ángel lleva una herida en el ojo derecho, en aquella ocasión lo sometieron con un palo y lo dejaron casi inconsciente, afirma que las piernas y los brazos se le “doblaron” y no pudo más que escuchar los gritos de su esposa, luego recobró el conocimiento y lo ayudaron a ponerse en pie, no recibió ayuda médica, tampoco pudo declarar el crimen ante la policía; “¿Quién nos va a ayudar? Estamos solos”.
El grupo sigue avanzando con el tiempo en contra, es ruidoso, no se esconden, llevan niños pequeños que lucen exhaustos por tanto caminar, hace semanas que no duermen en un lugar apropiado, tampoco usan baños para hacer sus necesidades, deben de esconderse detrás de árboles o pedir en las gasolineras que les den permiso, a veces acceden, la mayoría de las veces no.
“Aquí es más seguro hermano, aquí nos quedamos hasta que arranquen otra vez, yo no voy a regresarme al Sur, Zacatecas, Guanajuato, allá está peor, aquí estamos en la gloria por así decirlo”, dice ilusionado uno de los jóvenes hondureños que van a la vanguardia del grupo, sus piernas son fuertes y lleva poca ropa, no revela su nombre pero presume su apodo, “me decían la Cobra en mi barrio”, porque juego bien al futbol.
Las historias se van alejando paso a paso, el Sol ya casi se ocultó, algunos se santiguan y otros más aferran sus manos al equipaje que llevan, “primero encontrar un albergue, a ver si nos regalan algo de comer para los niños, ya luego Dios dirá”, dice Tiffany Gómez de la mano de su pequeña, no han probado bocado desde el lunes en la mañana.
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