El pasado 17 de octubre a propuesta del presidente López Obrador, el partido Morena impulsó la desaparición de trece de catorce fideicomisos constituidos a favor del personal del Poder Judicial de la Federación; dichos fideicomisos estaban distribuidos de la siguiente manera: cinco en el Consejo de la Judicatura Federal, seis en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y dos más en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, fideicomisos los cuales representaban quince mil cuatrocientos treinta y cuatro millones de pesos.
Con la reforma presentada sólo quedaría vigente uno de ellos, el Fondo de Apoyo a la Administración de Justicia, ya que es el único que se encuentra contenido en la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación; ahora sólo falta que el Senado lo apruebe y sea publicado en el Diario Oficial de la Federación para que entre en vigor.
Al respecto habrá mucho que comentar, seguramente habrá opiniones a favor y otras en contra, dependiendo del cristal con el que se vea el tema y por supuesto, de los intereses personales y de grupo.
Más allá de cuál sea la postura de cada ciudadano, es necesario destacar la importancia que tiene el hecho de que la sociedad elija (o no) a las personas que estarán al frente de los cargos de elección popular, como es en el presente caso, la elección de los diputados federales y senadores de la República que es de suma importancia, porque derivado de la manifestación en las preferencias electorales es como finalmente se logra establecer la composición del Congreso en ambas cámaras; Es de todos conocido que el partido del Presidente cuenta con las mayorías necesarias para tomar estas y otras muchas decisiones resultado del sistema democrático actual.
Sin embargo, debemos analizar a mayor detalle este tema dadas las circunstancias especiales en las que se toman estas decisiones legislativas, porque lo hacen ver extraño (por decir lo menos) precisamente el tiempo en el que acontecen. ¿A qué me refiero? Pues a que habían transcurrido apenas unos pocos días después de que la Sala Superior del Tribunal Electoral confirmó que el presidente Andrés Manuel López Obrador y personal de Comunicación Social cometieron uso indebido de recursos públicos, promoción personalizada y difusión de propaganda gubernamental durante la veda de los procesos de Coahuila y el Estado de México del 2023 y tan solo unos días más se decreta la extinción de los fideicomisos anteriormente señalados.
¿Coincidencia? Pues en mi parecer no creo que se trate solamente de una mera casualidad, más bien pareciera ser la respuesta dura, contundente y violenta de un líder nacional que no está dispuesto a que un poder autónomo se desempeñe como tal en sus resoluciones.
¿Será este un hecho aislado? Definitivamente no, pues ya hace unos meses los mexicanos pudimos vivir una situación muy parecida en el pleito armado entre el Ejecutivo Nacional con el Instituto Nacional Electoral, organismo éste que sufrió los embates de un Presidente agraviado en su orgullo al no poder someter a su voluntad al árbitro electoral.
El Artículo 49º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que el Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial; además, ordena que no podrán reunirse dos o más de estos poderes en una sola persona o corporación, ni depositarse el Legislativo en un individuo, sin embargo, de facto estamos viviendo un tiempo en que lo que menos se logra apreciar es la división del Poder Ejecutivo y el control del Congreso a través de la mayoría representativa del partido del Presidente que muy bien ha sabido someter a su plena voluntad a los legisladores federales de su instituto político; pero además, podemos observar claramente la determinación del Presidente de someter al tercer poder que le falta, el Poder Judicial, ¿cómo podría lograr esto? Pues como ha sucedido con todos aquellos grupos, partidos, ciudadanos, empresas, entidades federativas, dependencias, etc., y todo aquel que sea puesto en la mira del Presidente y que merezca ser enemigo de su movimiento.
En lo persona estoy a favor de que se cuide el buen uso de los recursos públicos y de evitar los excesos en su ejercicio, pero me causa preocupación ver la manera en que el poder se ha ido concentrando cada vez más en la persona de un solo individuo, porque la historia nos enseña que es así precisamente como se van construyendo regímenes de Gobierno que, aunque en teoría son democráticos, lamentablemente en la práctica son verdaderas dictaduras.
Escrito está. La Biblia enseña en el libro de Mateo que un día le trajeron al señor Jesucristo un hombre que estaba endemoniado y Jesús le sanó de tal manera que ese hombre que anteriormente era ciego y mudo ahora veía y hablaba; toda la gente estaba atónita, y decía: ¿será este aquel Hijo de David? Más los fariseos al oírlo decían: “este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios”. Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”; Yo no sé si el Presidente conoce este pasaje de la Biblia, pero de lo que estoy convencido es que al menos si conoce y muy bien este principio, porque su estrategia ha sido ir dividiendo a sus enemigos, opositores o adversarios políticos a través de una de las estrategias que mejor le ha resultado: debilitarlos financieramente en el uso de los recursos públicos para condenarlos al fracaso operativo e institucional.
Por último, sería justo comentar que estas prácticas políticas no son nuevas ni tampoco exclusivas del actual partido oficial, sino más bien ha sido el pan de varios sexenios, porque lamentablemente es la misma clase política que aplica las mismas formas, es decir al más puro estilo de la vieja escuela, porque al final del día es una misma clase política que domina al país y que en muchas ocasiones simplemente se cambia de color y hasta de emblema, pero persisten las viejas mañas de un sistema altamente torcido y corrompido.
Es tiempo de que nuestra nación sea gobernada con inteligencia, con justicia, con prudencia, con responsabilidad social y sobre todo con decisiones basadas en la sabiduría que viene de lo alto, del único creador del universo.
Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.
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