Hace unos días, mi hijo Jerónimo quiso ver una película en Netflix llamada “La Navidad de Ángela, y resulta que esta historia nos cautivó no sólo a él sino a toda la familia. Este largometraje de 30 minutos, cuenta la historia de una niña que durante la misa de Nochebuena, se ve atraída por el niño Jesús del nacimiento, que no estaba cubierto ante tanto frío. Ella decide llevarse al niño Jesús del pesebre para arroparlo en su casa. Le habla al niño Jesús con un amor y con una ternura, y hace todo lo que esté en sus manos para darle calor.
Y es que desde que la vi, me recuerda el verdadero sentido de la Navidad. El profundo sentido de esta que es; abrir el corazón, estar atento a mirar la necesidad del otro, estar disponible para regalar algo de uno mismo desprendiéndonos de algo que queremos. Y es que llegamos a un diciembre movidos y también agradecidos por lo que tenemos y a quién tenemos. Llegamos al acontecimiento del Belén con la necesidad de ser arropados, amados, cargados por ese papá Dios e iluminados por esa luz, esa estrella que tiene días siendo nuestro faro de luz.
El Niño Jesús viene a hacernos ese llamado cómo lo ha hecho con Ángela. Nos habla al decirnos: arropa al que te ayuda, comparte comida con quién no tiene, llama a tu pariente que está en soledad, ora por esa persona que tiene el corazón endurecido. Jesús hecho niño viene a llamarnos en algo, quiere que le abramos el corazón para algo y nos ha venido hablando tanto este año con tantas sacudidas. Deja que te hable y grábalo en tu corazón sin apartar su mirada de tu rostro.
Dios quiere nacer y venir a llenar nuestra vida de dicha, de amor, de felicidad, de paz.
¿Que tengo yo para entregarle a este niño que viene a llenar mi vida?
¿Qué talentos tengo yo que puedan servir al Belén?
Hoy Quisiera compartirles este texto del Padre José Rugel, estoy segura que les conectará con una mirada nueva a este hermoso acontecimiento que estamos viviendo hoy y que nos servirá para tener un mayor recogimiento.
“Acuérdate de Belén. Ni en los peores momentos de nuestras vidas, ni cuando las cosas sean fáciles y tengamos todos los vientos a favor debemos olvidar el acontecimiento de Belén: el nacimiento en la carne del mismo Dios. Olvidarnos de lo que pasó en Belén sería nuestra ruina. La soberbia nos ahogará, las pasiones más bajas y escabrosas nos sofocarán, el maligno nos tomará como prisioneros de sus sucias garras. Si nos olvidamos de lo que Dios hizo por nosotros, nos olvidaremos de lo que valemos para Dios. Nuestro Señor no nos dio algo en Navidad, nos dio a Alguien, y ese Alguien es Él mismo.
Valemos tanto para Nuestro Dios, que fue capaz de abajarse tanto de nacer en un portal. El dueño del mundo en un portal miserable; el Rey de Reyes tiene como trono un poco de paja y heno, y por corte a unos animalitos. Tenemos que captar con nuestra fe el Misterio de Belén, el misterio de la humildad de Dios, el misterio de la locura del amor de Dios por nosotros. Cuánto tenemos que valer a los ojos de Dios, con qué amor nos ha de mirar Dios: Todo esto es Belén. Por eso no debemos nunca olvidarnos de Belén.
Cuando el mal y la maldad trate de hundir nuestra vida y el desánimo nos embargue, el miedo nos oprima y la tristeza nos atenace: Acuérdate de Belén.
Cuando nuestros vicios o nuestros antiguos pecados, ya perdonados por Dios, se quieran poner de pie y señalarnos el camino de la desesperanza y del pavor al castigo: Acuérdate de Belén.
Cuando nos sintamos solos, cuando todo el mundo nos abandone, no nos comprenda, o cuando veamos que no tenemos nadie en quién confiar a quien amar, cuando hablen mal de nosotros, cuando incluso los que creíamos más amigos nos traicionen : Acuérdate de Belén.
Cuando todo nos vaya bien, cuando pensemos que nuestras virtudes son más grandes que nadie, cuando el poco o mucho bien que hagamos pensemos que es obra nuestra, cuando nos sintamos dignos y nos olvidemos del cielo y olvidemos la humildad propia del cristiano : Acuérdate de Belén.
Nunca nos olvidemos de Belén. Allí nació nuestra Alegría y nuestra Esperanza, el remedio de nuestro pecados. Allí nació en una noche fría como la de hoy el Dios con nosotros, el Emmanuel, el que nos acompaña, el que nos guía; la mano que nos levanta o el brazo que nos sostiene para no caer; las manos que enjugan nuestras lágrimas, o que nos hacen comprender que todo nos lo da con su Gracia.
Porque en Cristo lo tenemos todo: un amigo, hermano, padre, esposo, alegría, paz, confianza, humildad, remedio, compañía, pero sobretodo y por encima de todo AMOR.
Todo eso es Belén, todo eso pasó en Belén una noche como esta. Así que nunca nos olvidemos de Belén, siempre tengamos presente en nuestra mente: Acuérdate de Belén.”
Tu puedes vivir una Navidad albergando un verdadero Belén en tu corazón. Prepárate y prepara tu corazón para vivir la mejor navidad: una navidad llena de él.
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