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Coahuila

Feministas A.C., la única fuerza política viva en Saltillo

Por Luis Carlos Plata

Hace 2 años

Donde todo era indiferencia o conformismo, un paseo de ovejas, llegaron las feministas a protestar el pasado jueves: “Déjenos elegir”, “Yo veo que el Estatuto Universitario no aplica para TODO$”, “No a un agresor”.

Donde todo era oficialismo y protocolo, un acto-informe donde lo más relevante se reduce a ver quién asiste y se sienta dónde y a lado de quién (en el caso de quienes ven el juego), y a saludar y pasar revista (en el caso de quienes juegan el juego), llegaron las feministas a protestar el viernes: “Justicia para las mujeres”, “Nunca más juicios interminables”, “Nunca más un Poder Judicial alejado de la gente”.

Así el candidato único a rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, y el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, fueron interpelados en la misma semana por mujeres organizadas, de frente (lo más cerca que pudieron estarlo, por lo menos).

Sin la cobardía expresada tras cuentas anónimas de redes sociales que usan cientos de resentidos para “bulear” desde el anonimato (que no la protección de datos personales). Tirar la piedra (o basura, según se vea) y esconder la mano. Redifundir contenido que confirme sus prejuicios y el sesgo cognitivo.

Pueden tener, o no, razón y legitimidad en sus demandas. Eso no está sujeto a discusión en este momento. Lo relevante radica en que ellas, ahora y antes, se han convertido en la única oposición al establishment y al statu quo en Coahuila, particularmente en Saltillo, son la única fuerza política viva en el horizonte.

No fueron verdes, amarillos, azules, naranjas ni guindas, más ocupados en estos momentos por repartirse candidaturas y pequeñas parcelas de poder. ¿Qué los hace diferentes, por lo demás?

No es por simplificar ni ofrecer un análisis facilón de lugares comunes y aplauso fácil, pero hemos llegado a un punto de homogenización después del partido único, aquella época en que todavía no habían sido puestos a prueba los demás institutos políticos.

La partidocracia es un corsé. Se pobló con esquiroles disfrazados de contras, enarbolando banderas de colores diversos entre sí para distinguirse de otros, como si representasen algo diferente, especial. Como si tuviesen algo qué decir.

Actualmente se quiere ser popular (mejor aún: viral) pero no se sabe para qué. El deseo es tener proyección y cuadro, la plataforma y caja de resonancia, aunque sólo sea para balbucear sandeces.

Sin que se entienda esto como que todo tiempo pasado fue mejor. Ya que eso, interpretado en sentido contrario, es resistencia al presente.

Para dimensionar, el menú para junio próximo es el siguiente: Lenin, el excandidato a Gobernador de UDC, quien decía en 2023 que no había PRI que dure 100 años ni pueblo que lo aguante, va en alianza con el PRI.

Y Morena, por su parte, quien acusó de traidor en 2023 con todo su aparato nacional de desinformación y propaganda, a Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja, lo alió en coalición.

Por qué deberíamos tomarlos en serio, o destinarles atención pública, si sus acciones insultan la inteligencia o sencillamente no se sostienen en la congruencia, ya no digamos ideológica, sino material.

En contraparte, poco a poco el feminismo ha trascendido de los feminicidios y casos de acoso sexual, de los tendederos físicos y virtuales, a otros temas más allá del 8 de marzo. Tienen intereses que descuadran el tablero: bienestar animal, salud reproductiva, transporte público, ciudades habitables, no sólo productivas, por mencionar algunas. No la política del tamaleo a la que estamos acostumbrados.

Cortita y al pie

En el extremo opuesto está Pacheco, quien, sin usar a partidos políticos como vehículo de acceso, ha fincado con Cristo Vive una estructura de soporte territorial nada despreciable para un civil en un municipio donde los candidatos oficiales y de oposición para ser tomados en cuenta deben provenir obligatoriamente del oficialismo.

Pueden ser cuestionables sus creencias y métodos, sin embargo atiende soterradamente desde hace años al Saltillo profundo; ese que no se ve desde los bulevares y calzadas, del cual pocos se han percatado.

Junto al feminismo, se trata de amplios colectivos que no se sienten representados. Más bien, excluidos del desarrollo.

La última y nos vamos

La protesta feminista, desde luego, no es un fenómeno exclusivo de la ciudad. Es mundial.

Cometemos el error de generalizar. En el término “feministas” caben colectivos variopintos, con diferentes fines; así como es erróneo englobar bajo la palabra “jóvenes” a quienes viven muy diversas realidades y lo único que comparten, como denominador común, es una determinada edad física (incluso con diferencias de décadas entre sí).

Qué sigue. Identificar a quien se quiera colgar de sus causas, y subirse a la ola por oportunismo. Avanzar.

 

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