Saltillo

Publicado el jueves, 28 de marzo del 2024 a las 03:50
Saltillo.- No son los mismos lugares de siempre, son los mismos ojos con los que los vemos; pero quizá, si ponemos a prueba nuestra imaginación –esa que todavía puede sorprendernos- podemos seguir maravillándonos con lo que Saltillo nos ofrece.
Hoy por fin, oficialmente para muchos, empiezan las vacaciones de Semana Santa, pero si es de los que no tendrá días libres, o no planea gastar mucho o no se quiere ir muy lejos, puede hacer un recorrido por la ciudad “con ojos de turista”.
El Centro Histórico ofrece fachadas espectaculares que bien podrían parecer escenarios sacados de Guanajuato, Querétaro o Zacatecas, con edificaciones que datan del siglo 18, grandes puertas de madera recién restauradas, cantera de la época prehispánica y majestuosas iglesias que poseen arte sacro de gran valor.
Su viaje puede empezar en la calle de Allende, disfrutar del Paseo Capital, asistir a las actividades del Viernes Santo en la Catedral y, si sube unas cuantas cuadras, presenciar el Viacrucis del Ojo de Agua, que año con año congrega a un mayor número de visitantes.
Durante el trayecto, puede ingresar al Museo del Palacio, Museo del Sarape y Trajes Mexicanos, Museo de la Revolución Mexicana, el Recinto de Juárez, al Museo Rubén Herrera, al Museo de la Catrina y al famoso Museo de las Aves de México, y sólo estos dos últimos tienen un costo de entrada de 150 pesos y de 80, respectivamente; los demás son gratis.
Una de las grandes ventajas de vivir en Saltillo, es poder acceder a bellos paisajes naturales a media hora de distancia, que mucho se parecen a las montañas italianas o algunas sierras europeas.
Ahí está Bella Unión, “pasandito” Arteaga, donde el agua corre en pequeñas cascadas que bajan apacibles por las acequias.
Con un terreno propio de los pueblos mágicos, este pequeño ejido posee un canal en donde los niños pueden sumergirse con cuidado, mientras los adultos instalan sus asadores para poner la carne asada y disfrutar de una hermosa vista a las montañas.
Más adelante, antes de la desviación a Los Lirios, está un entronque por el que uno puede acceder a uno de “los chorros”, por los que lleva su nombre este tramo de la carretera 57, en donde se pueden meter los pies y refrescarse un rato.
Lo único que se les pide a los paseantes es no tirar basura, no prender fogatas y tratar de pasar un rato agradable.
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