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Ve Damien Hirst pasar cientos de años en su nueva exposición

  Por Agencia Reforma

Publicado el viernes, 5 de abril del 2024 a las 04:00


Suma la galería Galguera obra del polémico artista inglés

Ciudad de México.-En el dedo meñique de la mano derecha, el galerista Hilario Galguera lleva consigo a todas partes una suerte de amuleto: un anillo con una piedra amatista, ovalada y rotunda, que le recuerda el pacto de complicidad que lo une con el más polémico de los artistas que representa.

Un regalo que muestra en la terraza de la galería que lleva su nombre en la Colonia San Rafael, en el recorrido para prensa de New Spot Paintings & A Hundred Years (Nuevas pinturas de puntos & Cien años), la nueva exposición de Damien Hirst, el controvertido y mundialmente famoso creador quien es, para él, también su artista amuleto y uno de sus más grandes amigos.

Con otro anillo de calavera en el anular de la misma mano -un segundo obsequio del artista-, lentes oscuros, pulcro y de riguroso negro, Galguera recuerda cuando, hace 18 años, un importante sacerdote de una prelatura de la Iglesia Católica se paró en el centro de una sala e, indignado, le espetó de frente: “En esta habitación se siente la presencia de Satán”.

Si ahora, en 2024, la obra de Hirst sigue escandalizando a ciertas conciencias, es fácil imaginar el revuelo que ésta causaba en 2006, durante su primera exposición individual en el país que, en febrero de ese año, declaraba inaugurada la naciente galería mexicana.

No ayudaba en nada para apaciguar las aguas, desde luego, que la muestra en cuestión llevara por título La muerte de Dios, Hacia un mejor entendimiento de la Vida sin Dios a bordo de la Nave de los Locos.

Tampoco que en ella se exhibieran, entre muchas otras piezas, uno de sus insignes tiburones sumergidos en formol con el título Ira Dei (La ira de Dios, en latín); un gabinete con cientos de píldoras manchadas de sangre llamado Corpus Christi (El Cuerpo de Cristo); un corazón rodeado con alambre de púas y perforado con agujas hipodérmicas, denominado Sacrum Cor Jesu (El Sagrado Corazón de Jesús), y el cadáver de cordero en posición de crucifixión titulado In Nomine Patris ( En el Nombre del Padre).

Advertido por un amigo sobre las reacciones que podría suscitar la exposición, Galguera había invitado al influyente sacerdote unos días antes de la apertura, en un esfuerzo por mostrarle que el arte de Hirst, con sus contundentes motivos religiosos y la dureza de sus imágenes, no era esencialmente sacrílego, pero la reacción del clérigo fue totalmente la opuesta.

Con la presión de la inauguración encima, ante la inminencia de un boicot por parte de la Iglesia que podría ser fatal para la exposición, el galerista se jugó su última carta llevando al padre a comer, para intentar convencerlo de lo contrario.

En el meñique de la mano derecha, sonriente -y no sin cierta picaresca-, muestra el símbolo de una discusión teológica victoriosa que, 18 años después, todavía le permite traer a Hirst a la Ciudad de México, en correspondencia con la magna retrospectiva que el artista inauguró el pasado 23 de marzo en el Museo Jumex.

En el centro de una de las salas de la Hilario Galguera, dos habitáculos de cristal contienen, de manera gráfica, literal y descarnada, a la vida y a la muerte.

En la primera de estas habitaciones, en un artefacto blanco se incuban gusanos que, al convertirse en moscas, podrán atravesar volando, por un agujero, hacia la segunda habitación. Ahí las espera una cabeza de vaca en descomposición que habrá de alimentarlas, pero, también, de manera fatal e inevitable, un aparato diseñado para electrocutarlas.

La pieza, Cien años, concebida en 1990, constituye un punto de inflexión en la carrera de Hirst (Bristol, 1965), y es la obra central de esta nueva exposición en la galería mexicana, que abre al público este viernes.

Finalmente, es el proceso de la vida: el nacimiento, el desarrollo y el estar, hasta la muerte”, señala Galguera en el recorrido. “Me parece que, definitivamente, dentro del arte contemporáneo, es la pieza que ejemplifica, de una manera muy directa y brutal, este concepto tan delicado, poético, podría yo decir”.

Habría entonces que analizar el hecho de que, en un principio, es una pieza que nos puede causar cierta repulsión, pero definitivamente ése no es el objetivo. Que eso suceda es algo también inherente al proceso de la vida; la vida no es fácil, es complicada, es dura”, abunda.

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