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Publicado el domingo, 18 de abril del 2010 a las 16:58
Valle de Bravo.- La Selección Nacional cumplió con la gente de Valle de Bravo y Avándaro, a la que le regaló la entrada a su entrenamiento vespertino.
Cerca de mil 800 personas disfrutaron de lo que nunca se ve por sus tierras. Fue una locura controlada, con buen comportamiento de la afición y con cerca de 200 elementos de seguridad.
El show se lo llevó Mario Carrillo, auxiliar de Javier Aguirre, quien trabajó la ofensiva mientras “El Vasco” lo hizo con los defensas. Carrillo aplaudía y manoteba, gritos y más gritos del ayudante técnico, quien despertaba los aplausos y el alboroto de la gente, pocos lo conocen, pero igual disfrutaron de un show aparte.
La gente tuvo que llegar desde temprano para iniciar con las filas que dieron acceso a las tribunas del estadio Bicentenario La Capilla. Nueve de la mañana, minutos más minutos menos. El premio por la desmañanada fue un lugar para dentro del lugar para ver a los ídolos.
Aquellos que se levantaron más tarde quedaron fuera y tuvieron que buscar acomodo en donde fuera. El tema de la seguridad de los jugadores ha sido prioridad en la pretemporada en Avándaro.
Al igual que en el hotel de concentración, calles antes del principal destino del Tri, la policía (municipal y estatal) cerró los accesos para controlar la afluencia de gente. Son retenes que no dejan pasar a la mínima orden para cumplir la principal exigencia de los dirigentes.
El estadio tiene menos de un año de ser abierto tras una remodelación que lo dejó listo para que el futbol regrese -Valle de Bravo tuvo alguna vez balompié de tercera división-. Esta cancha fue reinaugurada por el Toluca, pero desbordó locura con la visita de Cuauhtémoc Blanco, Guillermo Ochoa, Javier Hernández y compañía.
Sobre los techos de las casas vecinas, colgados en las rejas que rodean el lugar, cualquier sitio era bueno para no perder detalle de un evento que quizá no se repita. Ni el campanario de la capilla de Guadalupe, que le da nombre al estadio, se salvó de los aficionados. Fueron pocos los incidentes fuera de la seguridad, pero inmediatamente controlados por los policías, quienes de vez en vez echaban un ojito a la cancha y se emocionaban como los demás.
No sorprendió que los más aplaudidos fueran Cuauhtémoc y Ochoa, a quienes se les sumó “El Chicharito”, quien disfruta un gran momento con la afición. Terminados los ejercicios ofensivos y defensivos, los elementos tricolores sacaron balones que repartieron entre la gente como agradecimiento. Fueron tan pocos los esféricos a las tribunas, que Óscar Pérez y Ochoa aventaron los guantes. La Selección cumplió al darle vida a una cancha prácticamente desconocida para el futbol profesional y alegría a un pueblo muy alejado de sus grandes figuras.
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