Coahuila
Hace 2 años
Los Espinoza Pulqueros y estilistas de los de antes.
Junto a los Clarines, los Limones, Román Ruiz Ovalle, Crescencio Castillo, “La Víbora” y tantos otros, los Espinoza merecen hoy mi atención por ser una familia de pulqueros.
Don Feliciano Espinoza Román nos conformó con ser el mejor de su clase, sino que participó en concursos nacionales e internacionales y enseñó a sus hijos el noble oficio del barbero, el de la vieja escuela, profesional especializado en el cuidado de la imagen masculina, brindando servicios como cortes de cabello, afeitado, peinado y cuidado de barba. Además, consejero de estilo y de cuidado personal.
Los Espinoza Gómez (cinco mujeres y un hombre), fueron impulsados por don Feliciano para dominar el arte de la barbería antigua, (estilistas) para hombres y mujeres, así como el manejo de la imagen que poco se usa actualmente.
El señor Espinoza Román era originario de Bella Unión, paraje del municipio de Arteaga, al sureste de Coahuila, donde inicialmente trabajó en una de las fábricas textiles que ahí operaron hasta principios del siglo pasado, como agente de ventas, pero sorpresivamente se inclinó por la peluquería, actividad que abrazó con pasión hasta dominarla. Él casó con doña Candelaria Gómez Juárez y procrearon a Gloria, Hermila, Oralia, Romualda, Virginia y Juan, todos peluqueros, quien, como un gran maestro los instruyó para ser eficientes y limpios.
Don Feliciano adopta el oficio de un tío. Lo recuerdo siempre aseado, su bigote recortado, lo mismo que su pelo y su inseparable bata blanca, sobre una camisa alba y corbata, zapatos lustrosos y limpios en su famosa pulquería de Luis de Cepeda 579, esquina con calle Arteaga, en el antiguo barrio del Topo Chico.
Ahí duró 15 años, luego instaló una sucursal en la calle Abasolo y David Berlanga. En la primera comparte el trabajo con Juan y algunas de las mujeres, bonitas estas, por cierto, con unas finas manos que prácticamente eran una caricia cuando afeitaban a los varones. En el otro don Feliciano atiende a la clientela con dos de sus hijas, Rule y Hermila, dos espigadas y guapas chicas que eran dueñas de una extraordinaria habilidad y sensibilidad para el corte de cabello de hombres y mujeres, con un acabado suave y limpio. Se ofrecían otros servicios como corte y delineado de barba y bigote, tinte de barba y cabello, alisado de cabello, exfoliación, mascarilla y tratamiento facial
Durante 24 años laboraron Rule y Juan en un local de Arteaga y David Berlanga. Luego Rule se traslada a unos 40 metros hacia el norte y ahí por muchos años atendió con su hermano a la selecta clientela que siempre tuvieron.
Juan solía decir: “Dadme unas tijeras y un peine y moveré el mundo”, parafraseando a Arquímedes de Siracusa, “Dame una palanca lo suficientemente larga y un punto de apoyo, y moveré el mundo”, genio italiano extraordinario que estaba siglos adelantado a su época.
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