Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Cae en Matamoros líder de los ‘Ciclones’ La Cámara de Diputados rendirá homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas Netanyahu gana elecciones en Israel pero su bloque no logra mayoría, según recuento final Condenan a 28 años de prisión a exentrenador de taekwondo en Nuevo León por abusos contra una menor EU cierra puentes internacionales por narcobloqueos en Matamoros y Río Bravo

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

En mi viejo Terán

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 años

La primera zona de tolerancia que tuvo Saltillo, lugar de esparcimiento para los jóvenes del siglo pasado, como en algunas ciudades europeas, se encontraba en el primer cuadro, facilitando la visita de los clientes decididos a echarse una “canita” al aire.

Terán, que ahora lleva por nombre Dionisio García Fuentes, reconocido maestro, político e investigador coahuilense, era la principal arteria del comercio carnal.

Así lo recuerda don Jesús Rodríguez López, que en 1957 instaló ahí, precisamente en la esquina donde estuvo El Tívoli, su tienda de abarrotes. Antes ya había incursionado como comerciante en Terán, ahí mismo, pues vendía medias, cigarrillos, frutas y verduras a las señoras de la vida galante, a los cantineros y a los parroquianos que acudían al llamado “zumbido” de Saltillo. Dicen que ahí iban a parar todos los señores y jovenazos de la época de la más alta sociedad saltillense, luego de que concluían “los suntuosos” bailes del Casino de Saltillo y de la Sociedad Mutualista Manuel Acuña.

Terán, entre Pérez Treviño y Leza, callecita angosta que aún existe, era la principal arteria del concúbito, el baile y la ebriedad; el lugar de diversión de los saltillenses.

En aquella época casi era un pecado hablar de la calle de Terán, (a unas cuatro cuadras de la Catedral).

Los cabarets como El Cadillac, de Plácido Villanueva; El Columpio del Amor, de Gregorio Vélez; El Montecarlo, de Doña Carmen Lizama y Benigno Puente; El Huarachazo, de Arcadio de León, y El Tívoli, de Pedro Flores, María Zúñiga de Leos y de Aurora Sandoval Aguilar, eran los principales burdeles del lugar

En El Huarachazo, la orquesta era dirigida por Larry Chon, un desgarbado individuo que tenía una pierna más corta que otra, pero que tocaba con gran sabor “congalero” (prostíbulo).

 

La anécdota

Una madrugada, a eso de las 4 o 5 de la mañana, cuando los parroquianos habían abandonado el lugar, al punto ebrio Arcadio de León, el dueño de El Huarachazo, le pide a Larry Chon que le toque el Himno Nacional a ritmo de danzón. Larry Chon protesta y reniega, pues, aunque pareciera ignorante, no lo era, pero patriota sí, y le dice a Arcadio que no, porque a ambos los pueden enviar a prisión. “¡Tú tócala y que te valga!”, dijo Arcadio a Larry Chon, a la vez que invitaba a una de las muchachas aún ahí presentes a bailar el Himno Nacional en tiempo de danzón. No faltó un oficioso que corrió con el chisme a la prisión militar que se localizaba precisamente frente a la zona de tolerancia, donde ahora es el estacionamiento de la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado. El director del penal que era un capitán de apellido Negrete, envió a un “piquete de soldados” con la consigna de llevar preso a quien resultara responsable de tal agravio a nuestro canto patrio, pero de León que advirtió oportunamente la presencia de los militares, negó todo.

El periodista y poeta saltillense Jesús Martínez del Castillo escribió unos versos dedicados a la zona de tolerancia, que denominó En mi viejo Terán, donde describe en perfecta rima los lugares y personajes del antiguo centro de perdición y fornicio:

“Yo recuerdo aquellos tiempos que ya nunca volverán cuando la ‘zona’ se hallaba por las calles de Terán. Entonces, sí había negocio y había buenos cabarets. Yo recorrí esos lugares al derecho y al revés. Entonces yo estaba joven, tendría veinte años de edad, la vida se me ‘hacía un polvo’. Esa es la pura verdad. Las noches se me hacían cortas, paseando de lado a lado, desde donde estaba goyo, hasta el salón Montecarlo; me acuerdo de ‘La Pompeya’ y también de ‘Larry Chon’, lo mismo que de Zulema y del “Guarache Pachón’. En El Tívoli bailaba, después en El Huarachazo, y donde estaba Toribio me echaba un buen danzonazo. Luego me largaba a El Royal, para bailar con ‘La Santa’, siempre tan fina y tan pulcra, con olor a jacaranda. Diosito se acordó de ella, es mejor que así haya sido, digo mejor, porque al cabo, así sería su destino. En el salón Montecarlo había preciosas mujeres que, por unos cuántos pesos, nos brindaban sus placeres, allí conocí a Chavala, a Consuelo y a Leonor, y a la ‘Pícara Lechuza’ que fue mi grande obsesión, también me acuerdo de Irma, de Gloria, ‘La Diente de Oro’, de Alicia, linda morena que tenía de todo, una flor nació entre el fango y el fango la inoculó, creció entre el vicio y la escoria y su virtud se perdió. Su blancura parecía cual blanca margarita, armonioso era su cuerpo, se llamaba Paulita. Pasó el tiempo, llegó un individuo conocido como ‘El Chilo’, y empezó la decadencia del bullicioso ‘zumbido’. ¡Qué noches maravillosas! Las que me pasé en Terán, aquellos tiempos remotos ¡que ya nunca volverán…!

 

Notas Relacionadas

Se queda el IEC un año más sin presidencia

Hace 1 hora

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 6 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 6 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 6 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 6 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 13 horas

Confirmado y amarrado