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Coahuila

Y lo que nos falta por recorrer

Por Irene Spigno

Hace 2 años

Hace unos días, tuve la oportunidad, gracias a una entrevista que me hicieron, de reflexionar sobre muchos aspectos y momentos de mi vida: desde la infancia, pasando por la adolescencia, hasta la edad adulta.

Recordé cuáles fueron las razones por las que decidí estudiar derecho y especializarme en derecho constitucional y derechos humanos. La respuesta es quizás demasiado sencilla: siempre he creído que es posible construir un mundo mejor y que la justicia y el derecho son herramientas muy valiosas para conseguir este resultado.

Quizás este sea un objetivo demasiado utópico. O quizás no.

Todas las personas tenemos la posibilidad, en nuestra cotidianidad y desde las distintas trincheras en las que operamos, personal y profesionalmente, de dejar una huella positiva en las vidas de los demás y, por consiguiente, en el mundo.

Todas y todos podemos contribuir, aunque sea solamente con un minúsculo granito de arena. Pero no olvidemos que muchos granitos de arena tienen la capacidad de crear hermosas playas. Y no se trata de un granito de arena cualquiera, sino de “nuestro” granito de arena.

Nuestro, único, especial.

Querida lectora, querido lector: no, no te asustes. No tienes que cargar en tu espalda la gravosa encomienda de transformar el mundo. Hay personas que nos exigimos y presionamos mucho y que nos frustramos cuando no vemos los resultados que quisiéramos de manera casi inmediata.

Sin embargo ¿ya viste hasta qué punto has llegado? Justo conversábamos de esto la semana pasada. Observa cuántos cambios has generado en tu vida y cómo tú, sí, tú misma y tú mismo, has transformado tu mundo. Quizás no habrás descubierto la vacuna contra alguna enfermedad, conseguido un premio Nobel de la Paz o pensado en la más revolucionaria de las ideas.

Pero seguramente has transformado tu vida y la de alguien más y muy probablemente ni siquiera estás consciente de esto.

Las transformaciones son como icebergs: se ve solo la punta, que es la parte más visible ya que es la única que emerge de las aguas. Pero, como escribió el autor francés Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito”, lo esencial es invisible a los ojos.

Y en todos los procesos de transformación, lo esencial es la suma de tantos pequeños, casi imperceptibles cambios que se dan con voluntad y disciplina, bajo la firme convicción de que no importa tanto la magnitud de lo que hacemos, sino que lo único que de verdad cuenta es la intención que nos guía.

Cada uno de nosotros tiene el derecho y la libertad de decidir qué tipo de persona quiere ser, y así elegir y definir cuáles son las intenciones que guían nuestro camino. Y a ti, ¿cuál es la intención que te guía? Te invito a responder esta pregunta.

Yo no sé si lo he conseguido siempre, pero en todo lo que hago siempre me pregunto si lo que estoy haciendo (tanto en lo personal como en lo profesional) es beneficioso para alguien más.

Y si la respuesta a esta pregunta es positiva, ya estamos transformando el mundo. Estoy segura de que cada persona tiene el gran potencial de ser un agente de transformación en los tiempos que vivimos: ojalá aprendamos a tener conciencia de este gran poder que tenemos en nuestras manos y así podamos emprender, con más seguridad, confianza y responsabilidad, el camino que todavía nos falta por recorrer.

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