Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el jueves, 24 de julio del 2008 a las 15:46
Saltillo, Coah.- Siempre se ha considerado una persona feliz, aunque el problema de sobrepeso lo ha mantenido con algunas enfermedades que no le permiten realizar sus actividades plenamente. Hoy pesa 135 kilos y tiene la meta de bajar al menos 30.
Andrés González López está siendo atendido de una úlcera varicosa en su pierna izquierda, provocada por la mala circulación sanguínea que le atrajo como consecuencia la obesidad. Está por cumplir nueve meses con la complicación y se encuentra a la espera de una posible operación, en la que le será implantada una porción de piel.
Fue trasladado del Centro de Readaptación Social de Piedras Negras, en donde fue sentenciado a 10 años por delitos contra la salud. “Pedí mi traslado a Saltillo porque aquí tienen una mejor atención para mi enfermedad. En Piedras Negras no contaban con especialistas ni con el equipo suficiente”.
Comenta que durante el mes y medio que ha permanecido en el centro penitenciario de Saltillo, ha notado una mejoría considerable en su pierna, con lo que evitaría la operación que va más allá de los 10 mil pesos, dinero con el que no cuenta en este momento.
De acuerdo con Andrés, su condición física no le permite realizar muchas actividades, situación que se agrava con su enfermedad. “Ya sé que esto me lo he ganado por el sobrepeso, por gordo pues, pero espero que durante este año pueda bajar al menos unos 30 kilos, ya se verá qué dice la nutrióloga”.
Alejándose del trabajo, le es aún más difícil cubrir sus gastos médicos, pues la mayor parte de sus medicinas tienen un precio superior a los 500 pesos. Por ejemplo, para obtener las medicinas que Andrés tiene en sus manos, Derbisan y Microcyn, tuvo que desembolsar mil 200 pesos.
“Voy a pagarlas poco a poco, porque en el Departamento Médico del Cereso me van a dar facilidades. Lo más importante es la salud y estoy dispuesto a recuperar una vida saludable para el momento en que me reencuentre con mi familia”, comenta.
Y es que Andrés llevaba una vida tranquila en su natal Tecuala, en el estado de Nayarit, en donde actualmente se encuentran su esposa Norma y sus dos hijas de 13 y 17 años. “La de 17 ya está casada y hasta tiene un hijo. ¡Que la mantenga ahí su marido!, pero mi esposa y mi otra hija aún me necesitan”.
Apenas terminó la secundaria, Andrés dedicó su tiempo al taller mecánico de su papá, oficio que heredó junto con otros tres hermanos, quienes hicieron su vida gracias a la compostura de automóviles en donde se especializaron en cambio de aceites, cadenas de tiempo, carburadores, “entre otras mañas”.
Su esposa Norma se dedica únicamente al hogar, pues mantiene el apoyo de su familia. “Mi suegro trabaja en la Presidencia y nos está echando la mano con los gastos. Así es como hemos vivido en estos últimos años”.
Apenas ha cumplido tres años de su sentencia pero confía en obtener el beneficio de la pre liberación cuando haya cubierto al menos 7 años en el centro penitenciario. Lejos de su hogar, sólo espera que su familia no se canse de esperarlo, pues la vida le ha enseñado que las actividades ilícitas no le dejan resultados positivos.
“Mi esposa viene y de pronto discutimos. Me regaña porque me metí en malos pasos y a mí no me queda más que agachar la cabeza”, comenta Andrés, quien recibió la última visita de su familia hace tres meses, cuando aún estaba recluido en el penal de la frontera coahuilense.
“Ahora va a ser un poco más corto el camino, pero de todas maneras no siempre se tiene el dinero para viajes tan largos”, comenta, mientras con palabras como “vago” o “picarón” describe su andanza en el norte del estado.
“A veces no te va tan bien en tu profesión y tienes que buscarle por otro lado. Lamentablemente yo elegí el camino equivocado y aquí están las consecuencias”.
Las visitas se han caracterizado por la variedad en los estados de ánimo, pues aunque ríen, se enojan y tratan de aprovechar el tiempo juntos, las despedidas siempre terminan con lágrimas. “Sé que me equivoqué, y a mi esposa le duele y se agüita, pero yo le digo que no llore, que mejor me dé ánimos, porque yo me quedo con el sentimiento de verla triste”.
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