Arte

Publicado el jueves, 19 de septiembre del 2024 a las 03:33
Saltillo, Coah.- Contar historias frente al fuego fue, quizás, el primer pasatiempo del ser humano, este ha ido evolucionando primero a escribir esos relatos y, ahora, a escucharlos en audiolibros y hasta verlos convertidos en imágenes en el cine y la televisión. Pero ahora el streaming ha cambiado las reglas del juego, según apuntaron ayer los guionistas Gibrán Portela y Manuel Alcalá.
Convocados a una mesa de diálogo en la Feria Internacional del Libro de Coahuila, los escritores de obras como la serie Nadie nos Va a Extrañar (Portela, Amazon Prime) o la película Museo (Alcalá, Alonso Ruiz Palacios), respondieron las preguntas de Martha Sánchez-Cobiza, quien moderó la charla que giró en cuanto a la forma en que se trabaja en equipo dentro de las producciones profesionales y el concepto de autoría en estos casos.
Alcalá, comentó que una de las cosas más extrañas de tener un proyecto y producirlo es que “se pasa por un proceso de reescritura muy grande, pero también complicado y hasta doloroso”, esto con referencia a su película Museo, de la que Portela agregó que “tenía escenas muy muy chidas que desaparecieron”, así pues queda constancia de que al presentar una obra así, pasa a ser de alguien más, prácticamente.
En cuanto a Portela, quien ha trabajado en proyectos como Güeros, también de Alonso Ruiz Palacios, y Todas las Pecas del Mundo, de Yibran Asuad, o La Región Salvaje, de Amat Escalante, la charla se volcó sobre su serie más reciente: Nadie nos Va a Extrañar, producida por Amazon Prime, y coescrita con Adriana Pelusi. Una historia de descubrimiento adolescente que acontece en 1994.
El público, conformado en su mayoría por jóvenes estudiantes de cine, preguntaron sobre el proceso de escritura de esta y, especialmente, por los personajes carismáticos de la producción mexicana.
Ante esto Portela señaló que “queríamos que fuera una serie en la que no hubiera buenos ni malos. Siempre están esas ideas del protagonista y el antagonista, en esta no queríamos que fuera así, sino que todos tuvieran sus aspectos. Hay un poco de recuerdos de nuestras épocas en la secundaria y la preparatoria”, apuntó Portela y añadió que también se buscó una especie de inocencia en la serie que, aunque inicia cómica se transforma en un intenso drama, “por eso queríamos que los personajes fueran ñoños más que otra cosa y que vendieran tareas y no drogas. (Adriana Pelusi y yo) pelamos mucho porque eso se mantuviera así”, explicó.
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