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| Mercedes Ruiz hizo gala de su maestría dancística del flamenco en compañía del guitarrista español. 

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Tiene Festival de Guitarra cierre con acento andaluz; concluye edición 29

  Por Aurelio Pérez

Publicado el lunes, 14 de julio del 2025 a las 04:04


Disfrutan saltillenses de la virtuosa ejecución de Santiago Lara junto a la OFDC

Saltillo, Coah.- Tras una semana vibrante, en la que guitarras provenientes de múltiples geografías tejieron un tapiz sonoro plural y apasionante, el pasado sábado concluyó la vigésima novena edición del Festival Internacional de Guitarra de México. Lo hizo con un cierre memorable: un viaje al alma del flamenco, guiado por el virtuosismo del guitarrista español Santiago Lara y la intensa expresividad de la bailaora Mercedes Ruiz.

Aunque la velada comenzó con casi media hora de retraso, el tiempo pareció detenerse una vez que se alzó el telón del Teatro de la Ciudad Fernando Soler. Lo que siguió fue un festín artístico que colmó de emoción al público y lo despidió con una sonrisa cómplice y agradecida.

Bajo la dirección del maestro Martín Madrigal, el festival regaló una clausura que fue más que un concierto: fue un acto de comunión entre la técnica y la pasión, entre la raíz y la renovación. Santiago Lara –reconocido como uno de los grandes exponentes actuales de la guitarra flamenca, galardonado dos veces con el prestigioso Giraldillo de la Bienal de Sevilla– demostró por qué su arte es celebrado dentro y fuera de España. A su lado, Mercedes Ruiz, bailaora de estatura internacional, desplegó una presencia escénica poderosa, tallada a pulso con premios como el Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y el de la Bienal de Sevilla.

La primera parte del programa, titulada Dual, fue un ejercicio de intimidad, pureza y complicidad. Sólo guitarra y baile. Sólo duende. La música y la danza se enlazaron en un diálogo profundo, a ratos sereno, a ratos volcánico, pero siempre lleno de verdad. La tradición flamenca, en sus distintas formas, fue evocada no como reliquia, sino como materia viva: evolucionada, reinterpretada, sentida.

Entre las piezas que integraron esta primera mitad del espectáculo estuvieron Maestro Eterno (dedicada a Paco de Lucía, en forma de soleá), Rondeña, Seguiriya, Maestría (en honor a Manolo Sanlúcar), Punta y Tacón (farruca), una fusión sorprendente del Adagio de Albinoni con una Malagueña, y una vivaz despedida por bulerías con Llegando a Jerez.

Fue en la Seguiriya –ese cante hondo, visceral, cargado de luto y memoria– donde Mercedes Ruiz estremeció al público. Sus movimientos, contenidos y al mismo tiempo incendiarios, su uso de las castañuelas, el mantón de Manila que ondeó como una extensión del alma, transformaron el escenario en un espacio de catarsis colectiva. Cada zapateado, cada pausa, cada giro suyo fue ovacionado con generosidad y emoción.

La segunda parte de la noche ofreció una obra distinta pero igualmente vibrante: el Concierto No. 1 para Guitarra Española y Orquesta, ambicioso debut sinfónico de Santiago Lara. Acompañado por la Orquesta Filarmónica del Desierto bajo la dirección de Natanael Espinoza, el compositor llevó su lenguaje flamenco al terreno sinfónico, sin perder ni un gramo de autenticidad.

Dividida en tres movimientos –Libremente / Allegro, Adagio I / Rubato / Adagio II y Allegro–, la obra se nutre del neoclasicismo español, el jazz, y por supuesto, del pulso flamenco. La guitarra, protagonista indiscutible, se enreda con las cuerdas, dialoga con los metales, escucha al cajón, responde a las percusiones, y en ese ir y venir construye una narrativa sonora rica, evocadora, moderna pero profundamente arraigada.

Así, entre la luz dorada del compás flamenco y la vibración orquestal de un lenguaje nuevo, se cerró una edición más del Festival Internacional de Guitarra de México. Una noche en que el arte no entendió de horarios ni de fronteras. Sólo de entrega, belleza… y música.

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